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OTROS TRASTORNOS DE LA INFANCIA, NIÑEZ Y ADOLESCENCIA Este apartado es el "cajón de sastre" del DSM-IV. Incluye 5 cuadros
diagnósticos que no se han encuadrado en los epígrafes anteriores. Son : mutismo
electivo, trastorno de identidad, trastorno reactivo de vinculación, trastorno por
estereotipias/hábitos y trastorno indiferenciado de atención. Este último está
descrito sin mucha fe, asociándolo a lo que sería un déficit de atención sin
hiperactividad, aunque expresando serias dudas acerca de su validez como entidad
diagnóstica. Veamos los otros 4 trastornos:
MUTISMO ELECTIVO
Consiste en un rechazo a hablar en situaciones sociales (incluída la escuela) que se
manifiesta en forma de negativa persistente, y sin que exista incapacidad derivada de
algún trastorno lingüístico, mental o del desarrollo. Lógicamente no se diagnostica
mutismo electivo si un síntoma parecido se presenta como expresión de una fobia social,
de una depresión mayor o de una esquizofrenia.
A pesar de que se considera que el mutismo electivo no se debe a un retraso
lingüístico, ambos procesos pueden presentarse asociados, de la misma forma que también
puede haber dislalias, disartrias, timidez, retraimiento, rechazo escolar y trastornos
funcionales de la conducta. Se considera que los retrasos de lenguaje, así como la
sobreprotección materna, traumas psicológicos y hospitalización, pueden actuar como
elementos predisponentes. Con pragmático eclecticismo el DSM-IV advierte que el curso
puede ser breve y benigno, o bien desarrollarse durante años, causando pocos problemas o
bien altos grados de limitación social y escolar, junto a la posibilidad de complicarse
por fracaso escolar y/o rechazo y burla por parte de compañeros.
En niños de familias emigrantes puede verse un rechazo a hablar la nueva lengua. Tal
trastorno puede diagnosticarse como mutismo electivo si existe una adecuada comprensión
del nuevo idioma pero persiste la negativa a hablarlo.
TRASTORNO DE IDENTIDAD
Cuando aparece este trastorno suele ser en fases finales de la adolescencia, cuando la
persona está buscando "su lugar en el mundo". Consiste en un notable malestar
subjetivo y grave acerca de incertidumbres en temas relacionados con la identidad,
incluyendo al menos tres de los siguientes aspectos: 1) Objetivos a largo plazo; 2)
elección profesional; 3) patrones de amistad; 4) orientación y conducta sexual; 5)
identidad religiosa; 6) sistema de valores morales; y 7) lealtades de grupo. El cuadro
debe ser causa de incapacidad laboral y/o académica y/o social, haber durado más de tres
meses y no deberse a una esquizofrenia ni a trastornos de personalidad.
Como vemos se trata de una exageración de la incertidumbre que suele acompañar la
fase adolescente en cuanto a maduración de la personalidad y establecimiento de
objetivos. Es frecuente que la persona con este trastorno llegue a albergar dudas acerca
de su propio yo, o de la coherencia de su identidad. Puede aparecer ligado a signos de
ansiedad o de depresión.
TRASTORNO REACTIVO DE VINCULACION EN LA INFANCIA O AL
INICIO DE LA NIÑEZ
Este trastorno se asocia a una falta de cuidados, ya sea por descuido de las
necesidades emocionales básicas, descuido de las necesidades físicas (nutrición,
vivienda, prevención de ataques) y/o repetidos cambios de cuidador principal que impide
el desarrollo de unos vínculos estables.
Podemos diagnosticar trastorno reactivo de la vinculación si tenemos datos que hagan
presumir que la falta de cuidados reseñada provoca:
a) fracaso persistente para iniciar o responder a la mayoría de interacciones sociales
(por ejemplo, en niños, falta de contacto visual y juego recíproco, falta de imitación
verbal, apatía, etc.); y
b) sociabilidad indiscriminada, por ejemplo familiaridad excesiva con extraños.
A menudo el cuadro se asocia a signos de mal desarrollo físico a causa de los
insuficientes cuidados. En ocasiones se presenta junto a síntomas de maltrato físico.
Síntomas asociados suelen ser trastornos de la conducta alimentaria (regurgitación,
vómito...), trastornos del sueño e hipersensibilidad al contacto y a los ruidos.
A veces la falta de cuidados es sutil: por ejemplo, falta de contacto cuerpo a cuerpo
en niños colocados en incubadoras, trastornos psicológicos (depresión entre ellos) de
los cuidadores que provocan su alejamiento afectivo del niño, etc.
Lógicamente la presencia de cuadros más graves (retraso mental, trastornos del
desarrollo, autismo, anomalías neurológicas, ceguera, hipoacusia, defectos
multisensoriales, etc.) excluye el diagnóstico de trastorno de vinculación.
TRASTORNO POR ESTEREOTIPIAS/HABITOS MOTORES
Se refiere a una serie de conductas voluntarias, repetitivas, sin finalidad alguna,
como chuparse el dedo, agitar la mano, balancear el cuerpo, cabecear, morder objetos,
morderse las uñas (onicofagia) u otras partes del cuerpo, hurgarse la nariz, arrancarse
pelo (tricotilofilia), rechinar de dientes (bruxismo), frotarse los ojos, hurgarse el ano,
abofetearse, golpearse la mano, contener la respiración, tragar aire (aerofagia) o
rascarse la piel. Para constituir un verdadero trastorno, debe causar algún tipo de
lesión física, o interferir notablemente con las actividades normales. Lógicamente se
excluyen aquéllos hábitos motores que pudieran encuadrarse en el diagnóstico de tics.
Las formas graves de estereotipias/hábitos se presentan asociadas al retraso mental y
al retraso del desarrollo, especialmente aquéllas que causan más autolesión y/o más
autolimitación. Las formas "menores" pueden aparecer en cualquier niño,
asociadas o no a estados de ansiedad o de depresión.
CONDUCTA A SEGUIR (OTROS TRASTORNOS)
1. Los trastornos de este apartado suelen revestir la suficiente gravedad como para
precisar el abordaje psiquiátrico. De todas formas suelen requerir también toda una
serie de apoyos institucionales y sociales, así como la intervención de profesionales de
diversos campos (psicología, pedagogía, asistencia social, etc.)
2. ¿Qué hacer ante los trastornos por hábitos/estereotipias? En el DSM-IV parece
reservar este diagnóstico para casos "mayores", o que -al menos- causen lesión
física o amplia limitación. Pero los que con mayor frecuencia pueden llegar al pediatra
son los trastornos "menores" (ej: onicofagia, tricotilofilia), los cuales pueden
ser tratados exactamente igual que los tics. En el apartado 13 exponíamos la técnica de
Azrin para el tratamiento de hábitos nerviosos, la cual puede tener también su
aplicación en los trastornos encuadrados bajo el epígrafe de hábitos motores /
estereotipias.
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