Dr.Romeu y Asociadas · Blog · Sexualidad : La masturbación
masturbacion

El Ángel y el Oso han hallado un suelto periodístico en el que se explica la aventura de un parlamentario inglés, que fue hallado muerto en postura indicativa de que murió mientras se masturbaba.

Nuevo escándalo en la Gran Bretaña. El Angel y el Oso están pensativos acerca de las connotaciones del caso. El parlamentario apareció casi desnudo, pero con sostenes y ligueros femeninos. Al parecer le encantaba meneársela así vestido. Además se había colocado en la cabeza una bolsa de plástico, en la cual había vertido unas gotas de nitrito de amilo, droga que -dicen los pervertidos- aumenta el tamaño de la verga y el tiempo de excitación.

Oso: No acabo yo de entender cómo algunos humanos machos hallan placer en calzar encajes y ligueros, y, mucho menos, en atarse bolsas de plástico a la cabeza en momentos de efusión y espasmo.

Angel: Hay humanos muy pervertidos. En mis años de custodio tuve que ver de todo. Créame que, a veces, si no fuera porque los espíritus purísimos no tenemos estómago, me hubieran venido ganas de vomitar. Vestirse con ligueros femeniles es más frecuente de lo que usted piensa, y atarse bolsas de plástico a la cabeza provoca una falta de oxígeno que, según dicen los exquisitos, suministra unos clímax que da gozo sufrirlos. Los muy cretinos añaden un gas, nitrito de amilo, a la bolsa, con la finalidad de dilatar sus arterias y conseguir penes enhiestos y con brillo. Ahora bien, el riesgo de infarto es enorme como se ha demostrado en este triste caso.

O: ¿Y cómo es que los conservadores ingleses son tan proclives a estas, llamémosles, travesuras?

A: Justamente porque son conservadores. Ello quiere decir que conservan lo que les parece bien. Lo malo es que si un vicioso es conservador, luchará para conservar los vicios. Piense, por otra parte, que esto viene de antiguo. Ya en Sodoma y Gomorra hacían cosas de mucho cuidado. Un amigo mío, que fue por allí para avisar a un recomendado, tuvo que salir por alas. Los descocados gomorritas (mucho más escandalosos que los sodomitas, aunque estos tenían mejor marketing) se empeñaban en tener un hijo suyo. Desde entonces, cada vez que bajamos a la tierra para algún menester, procuramos tomar apariencias humanas más bien desagradables. La del señor Jiménez Losantos es impecable si se trata de viajar por tierras catalanas.

O: En otras palabras, que los vicios son ancestrales y que no entienden de ideologías.

A: Cierto. Encontrará usted desviados en casi todos los partidos, parlamentos, senados y cónclaves.

O: Oí decir a no sé quien que, más que hablar de vicios y perversiones, cabría hacerlo de diversiones. En otras palabras, que cada cual es cada cual y que no hay que juzgar qué es normal y qué es anormal.

A: Cada cual tiene sus límites. Los míos son muy estrictos, por razones que usted no dejará de entender. Mis jefes son bastante cerrados en estas cosas, y yo participo de sus estrecheces.

O: Yo, en cambio, soy muy comprensivo. Los osos, amorosos o no, actuamos sin demasiados reparos a la hora de entregarnos al bestialismo.

A: Pues nada. Pida usted un permiso para ir desterrado a Inglaterra y, con un poco de suerte, podrá despachurrar algún parlamentario que, durante la faena, emitirá, gozoso, grititos de reconocimiento y satisfacción.

La masturbación

La masturbación es una”perversión” fácil de practicar. No requiere compañeros de viaje, aunque nunca sobran si el acuerdo es satisfactorio. De todas formas, la masturbación”perversa” por excelencia es la que comporta autoerotismo, soledad y provocación mecánica (manual o instrumental) de la excitación libidinosa y, a ser posible, del puntual orgasmo.

Hoy en día se escribe poco sobre la masturbación (aunque sigue practicándose mucho). Pero, en épocas anteriores, los moralistas gastaban mucha tinta en advertir de los peligros de las acciones manuales (o digitales) que, aplicadas por el agente en la verga, la vagina, el clítoris, el ano, o regiones adyacentes, iban dirigidas a satisfacer la concupiscencia..

