La hipnosis y, en
consecuencia, la autohipnosis, constituye un complemento eficaz en
el tratamiento de una gran diversidad de problemas. Exponemos los
más experimentados.
Es mi aplicación
favorita. En este caso empleamos la hipnosis para “grabar”
conocimientos y nuevas actitudes que permitan al sujeto enfrentarse
mejor a los problemas que la vida proporciona.
Tomemos un ejemplo: Si
una persona cree que es muy importante conseguir la aprobación y el
aprecio de quienes le rodean, se siente mal cuando cree que no lo
consigue. Puede incluso actuar de forma forzada, buscando que
“todos le quieran”, aunque para ello deba renunciar a su propia
manera de ser, o deba hacer concesiones que, en el fondo, le
frustran.
Lo que nos afecta no son
los hechos, sino la visión que tenemos de ellos. Y la visión que
tenemos de los hechos depende, en gran medida, de “cómo hemos
aprendido a ver los hechos”. Una “idea errónea” como la expuesta
(“Debo agradar a todo el mundo”) hace que veamos a los demás como
jueces a quienes tenemos que agradar por encima de todo, lo que nos
supedita constantemente a las opiniones de otras personas.
En otras palabras, las
“ideas erróneas” hacen que “veamos la realidad” de forma deformada.
Si la idea errónea es “Mejor evitar los problemas que afrontarlos”,
la persona se pasa el tiempo cerrando los ojos ante los problemas, y
soslayándolos en lugar de tratar de resolverlos. A la larga, acaba
por no saber qué hacer ante ningún tipo de problema, y, lo que es
peor, se siente cada vez más incapaz. Le falta “entrenamiento” en el
hábito de afrontar la realidad.
En estos casos, la
técnica hipnótica puede ser de gran ayuda. Para cada “idea errónea”
grabamos instrucciones racionales que pasarán a formar parte de los
esquemas mentales del sujeto. El estado de relajación hipnótica
supone una “superconcentración” que permite aprender las cosas con
gran facilidad. Si las ideas son simples, racionales y claras, se
“insertan” en la mente de quien las practica y, en poco tiempo,
pasan a formar parte del “pensamiento automático”. Llamamos
pensamiento automático al pensamiento que, constantemente, estamos
produciendo, aún cuando no nos damos cuenta. Es una especie de
“diálogo interior” que mantenemos con nosotros mismos, casi
inconsciente, pero que comporta constantes “instrucciones” acerca
de cómo actuar y acerca de qué valores debemos asumir.
Si quieres practicar con
algún “pensamiento erróneo”, te ofrezco una lista de los más
habituales, y, para cada uno de ellos, los “mensajes racionales” que
debes grabar en tu cinta de autohipnosis tras las instrucciones para
inducir la relajación hipnótica. En el cupón que adjuntamos a este
libro hallarás la lista de cintas que tenemos ya grabadas, por si
quieres solicitar alguna concreta para tu uso.
1.1.1.1
Ideas erróneas más habituales
1.
Necesidad de aprobación. Ya la hemos comentado. La idea
errónea es que el sujeto cree que debe, inexorablemente, conseguir
el aprecio, la aprobación o el afecto de quienes le rodean. Como
todas las ideas erróneas se apoya en algo que es cierto: es bueno
conseguir aprobación... pero es imposible conseguirla siempre.
2.
Necesidad de perfección. Creer que uno debe ser
irremisiblemente perfecto. Que no tiene derecho a equivocarse. Que
el error nos debe hacer sentir culpables. El perfeccionista
patológico va dejando de hacer las cosas que no puede hacer a la
perfección, con lo que cada vez va haciendo menos y está dispuesto a
aceptar menos responsabilidades. Suele ser muy molesto para los
demás, si exige también perfección suprema a quienes le rodean.
3.
Hay que buscar a los culpables; su castigo resuelve el
problema. Pero, desgraciadamente, es más importante la prevención
que el castigo. Por otra parte, quien siempre busca “culpables”,
tiende a desechar su propia responsabilidad.
4.
Las cosas deberían ser como necesitamos que sean. “Mi vida
sería maravillosa si las cosas fueran como yo quiero”. Pero la
realidad es distinta: las cosas son como son y no necesariamente
como nos gustaría que fuesen.
5.
Los acontecimientos externos son la causa de nuestros males.
Recordemos el mensaje básico: lo que nos afecta no son los hechos,
sino la manera que tenemos de afrontarlos. Los acontecimientos
externos son como son. Nosotros tenemos que aprender a afrontarlos
de la mejor manera posible.
6.
Es normal sentir ansiedad. Hay personas que están tan
acostumbradas a ser “sufridores”, que creen que lo normal, o incluso
lo deseable, es sufrir por todo y por todos.
7.
Es mejor evitar los problemas que no afrontarlos. No es
verdad. La vida nos depara constantemente situaciones problemáticas,
y hemos de aprender a afrontarlas. Otra cosa es prevenir problemas.
Pero, cuando aparecen, no hay más remedio que pechar con ellos y
resolverlos de la mejor manera posible.
8.
Necesitamos ayuda. Hay personas que se sienten enteramente
desvalidas cuando deben actuar por su cuenta, afrontar
responsabilidades o tomar decisiones. Nunca va mal tener un apoyo...
pero es imprescindible que perfeccionemos nuestra autonomía para
obrar por nuestra cuenta. No siempre nos será posible contar con la
ayuda que deseamos.
9.
El pasado nos determina. hay personas “marcadas” por su
pasado. Bien es verdad que algunos sucesos pueden resultar altamente
condicionantes (por ejemplo, haber nacido con un defecto genético),
pero eso no “determina” la vida en sentido estricto. Cada persona
puede evolucionar. El pasado no es sino algo que ya ha sucedido. No
podemos volver atrás a cambiar nada. debemos afrontar el presente, y
mirar de progresar día a día sin caer en la trampa de la pasividad
que supone decir: “Soy así. Nada puedo hacer”.
10.
La felicidad aumenta con la pasividad. Hay personas cuya
manera de reposar es “no hacer absolutamente nada”. Sí que hay
momentos de la vida en que puede ser grato tomarnos este tipo de
descanso. Pero quien no tenga otras alternativas... tendrá una vida
muy poco enriquecedora. Y una jubilación dramática.
11.
No tenemos control sobre nada. Hay quien cree que, en este
mundo, somos seres pasivos e impotentes, que nada podemos hacer para
cambiar el curso de nuestras vidas. Ello les lleva a una pasividad
insoportable, que comporta, a la larga, sentimientos de frustración
y depresión.
12.
Somos frágiles y debemos evitar el sufrimiento a toda costa.
Lo cual lleva a quienes tengan esta idea errónea a evitar todo
esfuerzo, o a ignorar todo aquello que comporta una dificultad.
Nuevamente la pasividad y la desesperanza son las consecuencias
finales de este tipo de pensamiento irracional.
13.
Las relaciones se basan en el sacrificio. No necesariamente.
Tan bueno es dar como recibir, pues las relaciones deben basarse en
el respeto mutuo. Si en una relación, una de las partes se
“sacrifica” siempre, no es raro que, a la larga, sienta que le han
estado tomando el pelo.
14.
Si no haces lo que proponen los demás, estarás solo. Pero
lo importante es hacer lo que realmente deseamos hacer, o lo que nos
conviene hacer. Por otra parte, la soledad no es necesariamente
negativa. Hay muchas cosas enriquecedoras que podemos hacer sin
compañía. El “miedo a la soledad” es un mal consejero a la hora de
plantear nuestras relaciones con los demás.
15.
