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Trastorno
obsesivo-compulsivo (TOC)
Cuestiones a
tener en cuenta
¿Qué
es un TOC?
Cómo saber si usted
padece un TOC
Temas de preocupación
más habituales
Trastornos asociados
Más información
acerca del TOC
Tratamiento adecuado
Historia
del concepto
-
Debe tener siempre presente que el
Trastorno obsesivo – compulsivo, es una enfermedad que tiene
tratamiento.
-
Tener más
información acerca del trastorno y seguir un programa de tratamiento
adecuado, le ayudará a mejorar sus expectativas de una mejor calidad de
vida.
-
La
recuperación no se produce de la noche a la mañana, se requiere un
tiempo para observar la mejoría, por tanto no debe desanimarse.
-
Este folleto
informativo le ayudará a entender el Trastorno obsesivo – compulsivo
como una enfermedad, así podrá reconocer sus síntomas y buscar la
atención médica adecuada cuanto antes.
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Las personas que
padecen un trastorno obsesivo – compulsivo (TOC), tienen pensamientos
o ideas indeseadas e irracionales, de forma repetitiva y persistente
(tales como temor de contaminarse con gérmenes) que les produce una
gran ansiedad. Estas son las obsesiones.
Para
neutralizar o reducir esta ansiedad, que producen las obsesiones, la
persona con TOC siente la necesidad irrefrenable de realizar una serie
de rituales (acciones o comportamientos compulsivos), tales como lavarse
o realizar limpieza repetidamente. Si dicha persona no puede poner en práctica
estos rituales de forma inmediata, su ansiedad aumenta desmesuradamente.
Normalmente, la persona reconoce en algún momento que estas obsesiones
y compulsiones son excesivas o irracionales (esto no ocurre en niños),
produciéndose así un malestar clínicamente significativo que influye
en casi todos los aspectos de su vida.
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La característica
esencial del TOC es la presencia de obsesiones y/o compulsiones, de
forma recurrente, lo suficientemente importantes como para provocar pérdidas
de tiempo significativas (más de 1 hora al día), o una interferencia
marcada en la rutina cotidiana del individuo, en sus relaciones
laborales, su vida social, etc. lo cual constituye un malestar clínicamente
significativo para la persona y su entorno directo.
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El contenido de las
obsesiones y compulsiones acostumbra a tratar sobre una serie de temas
comunes en diferentes personas.
Las obsesiones más
frecuentes son ideas recurrentes que versan sobre temas como:
·
La
contaminación (ej. contraer una enfermedad al estrechar la mano a los
demás)
·
Dudas
repetitivas (ej. preguntarse si ha cerrado la puerta de la calle con
llave o no)
·
Disponer las
cosas en un orden determinado
·
Impulsos de
carácter agresivo que horrorizan a la propia persona ( ej. hacer daño
a una niña)
·
Fantasías
sexuales (ej. una imagen pornográfica recurrente)
Estos
pensamientos, impulsos o imágenes no se producen por preocupaciones
excesivas por problemas de la vida real (como dificultades económicas,
laborales, escolares, etc) es más, rara vez se relacionan con hechos de
la vida real.
Por
otra parte, las compulsiones más frecuentes implican tareas como:
-
Lavado o
limpieza
-
Comprobaciones
reiteradas
-
Demandas o
exigencias de certeza
-
Acciones
repetitivas
-
Puesta en un orden determinado ciertos objetos
Estas
obsesiones y compulsiones pueden llegar a reemplazar comportamientos
productivos y gratificantes y desestructurar enormemente la actividad
global de la persona.
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A menudo observamos
que otros trastornos acompañan al TOC. Algunos de ellos son:
- Comportamientos de evitación en
situaciones relacionadas con el contenido de las obsesiones.
- Preocupaciones hipocondríacas (temor
a estar padeciendo diversas enfermedades)
-
Sentimientos de culpa y excesiva
responsabilidad.
-
Trastornos del sueño.
-
Problemas conyugales, laborales,
sociales (a causa del TOC.)
-
Trastorno depresivo.
-
Otros trastornos de ansiedad (fobias,
trastorno de angustia.)
-
Trastornos alimentarios.
-
Problemas dermatológicos (como
consecuencia de los rituales, ej. dermatitis por exceso de lavados.)
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Aunque
el TOC se suele iniciar, en la mayor parte de los casos, durante la
adolescencia o principio de la edad adulta, también puede hacerlo en la
infancia. La mayor parte de las veces el inicio del trastorno es
gradual.
Estudios recientes han estimado que un 2.5% de la población padece TOC.
Aunque lo más importante es saber que existe un alto porcentaje de éxito
siguiendo el tratamiento adecuado.
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El
diagnostico y tratamiento precoz pueden ayudar a abreviar la duración
del trastorno, disminuir su severidad e incluso reducir el riesgo de que
vuelva a producirse. Seguir el programa de tratamiento que le aconseja
su médico mejora sus posibilidades de recuperación.
El
enfoque más común para el tratamiento del TOC es el farmacológico
(medicación) y la psicoterapia (tratamiento psicológico). Es decir una
combinación de ambas cosas nos ofrece la mayor garantía de éxito como
resultado.