Los moralistas aseveraban que la masturbación provocaba, en los hombres, pérdidas de fósforo cerebral a través del semen. La práctica masturbatoria hacía a los jóvenes cretinos, forunculosos, sifilíticos, de cerebro reblandecido y de médula espinal vaciada (el semen, según los zoquetes sermoneadores, se fabricaría en la médula). Se hablaba de “demencia precoz (esquizofrenia) masturbadora”, y también de varices, colitis, prostatitis, endometritis, depresión, tuberculosis, ineptitud para el trabajo, dificultad para el estudio, espasmos cardíacos, irritabilidad y debilitación visual. También se le atribuían propiedades para modificar la anatomía: el clítoris de las masturbadoras sería más voluminoso, alargado, rojo, turgente, y su prepucio más liso, blando, fruncido e hipertrófico. El himen de las masturbadoras sería más blando, la vulva más húmeda, las mucosas enrojecidas. Los varones masturbadores (hasta en publicaciones de este siglo) han sido condenados a tener el escroto pendular y flácido, el glande descubierto y con forma redondeada (¿cómo lo tendrán los no masturbadores?), color oscuro en el conjunto de aditamentos genitales, congestión y erección al mínimo contacto, así como puntos mamarios dolorosos al tacto.

Todas estas alucinantes fantasías formaban parte de la educación moral impartida en los colegios de la primera mitad de nuestro siglo, que, en nuestra Patria, duró hasta el tercer cuarto. La “patología” de la masturbación servía de argumento propagandístico para uso de los buenos padres de familia, y de los santos varones y mujeres que nos educaban en los colegios religiosos de la época.

Los pretendidos daños de la masturbación se resumen en uno sólo real: vivirla con ansiedad y sentirse culpable por ello. Tengo un caso de observación personal, muy triste. Carlos, de veintidos años, vino a consultarme porque creía estar perdiendo memoria a causa de su costumbre de masturbarse al menos una vez al día. Se trataba de un chico extremadamente deprimido, obsesivo, en quien la idea de estar demenciándose traspasaba los límites de una preocupación normal y alcanzaba rasgos patológicos. Acudió a mi consulta con un “Diccionario de Medicina”, para uso hogareño, en el que la masturbación era definida como “Vicio insano y solitario. Grave perversión que provoca pérdidas de fósforo cerebral y, en consecuencia, la degeneración y la locura”. Se trataba de una edición de 1970. No aceptó mis explicaciones ni aceptó su naturaleza depresiva. Se negó a ponerse bajo tratamiento, repitiendo que lo suyo era irrevocable, y que el daño ya estaba hecho. Tiempo después tuve conocimiento de que se había suicidado.

¿Existe una frecuencia “normal” para tan extendido quehacer? Cada vez que se efectúan estudios estadísticos sobre estas cosas se llega a conclusiones similares. Por término medio, el 95 % de varones mayores de 42 años se han masturbado al menos una vez en su vida. La frecuencia, con variaciones según las edades, oscila entre una y tres veces por semana, aunque puede llegar a ser diaria o más. Para mujeres, el porcentaje es menor, del 60 %, y también con similar frecuencia (1 a 3 por semana,pudiendo llegar a ser diaria, o más).

Las técnicas de masturbación en varones son principalmente manuales. Las manipulaciones del pene suelen consistir en sacudidas rítmicas, ejercidas con toda la mano, o con dos o tres dedos. Hay quien actúa sobre toda la longitud de la verga, y quien prefiere dedicar sus esfuerzos a la corona del glande. Masters y Johnson describen casos de masturbación con un solo dedo, en varones con prepucios desmedidos (en este caso el dedo se enfunda con el prepucio). Algunos hombres se frotan el pene contra la cama o algún objeto, si bien esto es poco frecuente. Un caso clínico, de observación personal, gustaba de frotársela con una alfombra persa. El “autofelacio”, consistente en estimularse uno mismo con la boca, solamente está al alcance de contorsionistas de circo o de sujetos con penes gigantescos. En cambio es medio común de masturbación en monos y en algún que otro mamífero salido.

En tiendas especializadas existen artilugios mecánicos masturbatorios. Los más, son imitaciones exquisitas de vulvas femeninas, donde no faltan los detalles. Pliegues, pelambre y recovecos son impecables en cuanto a autenticidad, y se acompañan de líquidos lubricantes que aportan también un componente oloroso similar a las mejores vulvas de verdad. Habrá señores que mitigan sus carencias acariciando, besando o empalando tales supletorios mientras piensan en cosas mejores.