Cuando te desaprueban, es que estás errado. No
necesariamente. Tenemos derecho a pensar y obrar “en conciencia”. Si
tenemos la seguridad de actuar de acuerdo a nuestras convicciones,
tenemos derecho a hacerlo.
16.
Existe el amor perfecto y la relación ideal. Pero “nadie es
perfecto”. No existe la “media naranja”. Cada cual tiene sus
virtudes y sus defectos, y, en cualquier relación, hemos de
profundizar para conocer unos y otros, y ver si casan con los
nuestros. Quien espere la “pareja ideal”, puede esperar sentado.
17.
El valor de una persona deriva de cuanto consiga o realice.
Es un pensamiento habitual en tiempos de materialismo. Pero no
olvidemos que un imbécil, aunque gane mucho dinero, sigue siendo un
imbécil.
18.
El enfado es destructivo. No siempre. A veces es lícito
enfadarse (otra cosa sería descargar la ira o la agresividad sobre
los demás). Hay ocasiones en que un enfado nos puede “mover” a
tomar decisiones necesarias.
19.
Es un error anteponer nuestras necesidades. Hay personas que
creen que siempre deben anteponer las necesidades de los demás, y
constantemente se rebajan o posponen. Pero es lícito anteponer
nuestras necesidades cuando ello es necesario para nuestra
autoestima. Con tal de que no ataquemos los derechos de los demás,
es bueno defender los nuestros. Incluso en el Evangelio se dice que
un mandamiento capital es “amar al prójimo como a ti mismo”. Es
decir, que el “amor por uno mismo” es puesto como medida de lo que
debe ser el amor hacia los demás. Quien no sabe respetarse a sí
mismo, ni sabrá respetar a los demás, ni será respetado por ellos.
1.1.1.2
Ideas racionales para “grabar” en nuestro pensamiento
He aquí una serie de
afirmaciones racionales, para las ideas irracionales más relevantes:
1.1.1.2.1
Afirmaciones "anticulpa"
No quiero sentirme
culpable porque no me servirá para nada
No puedo volver atrás en
el tiempo
Hice lo mejor que sabía
en aquel momento
Haré lo necesario para
mejorar día a día
Me perdono por no ser
perfecto/a
Perdono a los demás por
no ser perfectos/as
Tengo valor para decir
"lo siento"
Puedo guiar a mis hijos
sin necesidad de controlarles
No quiero tener
pensamientos autodestructivos
He elegido estar en paz
conmigo, en lugar de sentirme culpable
Viviré el presente en
lugar del pasado
1.1.1.2.2
Obtener aprobación
Obtener aprobación de
todos los que nos rodean es imposible.
Existen muchas formas de
pensar. No es posible coincidir con todas.
Cada cual tiene derecho
a tener su propia opinión.
No podemos gustar a todo
el mundo. Incluso en una elección política, los líderes con mayoría
absoluta suelen obtener menos del 33% de los posibles votos
(contando las abstenciones). Ello significa que solamente les
aprueban 1 de cada 3 personas.
Si queremos expresar
opiniones que gusten a todos, no tenemos más remedio que renunciar a
algunas de nuestras ideas. Tenemos derecho a tener nuestras propias
ideas.
Si hacemos concesiones
para gustar a los demás, dejaremos de tener opiniones propias.
Si para contentar a los
demás y conseguir su beneplácito queremos estar de acuerdo con
ellos, deberemos adaptar nuestra forma de pensar a la forma de
pensar de cada uno de los demás, con lo que estaremos cambiando de
opinión constantemente.
A la larga los demás se
darán cuenta de que no tenemos ideas propias, y, lo que es peor, de
que cambiamos de idea con excesiva frecuencia.
No somos lingotes de oro
que vaya a gustar a todo el mundo. Somos personas, con nuestras
virtudes y defectos. Gustaremos a unos y desagradaremos a otros.
1.1.1.2.3
Perfeccionismo
Los seres humanos no
somos perfectos... al menos en esta vida. La perfección total es
inalcanzable.
Es verdad que debemos
intentar hacer las cosas lo mejor posible, de acuerdo con nuestras
posibilidades reales, pero la perfección completa no está a nuestro
alcance.
Si intentamos hacer las
cosas perfectas, perdemos tiempo y nunca llegamos a estar totalmente
satisfechos.
Dejamos de hacer cosas
si solamente hacemos aquello que creemos hacer perfecto
Limitamos nuestras
posibilidades, incluso de diversión. Imaginemos que solamente
jugásemos al tenis si fuésemos capaces de llegar al nº 1 del mundo.
Ni siquiera el nº 1 es
perfecto. Todo ser humano se equivoca.
Tenemos derecho a
equivocarnos. No debemos hundirnos ante el error.
El fracaso forma parte
de nuestras vidas. Ante el fracaso debemos aceptar su existencia
inevitable, analizar nuestros errores e intentar enmendarlos. Pero
debemos aceptar el fracaso como algo inherente a nuestros actos.
Solamente no se
equivocan quienes nada intentan.
No hay peor error que el
de quien nada intenta.
Debemos educar a
nuestros hijos en la aceptación del fracaso. La posibilidad del
fracaso debe estar entre las "reglas del juego".
1.1.1.2.4
El castigo de los viles asegura nuestra felicidad.
Es cierto que existen
seres viles, pero ello no nos exculpa a nosotros de nada.
Cada uno debe aceptar
sus propias responsabilidades. No podemos echar a los demás, sean
viles o no, la culpa de nuestras desgracias.
Cada uno debe ser dueño
de su vida, de la mejor manera posible.
La existencia de mafias
y traficantes, por ejemplo, no explica por sí sola, la existencia de
drogadictos. Cada uno de nosotros debe procurar, en su casa, el
ambiente necesario para que los chicos no caigan en manos de las
adicciones.
Nuestras escalas de
valores deben ser claras y sólidas. Ello garantizará que las
personas de nuestro entorno, que han aprendido nuestras escalas de
valores, no vayan a caer en manos de quienes tienen escalas de
valores al margen de la ley.
Debemos ser muy
consecuentes con nuestras escalas de valores. Si no lo hacemos así,
damos a quienes nos rodean malas lecciones acerca de cómo respetar
las normas.
Debemos ser rectos con
nuestras escalas de valores. No cambiarlas a nuestro antojo o en
forma relativista. Si se hacen excepciones deben ser muy razonadas y
perfectamente previsibles por los demás.
1.1.1.2.5
Las cosas deberían ser tal y como deseamos
Las cosas son como son,
nos guste o no.
Cuando algo es quiere
decir que ha sido así porque se han dado las circunstancias precisas
para que así fuera. Todo lo que es, es.
No podemos volver atrás
en el tiempo a cambiar nada.
Podemos hacer cosas en
el presente (no en el pasado) y cambiar, en lo posible, las
consecuencias de las cosas, pero las cosas (los hechos que ya han
sido) no es posible cambiarlos.
Los hechos suceden sin
tener en cuenta el concepto de "justicia". La vida no es "justa" en
el sentido que nosotros entendemos cuando decimos "¡no hay
derecho!". La vida no entiende de buenos ni malos. Hay "malos" que
medran, en tanto que los "buenos" mueren. También sucede lo
contrario. En esta vida no es posible alcanzar el concepto de
justicia total.
Si no aceptamos las
cosas tal como son, mal podremos afrontarlas.
La realidad es
inevitable. Podemos cerrar los ojos, o esconder la cabeza, pero la
realidad sigue ahí.
1.1.1.2.6
Los acontecimientos externos son los culpables.
Los acontecimientos
externos no son los culpables de nuestras emociones, sino la forma
como nosotros afrontamos estos acontecimientos.
Nuestra forma de ver el
mundo condiciona lo que nosotros pensamos acerca de las cosas.