Con
el tratamiento farmacológico (medicación) se consigue contener y
disminuir la intensidad de los síntomas que crean tanto malestar en la
persona. Una vez tenemos los síntomas “controlados”, y sin dejar de
tomar la medicación, puede iniciar una psicoterapia que le ayudará a
entender la enfermedad y sus síntomas, y le proporcionará instrumentos
(psicológicos) para manejarla de forma eficaz.
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La
definición operativa de TOC empleada en el DSM-IV, posiblemente la más
extendida en la actualidad, nos dice que tal trastorno comporta la
presencia de obsesiones y compulsiones de carácter recurrente lo
suficientemente graves como para provocar pérdidas de tiempo
significativas.
La
mención de "obsesiones" y "compulsiones"
implica una diferencia semántica entre ambos conceptos. Así, las
obsesiones se definen en el DSM-IV como ideas, pensamientos, impulsos o
imágenes de carácter persistente, cuya aparición genera ansiedad. Las
compulsiones se definen como comportamientos o actos mentales repetidos
cuyo propósito es aliviar la ansiedad.
S.
Montserrat publicó en 1971 un curioso análisis semántico de la
terminología obsesiva en el que estudiaba la evolución de los
vocablos, y la manera cómo las palabras pueden llegar a ser tanto o más
importantes que los conceptos que pretenden significar.
Los
estudios psicopatológicos iniciados en Alemania y en Francia durante el
pasado siglo fueron el primer paso en cuanto a calificar los cuadros clínicos,
los síntomas y los signos de los trastornos mentales.
En
alemán, la palabra Zwang (violencia, fuerza, obligación, coacción,
etcétera) fue empleada desde principios del siglo XIX, y, en 1867,
Krafft-Ebing crea la palabra Zwangsvorstellung (representación forzada), primera de
una larga serie de nuevas designaciones. En 1872, Westphall recalcó el concepto de "lo forzado", significando el punto de
partida de toda la doctrina de las obsesiones.
La
psicopatología germana maneja otras palabras relacionadas con los fenómenos
obsesivos: "Sucht" (enfermedad, morbo…) "Trieb"
(instinto, impulso…) creando
palabras tales como: Stehlsucht (cleptomanía), Giftsucht (tóxicomanía),
Begattugstrieb (instinto sexual), Stheltrieb (cleptomanía). Sin olvidar
las palabras formadas con "manie" o "Phylie":
Nekromanie, Nekrophylie.
Mientras
en Alemania las patologías obsesivas se nombraban como
"representaciones forzadas" y "actos forzados", la
psicopatología francesa los calificaba como "folies"
(locuras): "folie du doute", "folie raisonante"…
El dominio del significante sobre el significado ha provocado
discusiones acerca de si las obsesiones son o no delirios (síntomas de
la "folie") lo que, en la actualidad, puede parecernos
irrelevante. Pero Morel, por ejemplo, definió los trastornos obsesivos
como "delire émotif"[iv],
aún advirtiendo que no debía tomarse el término como determinante de
locura.
El
vocablo obsesión se emplea por vez primera para
denominar un trastorno
psicopatológico en 1883, por
Luys[v]
refiriéndose a contingencias subjetivas y repetidas, sin substrato
objetivo.
El
término alemán Zwang fue traducido en Londres por "obsession"
y en Nueva York por "compulsion" (S. Rado[vi]). Para contentar a todos y respetar el arraigo de "compulsion",
Rado tituló su capítulo del libro American
Handbook of Psychiatry: "Obsessive
Behaviour. So
called Obsessive-Compulsive Neurosis".
A
partir de aquí la
terminología doble se ha mantenido, aunque con distintos significados
para los mismos significantes.
Recordemos
las definiciones de "obsesión" y "compulsión"
contenidas en las primeras líneas de este capítulo. Recordemos
que ambas son traducciones de una misma palabra (Zwang).
En
los DSM anteriores a la cuarta edición, "obsesión" se definía
como pensamiento y "compulsión" como acto. En el DSM-IV ambas pueden ser pensamientos o actos, pero creando
ansiedad la aparición de las "obsesiones" y disminuyéndola
las "compulsiones". La
definición de obsesiones incluye los "thoughts"
(pensamientos), en tanto que la definición de compulsiones nos habla de
"mental acts" (actos mentales). Nos recuerda el concepto de
"evaluación cognitiva" diseñado
por Arnold en 1960[vii]
y del que derivó la "conducta
cognitiva" que permitió a los rigurosos conductistas de la época
pasarse al campo cognitivo (Lazarus, 1966)[viii]
al considerar que la
entelequia "pensamiento" podía ser una "conducta".
Obsesión
deriva, etimológicamente, del latín obsessio
-onis ("bloqueo"), derivado de obsidere (asediar, bloquear, o más propiamente, sentarse enfrente)
y éste de sedere (estar
sentado).
Compulsión
procede del latín compulsio,
supino de compettere (acción
y efecto de compeler, o sea forzar a una persona a actuar en contra de
su voluntad, de sus impulsos naturales).