En mujeres, las técnicas masturbatorias consisten en la estimulación de los elementos de la plataforma orgásmica. Son mucho más frecuentes las estimulaciones externas que las internas. Recordemos que solamente el tercio exterior de la vagina tiene sensibilidad. Las estimulaciones externas pueden ser de diferentes tipos. Los labios mayores gustan de ser apretados entre dos o más dedos, aunque los labios menores y el clítoris son quienes mejor responden a la excitación. Cuando se amasan los labios mayores, la excitación se transmite a lo demás. El clítoris protesta si se le mima de una forma directa, por lo que resulta más gratificante dedicar los afanes a su prepucio.También la estimulación del monte de Venus, presionando hacia abajo, difunde la excitación hacia la receptiva zona clitorídea.

Lo más frecuente es la estimulación del clítoris, frotando el dedo medio en el capuchón (o prepucio) del pequeño adminículo. En algunos momentos se alarga la carícia dando toques en los labios menores y entrada de la vagina. Cuando el saludable orgasmo se acerca, se incrementa la presión de la mano sobre los receptivos parajes, y se amplía la caricia en extensión e intensidad hasta que las contracciones musculares y el derrame de placer parten de los genitales y extienden el gozoso calor hacia el resto del cuerpo. Hay mujeres que alcanzan el masturbatorio orgasmo mediante contracciones musculares de los muslos, zona pélvica y tercio exterior de la vagina sin tener que tocarse con la mano. Ello permite acceder a sustantivos placeres, incluso estando de visita. Algunas de ellas logran alcanzarlo sin ningún tipo de movimiento, solamente con pensamientos libidinosos. Un caso de observación personal, una chica de diecinueve años,alcanzaba sabrosos espasmos cada vez que oía por la radio a su cantante favorito.

La masturbación femenina puede ayudarse de artilugios mecánicos, llamados pesarios en la terminología clásica. Los avances del siglo XX han permitido introducir en los pesarios máquinas vibradoras movidas por energía eléctrica. El vibrador es un aparato muy valioso para las féminas proclives a las dificultades orgásmicas. El vibrador, amigo que nunca falla, debe aplicarse sobre el clítoris, y, sin necesidad de frotar (ya vibra él solo) acaba produciendo orgasmo aún a las damas más renuentes. Un detalle: los mejores vibradores son los que se venden en la sección de”menage” de los grandes almacenes, como “aparatos de masaje”. Son, por otra parte, fáciles de comprar sin atentar contra la dignidad de las usuarias. Las piezas que venden en los “sex-shops” pueden ser muy atractivas en lo estético, pero suelen ir a pilas, con lo que vibran poco y mal. Es de alabar el realismo en forma de penes plásticos, pero muy bien acabados en cuanto a textura, tacto, apariencia, pelaje y olor. Señoras habrá que sentirán gran remuneración al tener en sus manos (o donde sea) aquel sugerente facsímil. Pero, como vibradores propiamente dichos, no dan la talla. Si empleamos un “aparato de masajes”, adaptándole el terminal de dar masajes en el cuello, pocos clítoris se resistirán a su relajante y maliciosa actuación.

Un artilugio extremadamente clásico, aunque no en las culturas occidentales sino en las orientales, consiste en un par de bolas metálicas, huecas, con otras bolas en su interior que les confieren propiedades vibratorias. En los últimos tiempos las hemos visto en tiendas de todo a cien bajo el epígrafe de “bolas relajantes”. Su uso ancestral consiste en su introducción por la vagina, donde se dejan para que vayan vibrando con los menores movimientos de la pelvis, o simplemente al andar. No creo que la vibración llegue a resultar masturbatoria. Las bolas son una excusa para practicar contracciones con los músculos de la vagina, lo que ya puede ser más excitante. El entrenamiento con tales bolas da fuerza a los músculos de la zona. Mujeres hay que, con la vagina, aprietan y amasan el pene allí entrometido con tanta filigrana como si actuasen con la mano. En los infamantes espectáculos sexuales de Tailandia, allá por los sesenta, eran famosas las especialistas en proyectar pelotas de ping-pong por lavagina, mediante la sabia y artística contracción de los referidos músculos. No nos parece la aplicación más útil para tan sofisticado quehacer.