Nuestra forma de ver las
cosas depende de nuestra experiencia, de nuestras escalas de
valores, de nuestros estados de ánimo, de nuestros conocimientos...
Todo es según del color
del cristal con que se mira. Una misma situación puede ser juzgada
de formas muy distintas por diferentes personas. Incluso situaciones
aparentemente absolutas, son relativas según quienes las vea (por
ejemplo: si muere un hombre, sus amigos se entristecen, pero sus
enemigos pueden alegrarse).
Hemos de aprender a
afrontar los acontecimientos. Cuanto mayor sea nuestra capacidad
para afrontar hechos, mejor preparados estaremos `para actuar
siempre de acuerdo con lo posible.
Hay veces que la única
respuesta adecuada es la resignación. No podemos luchar contra las
cosas que no tienen solución. La solución, en estos casos, es
aceptar que no hay solución a nuestro gusto.
1.1.1.2.7
Es normal sentir ansiedad.
Si acepto que es normal
sentir ansiedad, sentiré ansiedad.
La ansiedad depende de
lo que yo pienso acerca de los hechos. Si en mi diálogo interior me
digo cosas que me van a hacer sentir ansiedad, sentiré ansiedad.
Soy yo quien elige la
ansiedad. Si aprendo a pensar de forma sensata y racional, no tendré
por qué sentir ansiedad.
Sustituiré la "ansiedad"
por la "preocupación". No permitiré que la ansiedad me bloquee.
No quiero tener
ansiedad. No me va a servir para nada.
Cuando siento ansiedad
me bloqueo. Mi corazón se acelera, mis manos tiemblan, mi mente se
dispara, sudo, se me hace un nudo en el estómago, se me saca la
boca... todo ello no me sirve para nada.
Cuánto más tranquilo
esté, mejor afrontaré los obstáculos, aún aquéllos que parecen muy
difíciles.
1.1.1.2.8
Es mejor soslayar los problemas que afrontarlos
Si soslayo o eludo los
obstáculos, en lugar de hacerles frente, en el fondo elijo la
solución más cómoda, más pasiva... pero menos eficaz.
Por más que lo ignore,
sigue ahí.
No me entreno a resolver
problemas ni a afrontarlos.
No resuelvo nada, con lo
que, a la larga, perderé autoestima y creeré de mi que no soy capaz
de hacer nada positivo.
La conducta neurótica
por excelencia es la comodidad de no hacer nada. Es necesario
aprender a afrontar la realidad, los obstáculos, los problemas... y
buscar la mejor manera de actuar ante ellos.
Resolver los problemas
quiere decir, simplemente, decidir cuál es la mejor solución
posible, de acuerdo con la realidad. Aprender a afrontar problemas
es una forma más de aceptar la realidad.
1.1.1.2.9
Es necesario contar con la ayuda de algo o alguien más fuerte
que nosotros
No es malo contar con la
ayuda de algo o alguien más fuerte... siempre que ello no nos
bloquee cuando estamos solos.
No siempre es posible
contar con ayuda.
Debemos aceptar nuestras
responsabilidades en lugar de cargarlas a otras personas.
Si siempre buscamos
ayuda o apoyo, no ganamos autoestima. La mejor forma de obtener
autovaloración es estar de acuerdo con lo que nosotros hacemos o
pensamos, sin tener que recurrir a los demás.
No siempre la ayuda será
la más eficaz. Buscar apoyo en los demás es una forma de
dependencia. Las personas dependientes son las que, con mayor
facilidad, caen en dependencias inadecuadas (sectas, drogas...)
"A Dios rogando y con el
mazo dando". Ni siquiera una fe sobrenatural nos garantiza la
pasividad total en nuestra vida. Obra mal quien se encomienda... y a
partir de aquí se deja ir. Ni el apoyo de una fe sobrenatural nos
exime de nuestras obligaciones.
1.1.1.2.10
El pasado nos determina
El pasado puede
condicionarnos, más o menos, pero no nos determina en forma absoluta
más que en contadas ocasiones (por ejemplo: una enfermedad
genética), y aún así, hay muchas maneras de abordar cualquier
situación, en el presente.
Haya pasado lo que haya
pasado, lo que nos queda por vivir empieza ahora.
Lo único que vivimos es
el presente. Un perpetuo presente que fluye constantemente a lo
largo de nuestras vidas.
Debemos aprender a vivir
el presente. Es lo único que realmente tenemos.
No podemos volver al
pasado ni avanzar hacia el futuro. El presente es lo único que nos
sirve.
Nuestra forma de
afrontar el mundo es la que condiciona nuestra manera de actuar. Hay
miles de formas de actuar. El pasado nos condiciona, en parte, pero
la elección de una u otra forma de actuar depende de nosotros,
ahora.
Si aceptamos la
determinación por el pasado, o cualquier otra determinación, caemos
en la trampa de la comodidad neurótica: "Yo qué voy a hacer, si todo
está escrito".
1.1.1.2.11
El ocio es la mejor forma de vida
El ocio total es la
máxima comodidad neurótica. No hacer nada. No pensar nada. No actuar
ante nada. No prever nada...
El descanso es
necesario, pero no debo confundirlo con el ocio total. Incluso
cuando descanso, estoy haciendo algo positivo.
El ocio total debe
entenderse como una total dejación de responsabilidades.
Los periodos de descanso
son necesarios, especialmente si los dedicamos a relajarnos
activamente, cultivar aficiones, relacionarnos con los demás...
No debo aspirar al ocio
total, ni pensar que es la mejor manera de vivir, porque entonces
estaré perpetuamente disgustado con mi forma de vida.
La vida no es una
fiesta. No hemos venido aquí a pasarlo bien en todo momento. Nos
pasan cosas buenas y malas. Tenemos aciertos y errores. Si pensara
que lo ideal sería que no pasara nada, que todo estuviera resuelto y
que no tuviera que luchar por nada ni sentir dolor, estaría pensando
en otra vida, no en esta...
1.1.1.2.12
No tenemos control sobre nada
Si acepto que no tengo
control sobre nada, caigo en la máxima comodidad neurótica: resulta
que no tengo que hacer nada sino esperar acontecimientos.
Las cosas son como son,
pero la forma de actuar mía soy yo quien la tiene que decidir.
Tengo control sobre mí
mismo a través de mi manera de pensar. Puedo decidir cuál es mi
manera de pensar.
Ello no me garantiza la
total libertad de acción, pero sí la total libertad de pensamiento.
En sociedades normales,
democráticas, la libertad de pensamiento me permitirá una gran
libertad de acción.
Soy yo quien decide,
quien escoge mis reglas y mis límites.
Mis derechos solamente
deben acabar donde empiezan los de los demás.
Tengo derecho a decidir,
a obrar en conciencia, a equivocarme. Si me niego estos derechos,
viviré más pasivo (con comodidad neurótica), pero no más feliz.
1.1.1.2.13
No debemos sufrir ni hacer sufrir a los demás
El sufrimiento forma
parte de la naturaleza humana. Nada es totalmente bueno ni
maravilloso. Siempre algo va a salir en desacuerdo a nuestras
esperanzas o deseos.
Si intentamos evitar el
sufrimiento, a toda costa, deberemos hacer concesiones. Por ejemplo:
no es posible aprobar exámenes sin esfuerzo, ni culminar todos los
trabajos.
Si acepto el esfuerzo
conseguiré más cosas. No siempre lograré todo lo que deseo, pero a
base de sufrimiento podré culminar cosas que me harán sentir
satisfecho conmigo mismo.
No es posible tomar
decisiones a gusto de todo el mundo. A veces nuestras decisiones
harán sufrir a alguien. Cualquier decisión comporta un riesgo que
debo aceptar y asumir.