Y
aquí aparece "impulso", derivado de impulsus (en latín, derivado de
impellere,
"dar empuje, incitar, estimular"). En el DSM-IV impulso se
define como "disposición a actuar con el fin de disminuir la tensión
aumentada, causada por la urgencia de los impulsos instintivos o por la
disminución de las defensas del yo contra estos". Con ser una definición tautológica (impulso … es causado por
la urgencia de los impulsos…)
tiene la virtud de delimitarlos marcando claras diferencias con
"obsesiones" y "compulsiones".
La
diferencia entre obsesión-compulsión y fobia, queda perfectamente
explicada en la definición de esta última. En el DSM-IV, fobia es
"temor acusado y persistente que es excesivo o irracional,
desencadenado por la presencia o anticipación de un objeto o situación
específica".
La
inclusión de "anticipación" podría complicar las cosas, si
no queda bien definido. Un ejemplo: un temor obsesivo, ¿es una fobia?
La respuesta correcta es no. El concepto de "anticipación"
(tal y como aparece en la definición de fobia) debe incluir la aparición
real del estímulo en mayor o menor tiempo. Por ejemplo: el temor
obsesivo a suicidarse es descrito por los pacientes como "miedo a
que me dieran ganas de suicidarme". No es una anticipación (no hay
ganas ni expectativas de suicidio) sino miedo, en ausencia de objeto o
situación específica, lo que excluye su inserción en el apartado de
fobias.
S.
Montserrat Esteve, hacia 1970, comentaba a sus colaboradores que la
diferencia fundamental entre fobias y obsesiones era que las primeras
tenían un claro fondo ansioso, y las segundas un fondo depresivo. Porta
y Vallejo, en el trabajo dirigido por Montserrat en 1971, recogían una
amplia experiencia acerca del efecto terapéutico de la clomipramina en
los trastornos obsesivos. Mi propia reacción, en esa época, era
concluir que "depresión debía de ser todo aquello que se trataba
con antidepresivos".
Las
hipótesis serotonérgicas y los estudios controlados con el empleo de fármacos
reguladores de la serotonina hacen
que nos planteemos, en ocasiones, nuevas nosotaxias más basadas en lo
biológico que en lo clínico. Según criterios biológicos, el concepto de Montserrat sería válido. Pero hoy en día los
criterios imperantes para clasificar los trastornos mentales, tanto en
el DSM-IV como en el CIE-X son de tipo clínico. Los trastornos con
crisis de angustia y agorafobia, y el TOC quedan subclasificados en el
apartado de trastornos de ansiedad.
Qué
más da. Creo que lo más relevante de todo proceso médico-enfermo es
la curación del paciente, y que la medicina no es una ciencia básica
sino una ciencia aplicada cuya finalidad es dar un cuerpo praxeológico
(normas para una praxis) que nos lleve a resolver los problemas de
nuestros pacientes.
En
este sentido creo que el lenguaje, las delimitaciones conceptuales, serán
útiles en tanto nos permitan entendernos y comunicarnos. Los sistemas
actuales de clasificación, aún cambiantes, cumplen esta finalidad.
Fueron creados, en su inicio, para la investigación y para la
epidemiología (no para el diagnóstico clínico). Pero cada vez son más
los clínicos que los emplean como una especie de alternativa a la
nosotaxia y a la psicopatología.
No
lo veo mal, a condición de que no se olvide la finalidad fundamental
(curar en la medida de lo posible). Un buen diagnóstico o una buena clasificación es digno de
encomio, pero a partir de ahí debe empezar el proceso de tratamiento.
El
TOC es un trastorno concreto. Las obsesiones y las compulsiones, como síntomas,
pueden aparecer en los trastornos depresivos, en estados de ansiedad
generalizada, en esquizofrenias, en enfermedades neurológicas, etcétera.
El estudio de sus particularidades y de su tratamiento es el objetivo de
esta obra cuyo contenido les animo a disfrutar.
[i]
Montserrat Esteve, S. et al. Patología Obsesiva. Ponencia del XI
Congreso Nacional de Neuro-Psiquiatría. Málaga 1971.
[ii]
Krafft-Ebing, R.: Beiträge zur Erkennung u. richtigen forensischen
Beurteilung kronkhafter Gemüstszustände. Enke, Erlagen,
1867.
[iii]
Westphal, C.: Ueber Zwangsvorstell. Berliner klin. Wochenschrift,
1872.
[iv]
Morel: Du délire emotif. Nevrose du système nerveux ganglionaire
viscèral. Arch. Gen Med. VI Series. 7, 385-402, 530-551, 1866.
[v]
Luys, J.: Des obsessions pathologiques dans leur rapports avec
l'activité automatique des élements nerveux. L'Encéphale, 1883.
[vi]
Capítulo "Obsessive Behaviour" en American Handbook of
Psychiatry, Silvano Arieti. T.I. Basic Books, Inc. New York. 1959.
[vii]
Arnold, M.B.: Emotion and Personality. New York. Columbia University
Press. 1970.
[viii]
Lazarus, R.S.: Stress, Appraisal and Coping, Springer Publishing c.
Inc. New York. 1966.
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