¿Qué decir de la masturbación femenina con objetos o vegetales? Ya hemos comentado que pocas veces las señoritas insisten en la introducción de sustitutivos del pene por la vía vaginal. Pero es perfectamente posible. Hay mujeres que introducen uno o dos dedos en la vagina mientras, con la otra mano, se frotan el agradecido clítoris. En casos de observación personal he visto desde una niña de catorce años que se solazaba con un bolo de madera extraido de un inocente juego infantil, hasta una religiosa que estrujaba, con reverencia, un crucifijo entre sus monacales ingles. Determinadas frutas y tubérculos resultan impagables, especialmente entre señoras de cierta edad. Uno de mis casos de observación personal, una señora de setenta y siete años, solía explicarme las ventajas que la berenjena acreditaba sobre muchas otras especies botánicas, entre las que solamente salvaba según que magnos ejemplares de boniato (ante el estupor y vergüenza de su hija, que asistía alucinada a las confidencias alimenticias de su anciana madre).

¿Se acompaña el orgasmo femenino de emisión líquida? En los opúsculos pornográficos de la época victoriana es muy celebrada la “eyaculación femenina”, pero nos tememos que con poco sentido de la realidad. Las glándulas vaginales segregan líquido cuando la mujer empieza a excitarse, y la secreción persiste durante toda la faena. No hay un vertido concreto en el momento orgásmico femenino.

El aprendizaje de la masturbación suele hacerse en la etapa adolescente (entre los 12 y los 16 años). Los varones acceden frecuentemente a través de conversaciones con chicos mayores. Las mujeres acceden más por autoexploración, o cuando inician escarceos amorosos y sexuales con sus compañeros de juegos. No es extraño que chicas que nunca habían pensado en masturbarse, y que ni siquiera sabían que eso existía, descubran el arte tras las caricias de sus novietes, y pasen a ejercerlo, por su cuenta, con fervor.

Tengo varios casos de observación personal en que el acceso a la masturbación fue provocado en las féminas durante una agresión sexual. Uno de mis casos, Marta, una mujer de más de treinta años que consultaba por dificultad para acceder al orgasmo, había aprendido a masturbarse a los diez años, al haber sido engañada por un adulto, llevada a un quicio oscuro, y acariciada en su vulva. La situación le produjo miedo y vergüenza, pero también placer. Muchas veces olvidamos que el niño es un sujeto con capacidad para sentir placer sexual, y que, incluso sometido a agresiones sexuales, puede tener sensaciones agradables extremadamente conflictivas. Marta, a partir de ahí, se masturbó casi diariamente durante toda su vida. Su fantasía era sentirse querida y besada en la frente por un ser angelical y asexuado, que la arrullaba en una playa serena, mientras ella se masturbaba. Cuando se masturbaba ella sola, alcanzaba orgasmos esplendentes. Pero cuando intentaba relaciones con un hombre, le aparecía un intenso goce que cesaba de forma brusca antes de llegar al orgasmo. Posiblemente como un bloqueo para evitar la “pérdida de control” que, inconscientemente, vivía con culpabilidad desde su primera temprana experiencia.

Como veíamos en el diálogo entre el Angel y el Oso, hay quienes aderezan la masturbación con toques de travestismo o inhalación de sustancias supuestamente excitantes. En estos casos se trata de personas que gustan de combinar diferentes “perversiones”, no siempre recomendables desde un punto de vista higiénico.

¿Dejan de masturbarse los varones y las mujeres que acceden a la relación de pareja? Pues no necesariamente. En varones casados la masturbación se practica en un 42 % y en mujeres casadas, en un 35 %.

Las fantasías eróticas que acompañan a la masturbación se presentan en un 64 % de las mujeres que se masturban, y en el 99 % de hombres que lo hacen. Mucha smujeres prefieren tiernas fantasías sentimentales a las eróticas propiamente dichas.

En muchos casos de observación personal, las féminas combinan la masturbación con la lectura de novelas románticas. Las mujeres suelen encontrar estrafalarias las novelas pornográficas que hacen las delicias de sus oponentes masculinos. Una mujer preferirá el erotismo emboscado, hecho de insinuaciones y dobles sentidos, antes que la intemperante descripción, con lujo de detalles en cuanto a tamaños y humedades, de las partes genitales.

Se cumple la máxima de Jardiel Poncela acerca de que las mujeres queparecen románticas son las más sensuales, las que parecen sensuales resultan las másfrígidas y las que parecen más frígidas resultan las más románticas.

Pero también hay mujeres, precisamente muchas que en sus vidas públicas aparentan los mayores remilgos, que gustan de proferir interjecciones escabrosasen momentos de excitación. Tales señoras agradecen la lectura de relatos escabrosos con plétora de vocablos tales como “polla” y “chochazo”, los cuales también exigen a sus parejas en momentos de efusión.