Casi todo lo que deseo
parece privar o dañar a alguien. Si intento anular esta realidad,
acabaré por no comunicar sentimientos importantes o por no disfrutar
de lo bueno, por temor de hacer daño.
1.1.1.2.14
Las relaciones se basan en el sacrificio
No es mejor dar que
recibir. Son las dos caras de una misma moneda.
Las mejores relaciones
son las que se basan en el respeto mutuo, en la aceptación de los
derechos de cada uno.
El que cree que no debe
pedir nada, en el fondo espera que los demás se darán cuenta de sus
necesidades y las satisfarán. Pero la realidad es que los demás se
acostumbran a no dar nada a la persona que nada pide.
Los demás nos tratan tal
y como les enseñamos a tratarnos. Si les acostumbramos a pensar en
nosotros como figuras abnegadas, sacrificadas, que todo dan y nada
reclaman, nos tratarán como tales. Si nada pedimos, creen que nada
necesitamos.
A la larga, puede llegar
el momento en que quien siempre da, cae en la cuenta de que los
demás "pasan" de él.
A veces, si un día no se
sacrifica como de costumbre, se lo recriminan.
Debemos acostumbrarnos a
vivir la vida en forma transaccional. Respetamos, y nos respetan.
Damos, y recibimos. Ofrecemos, y pedimos.
La recompensa, ahora.
1.1.1.2.15
Existe el amor perfecto y/o la relación ideal
Nada ni nadie es
perfecto. Una broma de Jardiel Poncela: "Hoy en día no existen
virtuosas ni entre las violinistas".
Si buscamos el amor
perfecto o la relación ideal, lo más probable es que busquemos
sucesivas relaciones porque ninguna nos satisface plenamente y
siempre estaremos esperando la "media naranja" ideal.
Las parejas "perfectas"
son aquellas que se respetan y que aceptan las limitaciones del
otro.
Cada uno tiene defectos
y virtudes.
Si acepto vivir en
pareja, debo aceptar a otro tal como es, con sus virtudes y sus
defectos. La otra parte, a su vez, debe obrar de igual forma
conmigo.
La relación de pareja es
un "contrato" generalmente no escrito, ni siquiera explícito. Cada
uno espera cosas, pero no siempre las explica claramente. Es
necesario poner sobre la mesa las expectativas para evitar
sorpresas.
1.1.1.2.16
Estar solo es algo horrible
La soledad, por sí
misma, no es horrible.
Si nos repetimos que nos
asusta la soledad, acabaremos haciendo estupideces para no estar
solos.
A veces la soledad es
necesaria. Tenemos derecho a estar solos si así nos apetece.
El que tiene miedo
irracional a estar solo, en el fondo, es que busca algún tipo de
dependencia. Bien es verdad que a veces estaremos mejor acompañados,
pero no podemos caer en la trampa de "necesitar" estar acompañados,
porque no depende únicamente de nosotros solos. Si necesito algo que
no depende por entero de mi, estoy colocándome en situación de
subordinación o de ansiedad.
La soledad puede ser
productiva y, a veces, deseable. Hemos de aprender a ocupar la
soledad de forma que podamos sentirnos igualmente felices cuando
tenemos compañía que cuando no tenemos.
1.1.1.2.17
El valor de una persona depende de lo que obtenga
El valor del ser humano
depende del mismo hecho de ser humano.
Si supeditamos el valor
a la capacidad de lograr, obtener, realizar... estaremos condenando
de antemano a los disminuidos, a los menos inteligentes, a los menos
capaces.
Alguien puede tener
grandes logros, pero ser una mala persona, o un pervertido... la
obtención de logros es significativa en cuanto a sí misma, pero no
garantiza que la persona tenga un mayor valor global.
Un imbécil con dinero...
sigue siendo un imbécil.
1.1.1.2.18
Mejorar la autoestima
Tengo valía porque lucho
por sobrevivir.
Tengo necesidades
legítimas. Está bien satisfacer mis necesidades.
Soy responsable de mi
vida. Acepto las consecuencias de mis actos.
Siempre hago lo que me
parece mejor en cada momento.
"Errores" es una palabra
que utilizo después.
Tengo derecho a cometer
errores.
Estoy ampliando mis
conocimientos para tomar mejores decisiones.
En el momento de elegir
hago lo que mi conocimiento me permite.
Es absurdo criticar las
acciones de los demás; también ellos hacen lo que les permite su
conocimiento.
Mi tarea básica es
extender el conocimiento, el propio y el de quienes quiero.
Nadie vale más o menos
que yo.
Puedo aprender de mis
errores, sin culpa ni ansiedad.
El conocimiento de cada
cual es diferente.
Cuando no estoy seguro
de qué hacer, debo analizar las consecuencias.
Puedo inventar nuevas
formas de satisfacer una necesidad y elegir sensatamente la mejor
opción.
Top
La hipnosis y la
autohipnosis se han mostrado como un excelente método de ayuda para
ayudar a los pacientes a controlar una serie de hábitos dañinos o
molestos. Veamos su utilidad en varios de esos hábitos, y las
distintas estrategias que pueden aplicarse en ellos:
1.1.2.1
Dejar de fumar
La dependencia de la
nicotina, junto con la del alcohol, es la drogadicción más extendida
en el mundo. La nicotina es una sustancia estimulante,
espantosamente tóxica, pero a la que resulta fácil habituarse, así
como desarrollar resistencia ante ella. Me explico: en un paquete de
tabaco hay nicotina suficiente para matar a un “novato”. Si alguien
que nunca ha fumado se fumase un paquete entero, tragando el humo
con la fruición de un fumador veterano, como mínimo acabaría en
Urgencias. Pero ¡ay! el fumador veterano desarrolla una tolerancia
considerable hacia el tabaco. Lo se por experiencia. Hace quince
años que no fumo, pero había llegado a consumir tres paquetes al día
(dos de rubio y uno de negro) además de varios puros. Hoy en día,
tras quince años de haber dejado el hábito, siento molestia al
aspirar humo como fumador pasivo y estoy seguro de que marearía si
intentase degustar un habano.
La autohipnosis es un
método complementario adecuado para dejar esta adicción. Proporciona
una especie de relajación ante el nerviosismo provocado por el
abandono del cigarrillo, disminuye la sensación de “recompensa”
provocada por el fumar y sirve para “cambiar” las ideas del fumador
con respecto al tabaco.
De todas formas, no
esperemos milagros. La adicción a la nicotina es la más extendida
entre las habituaciones a drogas psicoactivas, y la tasa de recaídas
en quienes intentan dejar el hábito es del 60 al 75 %, en el primer
año, exactamente igual que con la mayor parte de las drogas
denominadas “mayores” (heroína, cocaína).
Un tratamiento de
deshabituación y abandono del hábito funciona o no, en relación a
las circunstancias que se dan en cada caso:
1.
El estrés ambiental influye desfavorablemente. Es difícil
dejar de fumar si la persona está en situación de estrés.
2.
El apoyo social (por parte de amigos, familiares...) debe ser
incondicional y positivo. Es difícil que alguien deje de fumar si
quienes conviven con él siguen fumando, o si los amigos y
familiares siguen ofreciéndole tabaco.
3.
Debe haber una suficiente información educativa acerca de las
ventajas de dejar el hábito.
4.
La persona debe tener un buen grado de autoconfianza y
seguridad en sus posibilidades.
5.
Las mujeres lo tienen mucho más difícil que los hombres. No
se sabe la causa, pero el porcentaje de recaídas en mujeres
(alrededor del 85 %) es mucho más elevado que el de los hombres.
6.
