Esquizofrenia: La mente escindida
Los constantes avances en el tratamiento del
cáncer y del SIDA hacen que, a veces, reparemos menos en otras investigaciones no menos
interesantes. En estos momentos estamos a punto de ver la aparición de una serie de
terapéuticas orientadas a mejorar las condiciones de vida de quienes sufren demencia:
demencias seniles, tipo Alzheimer, y lo que durante un tiempo se llamó "demencia
precoz" por su aparición frecuente en la edad juvenil. Nos referimos a la
esquizofrenia.
La palabra esquizofrenia viene de unas palabras griegas que significan
"mente escindida". Es muy probable que, bajo el nombre genérico de
esquizofrenia, estemos agrupando enfermedades mentales distintas. Pero en todas ellas la
"mente escindida" es una característica común.
Las esquizofrenias tienen dos tipos de manifestaciones distintas:
Solamente la conjunción de síntomas positivos y negativos, en una
duración superior a los seis meses, permite orientar el diagnóstico de esquizofrenia.
La evolución del proceso parece ser independiente de los esfuerzos de
los familiares, de los médicos, psicólogos, asistentes sociales y personal de
enfermería psiquiátrica. Unos casos evolucionan hacia una compensación más o menos
compatible con una vida normal, otros hacia una especie de vida "semivegetal", y
otros, en fin, hacia una dinámica creciente de conflictos, agresiones, autoagresiones y
desastres.
Bien es verdad que los casos mal tratados evolucionan claramente peor.
Pero nada nos garantiza que un paciente sometido a los más rigurosos tratamientos,
médicos, psicológicos y sociales, evolucione de forma óptima. Lo más complicado, hasta
ahora, es el tratamiento de los "síntomas negativos". Todavía no sabemos todo
lo necesario acerca de la bioquímica cerebral en la esquizofrenia, pero disponemos de
muchos medicamentos, llamados "antipsicóticos" o "neurolépticos" que
permiten suavizar, o incluso eliminar, las alucinaciones y los delirios. Pero son pocos
los que tienen algún efecto sobre la inhibición, los bloqueos, la incapacidad para
sentir afecto, para razonar o para hacer una vida laboral normal.
El más clásico de los fármacos con efecto sobre síntomas negativos
es la clozapina (Leponex®), descubierto en 1954. Como efecto secundario se han descrito
casos de disminución grave de glóbulos blancos, con efecto nefasto sobre las defensas
del organismo. Ello hace que sea un fármaco sometido a condiciones especiales de uso,
controles mediante análisis de sangre, etc. A finales de la década de los 80 apareció
la risperidona (Risperdal®).
En 1996 apareció la olanzapina (Zyprexa®) con excelentes efectos
sobre síntomas positivos y negativos, semejantes a los de la clozapina, pero sin los
riesgos de ésta.
Los medicamentos no son la panacea para la
esquizofrenia, pero permiten contener una gran cantidad de síntomas. Las acciones de tipo
psicológico y psicosocial, hospitales de día, grupos de laborterapia, etc. son el
complemento imprescindible para permitir que la mayor parte de los pacientes lleven una
vida lo más autónoma posible y lo mejor adaptada posible al entorno en el que se
desenvuelven.