Hay una serie de vocablos que se han propuesto como sinónimos de masturbación. Así: “Ipsación” de una palabra latina que significa “uno mismo”. “Quiroerastia” de unas palabras griegas que significan amor con la mano. “Onanismo” del personaje bíblico Onan, que “esparcía su semilla por el suelo” (como hacen muchos canarios enjaulados), aunque Onan, al parecer, lo hacía tras el “coitus interruptus”. El lenguaje vulgar adopta formas poco elegantes,tales como cascársela, meneársela, hacerse pajas, machacársela, tocar la zambomba ,etcétera, todas ellas sexistas pues parecen aludir únicamente a la masturbación en el varón.

Cada apartado de “perversiones” está precedido por un diálogo entre dos personajes antitéticos, que nos sirve para subrayar cómo la realidad puede ser interpretada de maneras muy distintas. No nos afectan los hechos en sí, sino la forma cómo nosotros los vemos, como muy bien decía Epicteto, filósofo griego del siglo II A. J.C. y, además, estoico.

Mis personajes, el Ángel y el Oso, me fueron revelados mientras leía escritos relacionados con el “nonsense”, estilo literario basado en el juego entre conceptos ilógicos, cuya cima yo sitúo en Lewis Carroll. En la revista periódica “Madrid Cómico” del siglo XIX se publicó este poema, paradigma también del nonsense patrio:

Un Angel en el cielo

pidió a San Agustín un caramelo,

y un Oso en la Siberia

mordió a un viajero y le rompió una arteria.

Los ángeles y los osos

han resultado siempre fastidiosos.

Mi sorpresa fue cuando, accidentalmente, conocí a ambos fulanos. Me los encontré en uno de mis paseos por los Pirineos leridanos. Al parecer, el Angel fue expulsado momentáneamente del paraíso a causa de su irreverencia. El problema es que, en la eternidad, el concepto de momentáneo puede ser bastante relativo. El Oso, también allí exilado, no anhela en exceso abandonar las altas cumbres, habida cuenta de que, entre los responsables del turismo ruso, no ha sido bien vista su travesura. La elección de un punto pirenaico español derivó, en el primer caso, de la relativa buena prensa de nuestro país (“La Católica España”) entre quienes de eso entienden, y, en el segundo, del predicamento que nuestras tierras ostentan entre las mafias rusas, verdaderos elementos de presión en esa inquietante unión de repúblicas (o lo que sea).

El Ángel y el Oso, desde su excelente punto de visión, contemplan displicentes, aunque no ajenos, lo que sucede en el mundo. La entrañable costumbre de muchos excursionistas de tirar papeles en la montaña les alcanza una cantidad de prensa que no envidiaría una hemeroteca. Para matar el tiempo discuten pacíficamente acerca de las noticias que les intranquilizan. El pacifismo, en este caso, es un tanto forzado, aunque explicable: el Oso no desea comprometer su posible ida al cielo (le encantaría conocer a San Francisco) y el Angel, bien que el Oso le disgusta por su olor y por su aspecto poco tranquilizador, no quiere cometer otra frivolidad como sería dar plantón al Oso, o tirarlo por un precipicio, como quien no quiere la cosa, empujándole disimuladamente con un ala.

El Angel, aunque ingenuo, es bastante rígido en cuestiones de moral. El Oso, aunque silvestre, es un posibilista escéptico, y un tanto socarrón.

No tuvieron reparo en hablar conmigo ni en contarme sus cuitas. La mayor parte de los excursionistas les suponen hippyes acampados, rarito el Angel tan rubito y aniñado, y no menos raro, por velludo y desaliñado, el Oso. No suelen acercárseles sino los niños, los cuales son llamados por los padres, de inmediato. Los lugareños de los pueblos cercanos, no se acercan por las cumbres. Si los campesinos reconocieran al oso como tal, acabarían pegándole un tiro por si estaba allí respondiendo a tenebrosos planes ecológicos. Los campesinos piensan, probablemente con acierto, que se empieza soltando osos y que se acaba vacunándoles o, lo que es peor, haciéndoles lavar los pies al menos una vez por semana.

Copyright 2014 - Desarrollo y SEO iSocialWeb.com - Psicologos en Barcelona en Google Places Dr.Romeu G+ - Aviso legal