Debe haber una motivación muy rotunda y sincera para dejar
de fumar. La persona que quiere dejar de fumar debe tenerlo muy
claro.
7.
Los niveles altos de nicotina en sangre (su metabolito en
sangre se llama “cotinina”) dificultan dejar el hábito.
Desgraciadamente, cuánto más cigarrillos se fuman al día, mayor es
el nivel de “cotinina” en sangre y, en consecuencia, mayor es el
grado de adicción.
Las técnicas que se
emplean son de dos tipos:
a)
Dar instrucciones al sujeto acerca de que notará mal sabor
de boca o de que se sentirá físicamente a disgusto mientras lo
inhala. Una instrucción suplementaria puede ser la de permitir fumar
únicamente un cigarrillo coincidiendo con las horas exactas, en
tanto que si se intenta a cualquier otra hora aparecerá el malestar.
Es un método que puede dar resultado en personas muy sugestionables,
pero que crea una cierta dependencia hacia el terapeuta.
b)
Reestructuración del conocimiento. Tal y como recomendábamos
en el caso de “ideas erróneas”. Partimos de la base de que fumar es
dañino, y grabamos el mensaje de que el adicto debe cuidar su cuerpo
del veneno, igual como haría con un niño que fuera a tomar alguna
sustancia nociva. De esta forma centramos el tema en lo que la
persona busca (la salud) más que en aquello contra lo que lucha (el
tabaco).
Las instrucciones de
esta segunda técnica pueden ser las siguientes:
“Grabaremos un mensaje
para que optimes tu voluntad para proteger su salud. Sabemos
perfectamente que fumar es destructivo, especialmente para tu
cuerpo. Fumando, entramos en nuestros pulmones una gran cantidad de
alquitranes destructivos, muchos de los cuales son cancerígenos.
Entramos también la nicotina, que es la droga productora de
“placer”. La nicotina, aunque no lo percibas exactamente, tiene un
efecto revitalizante y tranquilizador. Cuando llevas tiempo sin
fumar conoces perfectamente el bienestar que recibes al inhalar el
primer cigarrillo. La nicotina es la responsable de la adicción, y
la que, a la larga, provoca el otro daño que es el de las arterias y
del corazón.
A partir de ahora vas a
proteger tu cuerpo de estas sustancias dañinas. Pondrás en la
balanza el placer de fumar y las ventajas para tu cuerpo, y no te
vas a hacer trampa. Quieres proteger tu cuerpo. Defender tu vida. Tu
calidad de vida. Tus pulmones. Tu corazón. Demasiadas agresiones
sufrimos por la contaminación ambiental, como para que juguemos con
fuego al introducir humo extremadamente polucionante en nuestro
cuerpo, y en el ambiente que respiran las demás personas.
Defenderemos también nuestra economía. Colocarás en una hucha lo que
gastarías en tabaco, y, en pocos meses, te harás un regalo estupendo
como premio por haber defendido tu cuerpo.
Cuando fumas, te estás
proporcionando un placer. Un premio. Pero, a partir de ahora,
cambiarás tu concepto de premio. Decidirás que el mejor premio es el
que te das en el momento en que renuncias a encender un cigarrillo.
Te das el premio de respetar tu cuerpo, de cuidarlo, igual que
harías con un niño al que vieras en situación de peligro. Tu cuerpo
es tu don más preciado. Tu salud es el valor más importante. Quieres
proteger tu cuerpo y tu salud, y vas a empezar ahora.
En el momento en que vas
a tomar un cigarrillo has de decirte: No voy a engañarme. El mejor
placer es el de cuidar mi salud. Mi bolsillo. Mi ambiente. Este va a
ser mi premio.
Bien es verdad que, en
alguna ocasión, puedo sucumbir a la tentación. Pero no me dejaré
vencer si esto sucede. La diferencia entre un hombre y un cerdo es
que, si caen en un charco de porquería, el hombre hace por salir; el
cerdo se revuelca en ella. Si algún día consumo, inmediatamente
volveré a decirme que lo que debo hacer es proteger mi cuerpo, y
proporcionarme el mejor de los premios: cuidar mi salud, mi aliento,
mis dientes... y mis pulmones y arterias.”
Es pertinente combinar
este método con cualquier otro: acupuntura, chicles de nicotina,
parches de nicotina... En estos casos, debe haber un profesional de
la medicina que oriente el proceso, indicando las dosis de nicotina
que se deben emplear y la forma de disminuirlas progresivamente
hasta cesarlas por completo.
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1.1.2.2
Control del peso
La autohipnosis puede
emplearse en el control del peso, combinado con un plan dietético
adecuado y con un plan de ejercicio. En esta misma colección podéis
consultar el minimanual “Control del peso” del Dr. José Rumbau.
Cuando empleamos la
autohipnosis, al igual que en el tabaquismo, podemos seguir dos
métodos:
Crear en la persona una
“aversión artificial” a según qué comidas. La técnica consiste en
visualizar alguna escena muy desagradable, cuya percepción genere
asco y náusea. Por ejemplo: visualizar que se está en una bañera
llena de vómito en el que nadan cucarachas, y que uno se hunde cada
vez más en ella mientras el apestoso material y los asquerosos
bichos van entrando en su boca y son deglutidos hacia el estómago...
Creedme si os digo que,
en estado hipnótico, esta visualización provoca náuseas físicas y
contracciones gástricas precursoras del vómito.
Tal visualización se
“asocia” a una palabra clave. Por ejemplo: “vómito”. Cuando la
persona ha entrenado esto veinte o treinta veces, nada más pensar en
la palabra “vómito” se imagina la situación y siente asco
invencible.
Se le recomienda,
entonces, que cada vez que vaya a comer algo indebido se diga
“vómito”. El asco superará las ganas de comer.
Esta técnica no es la
más recomendable, por lo mismo que antes decíamos: excesiva
dependencia del terapeuta, necesidad de reforzar las “grabaciones”
constantemente y por la sensación de “castigo” que provoca.
La segunda técnica es la
misma que empleábamos con el tabaco: proteger al cuerpo. Cargar el
acento en que el premio no es la comida, sino el placer que vas a
sentir al reforzar tu voluntad y cuidar tu salud.
El mensaje sería más o
menos como sigue:
“Grabaremos un mensaje
para que optimes tu voluntad para proteger su salud. Sabemos
perfectamente que comer en exceso es destructivo, especialmente para
tu cuerpo. Comer en exceso significa incrementar tu peso, afear tu
figura, elevar tu colesterol y aumentar el riesgo de enfermedades.
Mantener tu peso ideal, en cambio, cuida tu salud, al tiempo que te
da la satisfacción de mejorar tu autoestima. Controlando nuestro
peso nos sentimos más satisfechos con nosotros mismos.
Cuando comemos en
exceso, es porque, sin tenerlo del todo claro, nos estamos dando un
“premio”. Nos proporcionamos el placer de comer aquello que nos
gusta... que casi siempre es lo que peor nos sienta para el control
del pesa.
A partir de ahora vas a
proteger tu cuerpo de esta agresión. Pondrás en la balanza el placer
de comer en exceso y las ventajas para tu cuerpo, y no te vas a
hacer trampa. Quieres proteger tu cuerpo. Defender tu vida. Tu
calidad de vida. Tus autoimagen. Tu corazón. Demasiadas agresiones
sufrimos por la contaminación ambiental, como para que juguemos con
fuego al introducir excesos de grasas e hidratos de carbono en
nuestro cuerpo.
Cuando comes en exceso,
te estás proporcionando un placer. Un premio. Pero, a partir de
ahora, cambiarás tu concepto de premio. Decidirás que el mejor
premio es el que te das en el momento en que renuncias comer en
exceso. Te das el premio de respetar tu cuerpo, de cuidarlo, igual
que harías con un niño al que vieras en situación de peligro. Tu
cuerpo es tu don más preciado. Tu salud es el valor más importante.
Quieres proteger tu cuerpo y tu salud, y vas a empezar ahora.
En el momento en que vas
a comer en exceso has de decirte: No voy a engañarme. El mejor
placer es el de cuidar mi salud. Mi imagen. Mi autoestima. Este va
a ser mi premio.
Bien es verdad que, en
alguna ocasión, puedo sucumbir a la tentación. Pero no me dejaré
vencer si esto sucede. La diferencia entre un hombre y un cerdo es
que, si caen en un charco de porquería, el hombre hace por salir; el
cerdo se revuelca en ella. Si algún día como en exceso,
inmediatamente volveré a decirme que lo que debo hacer es proteger
mi cuerpo, y proporcionarme el mejor de los premios: cuidar mi
salud, mi apariencia y la confianza que tengo en mí mismo.”
Los planes de dieta y
ejercicio son los habituales en estos casos. Nuevamente nos
referimos al minimanual acerca de “Control del peso” editado en esta
misma colección.
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1.1.2.3
Tics
La autohipnosis puede
emplearse en el tratamiento de los tics, aunque siempre en
combinación con otras técnicas. Los tics son movimientos
involuntarios, y prácticamente inconscientes, que afectan a uno o
varios músculos del cuerpo. A veces son ruidosos (tics fonatorios)
consistentes en carraspear, inspirar por la nariz o chasquear la
lengua. En ocasiones son combinaciones amplias de todo esto que
venimos diciendo.
En cualquier caso de
tics debe intervenir un médico neurólogo, que va a diagnosticar el
tipo y la gravedad de cada uno de los distintos tipos de tics. En
principio hay tres tipos de tic:
1.
Tics transitorios. Son los más benignos. Afectan a uno o dos
músculos, varían de una temporada a otra, aparecen y desaparecen
espontáneamente.
2.
Enfermedad de los tics (o enfermedad de “Gilles de La
Tourette”). Toma su nombre del neurólogo francés que la describió
por primera vez. Los tics son constantes, incoercibles, afectan a
muchos grupos musculares, aumentan cuando el sujeto está solo y se
acompañan de la emisión de ruidos y de palabras en forma compulsiva.
3.
Tics motores crónicos. Estarían entre los dos grados
anteriores. Más que un tic transitorio, pero sin llegar a la
gravedad y espectacularidad de la enfermedad de Gilles de La
Tourette.
Los dos últimos tienen
un origen orgánico (un fallo en los centros cerebrales de control
del movimiento, algo así como lo que sucede en la enfermedad de
Parkinson) y requieren un enfoque médico.
Los tics transitorios,
en cambio, pueden tratarse con un enfoque psicológico amplio. Lo
mejor es efectuarlo en la infancia, que es cuando aparecen este tipo
de tics. El tratamiento de los tics transitorios exige, ante todo,
una actitud tranquila por parte de la familia. Los tics son
manifestaciones semivoluntarias y difícilmente controlables, pero
que suelen aumentar en momentos de ansiedad. Si el niño se ve
vigilado, reconvenido, culpado o menospreciado a causa del tic, le
va a aumentar la ansiedad, con lo que aumentarán los tics.
Hacia 1973, N. H.
Azrin, Director del Dpto. de Tratamientos en el Centro de
Desarrollo y Salud Mental Anna, en la localidad de Anna (Illinois)
y profesor en la Univ. de Illinois Meridional, en Carbondale,
describió un método de aprendizaje para el control de hábitos
nerviosos, entre los que incluye los tics junto a tartamudez,
morderse las uñas, arrancarse el pelo, tamborileo, ceceo, rechinar
los dientes, carraspeo, tos nerviosa, bizqueo, parpadeo o
movimientos espasmódicos de los ojos, morderse el interior de la
mejilla y el labio. En conjunto, se trata de una serie de actos
motores, desde los muy simples (ej: parpadeo como tic) hasta los
muy complejos (ej: arrancarse pelos de las cejas, llevarlos a la
boca y triturarlos con los dientes). El tratamiento según el
método de Azrin y Nunn consta de un plan amplio que incluye:
Aprendizaje de una motivación para dejar el hábito; aprender a ser
consciente del hábito; aprender una "reacción de competencia", esto
es: una conducta que sea incompatible con el hábito, para ponerla en
práctica cada vez que la persona detecte el inicio de éste, con lo
que puede pararlo; reconocer la conducta asociada al hábito para
luchar contra él desde su más incipiente manifestación; cobrar
consciencia de las situaciones que tienden al hábito;
adiestramiento en la relajación; búsqueda de apoyos sociales
(amigos, parientes, etc.) que sepan que uno está dejando el
hábito; práctica de las reacciones de competencia, hasta que se
vuelvan automáticas; ensayos simbólicos, imaginando la lucha
contra el hábito en diversidad de situaciones; exhibición de la
mejora, buscando situaciones antes evitadas a causa del hábito
(por ejemplo, ir a ciertos lugares públicos donde antes uno se
avergonzaba de entrar a causa de sus tics); registro, llevando una
gráfica de sus frecuencias y de sus progresos.
En el caso de los tics,
las técnicas de relajación y de autohipnosis se practican
esencialmente con los grupos musculares involucrados en los tics
concretos de cada persona.
Un ejemplo de la
técnica:
a) el niño es
aleccionado a considerar las ventajas que tendrá cuando logre
superar los tics;
b) aprende a detectar
las situaciones que facilitan la producción de tics resumiéndolos
en una lista (ej: nerviosismo, ser el centro de atención,
viajando en autobús, al hablar por teléfono, al escribir una
tarea, etc.);
c) aprende una "reacción
de competencia (ej: contracción, sin movimiento, de los músculos
involucrados en el tic);
d) ensaya intensamente
el control del hábito, estando a solas y en un ambiente
tranquilo;
e) ensaya mentalmente y
prepara su reacción ante las diversas circunstancias en que se
le suele presentar el tic;
f) busca el apoyo
social de sus amigos, maestros, padres, hermanos, etc., pidiéndoles
que le recuerden que está dejando el hábito, y que debe
realizar los ejercicios;
g) exhibe su mejoría
ante los demás, participando en una conversación ante
desconocidos, o solicitando hablar en clase (en general,
actividades que antes evitaba por vergüenza);
h) anota, a diario,
sus progresos, llevando un registro y/o una gráfica de la
frecuencia con que realiza los tics y de las veces en que es
capaz de controlarlos.
La técnica completa de
Azrin y Nunn consta en su obra "Tratamiento de hábitos nerviosos",
traducida al español (Ed. Martínez Roca, Barcelona, 1987). Es una
excelente metodología que aporta una hábil solución para una
serie de conductas, aparentemente inofensivas, pero que son
causa de ansiedad en muchos niños... y en no menos padres.
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1.1.2.4
Tartamudeo
El tartamudeo consiste
en la repetición o prolongación frecuente de los sonidos, o de
las sílabas. Perturba notablemente la fluidez del lenguaje. Puede
haber problemas en la emisión de cualquier fonema, pero es más
frecuente que aparezcan mayormente al iniciar fonemas "explosivos"
(/b/, /p/, etc.) Es normal que el tartamudeo sea más evidente
cuando el niño se halla sometido a una situación en que se siente
evaluado, o con la "necesidad" de hablar bien. El niño suele
intentar mecanismos de compensación para evitar su aparición, por
ejemplo: iniciar sus frases con una palabra "inocua", acompañar su
verbalización con movimientos, etc.
Es un trastorno de
aparición infantil en la inmensa mayor parte de los casos. Suele
iniciarse en el curso de la instauración del lenguaje. La mayor
parte de los casos son transitorios (hasta un 80 % de
recuperaciones). Alrededor de un 5% de niños han presentado o
presentan algún tipo de tartamudeo, pero solamente el 1% de
adultos siguen con este trastorno.
Son varias los
tratamientos propuestos para el tratamiento del tartamudeo así como
las teorías propuestas para su explicación. El comportamiento de
la persona que tartamudea suele ser muy variado. Muchos tartamudos
no parecen sufrir con su problema. En otros aparecen síntomas
que revelan una ansiedad que puede ser muy discreta o muy
acusada. Otros, en fin, se cierran en el silencio, evitan
las situaciones de conflicto y al final también a la mayoría de
las personas. En estos casos el trastorno sobrepasa el área
del lenguaje para integrarse más en el marco de la psiquiatría.
En general puede decirse
que la tartamudez se incrementa en aquéllas ocasiones en que la
tensión emocional aumenta, especialmente, si aumenta en relación
a la emisión del lenguaje (angustia de anticipación. Se acentúa en
circunstancias que marcan una etapa de adaptación social, o que
ponen en cuestión dicha adaptación. Lo cierto es que el tartamudo
se encuentra expuesto a alteraciones psicológicas que es preciso
someter a un tratamiento, bien para superarlas bien para lograr
un aceptable equilibrio que le permita asumir su problema, como
requisito previo para lograr su superación.
Los tratamientos
combinan diferentes técnicas. La más habitual es la técnica de Azrin
y Nunn, la cual consiste fundamentalmente en la producción de
respuestas incompatibles con la conducta de tartamudeo.
Describimos la técnica al completo en el apartado dedicado a
tics. En el caso del tartamudeo, el sujeto debe ser entrenado
para interrumpir su habla en el momento de tartamudear, para
inspirar profundamente. El programa incluye otros aspectos:
formulación de pensamientos antes de hablar, identificación de
situaciones favorables al tartamudeo, períodos de habla cortos,
ejercicios diarios de respiración, procedimientos de relajación y
autohipnosis, exhibición de las mejoras corregidas y apoyo de los
familiares y personas próximas. El trabajo original de Azrin ha sido
recientemente traducido al español ("Tratamiento de Hábitos
nerviosos: tartamudez, tics, morderse las uñas, arrancarse el
cabello, etc." N.H. Azrin y R. G. Nunn, Ed. Martínez Roca, 1987).
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La autohipnosis puede
ser muy útil en el control de la ansiedad. Como técnica para inducir
la relajación, sirve para aprender a tranquilizarse, para reposar en
situaciones de tensión y para eliminar la tirantez acumulada. En
este sentido, los simples ejercicios de inducción autohipnótica
descritos en el apartado 4.4, son suficientes para aprender a
disminuir la ansiedad.
En el caso de que la
ansiedad esté causada por una acumulación de ideas erróneas
(apartado 5.4.1), la hipnosis se aplicará siguiendo las
instrucciones correspondientes, en lo que se refiere a “grabación de
mensajes”. Cada cuál deberá detectar sus ideas erróneas más
habituales, y construir “mensajes racionales” a partir de los
esquemas que en este minimanual venimos ofreciendo.
Un detalle importante:
las grandes crisis de ansiedad suelen ser causadas por un trastorno
de fondo depresivo, y, en ellas, de nada sirve la aplicación única
de hipnosis. Deben ser evaluadas por el profesional de la
psiquiatría, quien decidirá acerca de su mejor tratamiento.
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Las fobias únicas (por
ejemplo: a las alturas, a los ascensores, a las serpientes...) son
fáciles de tratar mediante la autohipnosis. En cambio, las fobias
múltiples (fobia a salir a la calle y a ir en metro y a ir al cine y
a visitar grandes almacenes y a...) requieren un enfoque más amplio.
Las fobias múltiples, a
menudo, se engloban bajo el concepto de “agorafobia” . Hoy en día
llamamos “agorafobia” al temor a padecer ansiedad extrema en un
lugar de donde sea difícil o embarazoso escapar. Ello incluye
lugares muy dispares: un cine lleno de gente, un túnel en la
carretera, un ascensor...
La “agorafobia” suele
ser también un trastorno de fondo depresivo. A veces la depresión
está tan enmascarada que únicamente un interrogatorio cuidadoso por
parte del profesional llega a ponerla de manifiesto.
La “agorafobia” requiere
una evaluación profunda por parte del psiquiatra, antes de decidir
que técnica, o combinación de técnicas, deben aplicarse.
Las fobias concretas se
pueden tratar con autohipnosis. Veamos un ejemplo concreto: las
instrucciones que damos para personas que “se bloquean” en
situaciones de examen (“fobia a ser evaluado”). Emplearemos las que
aplicamos a un caso concreto: Pili, una de mis pacientes, de 39
años, que había suspendido 6 veces el examen de conducir, y para
quien la sola mención del examen producía un estado de ansiedad (por
cierto, aprobó).
Una vez inducida la
autohipnosis, con algún método que incluya visualización, pasamos al
siguiente mensaje:
“Vas a visualizar ahora
el día de tu próximo examen. Te has levantado por la mañana, has ido
al campo de prácticas, y haces tu última práctica antes del examen.
Te sientas en el coche. Visualiza la situación como sabes hacerlo.
Fíjate en los detalles del coche. El olor que sientes. Los ruidos
del ambiente. La luz. La calle. Los semáforos...
Apoya las manos en el
volante. Comprueba que no lo agarras de forma tensa. Simplemente
apoyas las manos y sostienes levemente el volante. Deja que los
brazos se sientan relajados, con sensación de peso y ligereza.
Comprueba que tu postura sea relajada. Te sientas recostada. Las
piernas sueltas. Sin tensión. Respira profundamente, elimina tensión
con cada respiración.
Inicia la última
práctica antes del examen. Vas a hacer una cosa que te parecerá
insólita, pero que debes hacer: vas a equivocarte dos veces
ex-profeso. Vas a saltarte (un poco) una señal o frenarás un
metro más adelante de lo debido en un semáforo. Elige tu mismo lo
que vas a hacer, pero equivócate, a sabiendas, dos veces. Con ello
ya te habrás enfrentado este día a posibles errores, y no sientes
ansiedad ante ellos.
Cuando vayas a iniciar
el examen real, harás lo mismo. Comprobarás tu postura. Dejarás
relajados tus brazos y piernas. Sostendrás con suavidad el volante.
Inspirarás para la respiración profunda y rememorarás el olor
relajante del paisaje tranquilo. Antes de empezar mirarás al cielo
y, como hablando para ti mismo, dirás en voz baja pero audible:
“estoy supernervioso”. Aunque no lo estés. Con ello ya no tienes que
ocultar nada si te pones nervioso. No esperes respuesta del
examinador. Si te dice algo, lo que sea, respondes “perdón,
gracias”.
A partir de ahí,
respiras, rememoras el olor del paisaje relajante... y dejas que el
examen vaya fluyendo de forma automática, haciendo lo que sabes, sin
más.
Si te sale bien,
maravilloso. Te dices: “Muy bien”.
Si te sale mal, no pasa
nada. Te dices: “Volveremos a intentarlo”. Si sale mal, analizaremos
el por qué, y habremos aprendido algo de cara al siguiente examen.”
En este mensaje hemos
incluído técnicas de relajación, de visualización y de intención
paradójica (equivocarse ex profeso en el ensayo, para reducir la
ansiedad ante el error).
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Denominamos trastornos
psicosomáticos a aquéllos que, afectando al organismo, tienen un
origen psíquico. Los mecanismos a través de los cuales una
afectación psíquica puede provocar una alteración corporal son
diversos. Veamos los más frecuentes:
1. Un estado de emoción
cualquiera (la percepción de un peligro, la percepción de una buena
noticia...) comporta un estado de alerta. El cerebro, en tales
circunstancias, manda descargar adrenalina y cortisol (dos hormonas)
que sirven para activar el organismo y responder con presteza a las
circunstancias que provocan la emoción.
Aparece un problema en
personas muy emotivas, que viven en estado de emoción constante, o
en personas sometidas a estrés continuado. Las descargas constantes
de adrenalida y de cortisol pueden crear hipertensión arterial,
gastritis, úlceras de estómago, incluso infartos cardíacos.
2. En los estados
depresivos aparece una percepción muy negativa de todo cuanto
acontece alrededor de la persona, o en su interior. Cualquier
molestia, aún las banales, son percibidas como dolores muy intensos,
o con gran sensación de sufrimiento.
Ya comentábamos en el
apartado “¿Para qué no sirve la hipnosis en la consulta médica?” que
los estados depresivos no son tributarios de ser tratados con
hipnosis. Las molestias físicas que aparecen en las depresiones
(vértigos, dolores de cabeza, mareos, dolores digestivos, dolores
musculares...) deben ser tratados, en primer lugar, con
medicamentos antidepresivos, y la hipnosis se puede utilizar cuando
los medicamentos ya han hecho una parte de efecto.
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En las “Clinicas del
dolor” suelen manejar medicamentos analgésicos... y medicamentos
antidepresivos. El dolor es un síntoma subjetivo, y muy variable
para cada persona, y aún para una misma persona en diferentes
situaciones.
Todos sabemos que hay
personas muy sufridas, que aguantan bien el dolor. Otras, en cambio,
se desesperan aún con dolores no demasiado intensos. Una misma
persona, en según que condiciones, resiste mejor o peor el dolor. Un
accidentado de coche, por ejemplo, puede no sentir dolor en los
primeros momentos, a pesar de tener fracturados algunos huesos. Ello
se debe a que la intensa emoción de los primeros minutos tras el
accidente impide la percepción del dolor. Una persona sometida a
torturas, llega a “disociar”, es decir, separar, su percepción de su
cuerpo. Se siente como si el torturado fuera otra persona, como si
su cuerpo “no fuera suyo”, y su cerebro deja de percibir dolor.
Esta es la base del
tratamiento del dolor mediante la autohipnosis: aprender a disociar
la zona dolorosa, de forma que se perciba en forma débil, o incluso
que no se perciba. Es posible llegar a completas anestesias, que
sirven incluso para pequeñas operaciones (extracciones dentarias,
por ejemplo).
Conseguir la anestesia o
la disociación parcial del dolor exige una autohipnosis muy
experimentada, con mucho tiempo de entrenamiento. Las sesiones que
permiten la disociación también deben ser bastante largas (alrededor
de 45 minutos).
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Parece una paradoja
emplear la hipnosis, que ya hemos comentado que no es un estado
parecido al sueño, para inducir éste. De hecho, el uso de la
autohipnosis para tratar el insomnio solamente es posible cuando el
insomnio es debido a problemas de ansiedad. La hipnosis sirve, en
estos casos, como método de relajación orientado a conseguir un
estado de tranquilidad y reposo que sea compatible con el sueño.
Es importante, en casos
de insomnio, diferenciar entre el insomnio más o menos banal, debido
a situuaciones de ansiedad, con el insomnio de segunda y tercera
hora (despertar más temprano) propio de los estados depresivos, los
cuales requerirían un tratamiento específico.
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Los trastornos
psicológicos relacionados con “recuerdos olvidados” suelen ser de
tipo “disociativo”. Los “estados disociativos” significan que la
persona “disocia” (es decir, “separa”) la experiencia psicológica de
la física. Lo que “percibe” o “siente” escapa a su control y no
corresponde a la realidad física. Un típico estado disociativo es
la “amnesia psicógena” que puede aparecer después de un trauma
psíquico. También la “fuga psicógena” en la que un sujeto desaparece
de su medio y aparece en otro lugar, habiendo adoptado una nueva
personalidad y con incapacidad para recordar el pasado. También
aparecen estados disociativos en forma de “situaciones de trance”,
por ejemplo en niños sometidos a malos tratos, en personas sometidas
a “lavados de cerebro” o en los que han sido miembros de algunas
sectas destructivas.
En estos casos, la
inducción de un estado hipnótico puede llevar a la visualización del
trauma desencadenante, y que había sido reprimido, es decir
“olvidado” a causa de su contenido angustiante.
Resulta bastante inútil
intentar “regresiones” hacia el pasado en otro tipo de trastornos
psicológicos, o en personas que lo hacen “por curiosidad”. Los
estados disociativos que hemos mencionado, y que muchas veces tienen
que ver con un “trauma psicológico inicial” son los que mejor se
pueden beneficiar con el empleo de esta técnica.
El procedimiento de
trabajo es el siguiente:
Lo primero es inducir un
estado de hipnosis o autohipnosis con alguna de las técnicas
aprendidas.
Si se trabaja en
autohipnosis, es factible “interrogar a nuestro propio
subconsciente” mediante el uso de algún mecanismo que “amplifique”
nuestras respuestas inconscientes. El mejor instrumento para este
fin es el péndulo. Puede ser un péndulo de radiestesia, pero lo
podemos construir nosotros mismos con un objeto pequeño y brillante
(un anillo, por ejemplo) atado a un hilo.
Manteniendo el péndulo
cogido, sin moverlo, comprobaremos la fuerza de la sugestión de la
siguiente forma:





Moveremos los ojos lentamente
de izquierda a derecha, desde el punto C al D, y de derecha a
izquierda, desde el D al C. Al poco tiempo, sin que hagamos ningún
esfuerzo para ello, veremos como el péndulo se mueve también de
izquierda a derecha.
Después, haremos lo
mismo desde el punto A al B, y del B al A. Veremos ahora cómo el
péndulo oscila de adelante hacia atrás.
Debemos repetir exte
experimento varias veces, hasta que veamos que el péndulo oscila
apenas iniciamos el movimiento de los ojos.
“Grabaremos” ahora el
significado inconsciente que daremos al movimiento del péndulo. Por
ejemplo, en el movimiento de adelante atrás repetiremos mentalmente
“sí, sí... sí, sí...” En cambio, repetiremos “no, no, no...” en el
movimiento derecha - izquierda.
De esta forma, podemos
tener un “mecanismo visible” que nos informe de nuestras respuestas
subconscientes.
La técnica consiste en
llegar a un buen estado autohipnótico, por cualquiera de las
técnicas explicadas. Cuando estemos bien relajados y concentrados,
sostendremos el péndulo y preguntaremos a nuestro inconsciente si
podemos interrogarle. Parece una tontería, pero es imprescindible.
Mentalmente diremos algo así como: “¿Puedo preguntar al
inconsciente?”
Si el péndulo “responde”
que sí, procederemos al “interrogartorio”. Se trata de hacer
preguntas muy concretas que puedan ser respondidas con una respuesta
del tipo de “sí” o “no”. También pueden emplearse preguntas más
vagas, pero, en estos casos, las respuestas también serán más
imprecisas.
Un sistema interesante
es intentar la visualización del suceso que recordamos en forma
confusa. Recordemos que, en estos casos, se trata de rememorar todos
los detalles sensoriales que nos puedan llevar a “amplificar” el
recuerdo: colores, olores, ruidos, etcétera.
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