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TRASTORNOS SEXUALES EN LA INFANCIA
Los trastornos sexuales descritos en el DSM-IV son los que derivan de una disociación
entre el sexo anatómico de la persona y su percepción de la identidad sexual, o sea de
la conciencia de "ser hombre" o "ser mujer". Se describen tres
modalidades sindrómicas: el trastorno de identidad sexual en la niñez, el tranxesualismo
y el trastorno de identidad sexual en la adolescencia y en la vida adulta.
Consideraremos también los cuadros de hipersexualidad en la infancia, a pesar de que
no constituyen entidad nosológica alguna.
TRASTORNO DE IDENTIDAD SEXUAL EN LA NIÑEZ
En este trastorno, el niño siente un agudo y persistente malestar acerca de su propio
sexo, junto a un ferviente deseo de ser del otro sexo, llegando a afirmar repetidamente
que se pertenece a él. No se trata de un simple cambio de hábitos o conductas (como
sería un afeminamiento en varones o una conducta de marimacho en niñas) sino de la
alteración profunda del sentimiento de ser hombre o de ser mujer. Las estereotipias de
conducta luciendo patrones propios del sexo opuesto serían en este caso un síntoma
acompañante.
Los criterios diagnósticos del DSM-III-R son, para las hembras: Malestar persistente
por el hecho de ser una niña, y deseo manifiesto de ser un niño (o aseveración de que
ella es un niño); aversión a conductas y hábitos propios del estereotipo femenino;
rechazo de las estructuras anatómicas femeninas (aseverar que tiene, o espera el
crecimiento de un pene, negarse a orinar sentada, afirmación de que ella no desea que le
crezcan los pechos ni tener la menstruación). Para varones: malestar persistente por ser
un niño, deseo de ser una niña y/o manifestación de que es una niña; preferencia por
estereotipos de conducta femenina (vestidos, juegos, pasatiempos); rechazo de las
estructuras anatómicas masculinas (aseverar que al crecer se convertirá en mujer, que
desea la pérdida de su pene y testículos, o que sería mejor no tener testículos).
Tanto para niños como para niñas es válido el criterio de aparecer el trastorno antes
de la pubertad.
Es probable que, para estos problemas, actúen como factores predisponentes unas
condiciones ambientales que no han reforzado suficientemente los papeles masculino o
femenino correspondientes. Ya sea por ausencia de algún progenitor o por excesiva
ligazón al del sexo opuesto, ya sea por una política de débil reforzamiento de las
pautas de conducta correspondientes al sexo anatómico real.
TRANXESUALISMO
Una vez alcanzada la pubertad, el trastorno de identidad sexual pasa a convertirse en
tranxesualismo, que -junto a la inadecuación por el propio sexo anatómico real- comporta
una preocupación de al menos dos años de duración sobre cómo deshacerse de las
características primarias y secundarias sexuales del otro sexo.
Se relaciona este problema con el trastorno de identidad sexual prepuberal y, sea como
sea, tiende a producirse en el contexto de una relación familiar alterada. Los varones, a
la larga, pueden buscar ayuda en las clínicas especializadas en la resolución
quirúrgica de estos problemas, aunque también las mujeres -en menor proporción- pueden
hacerlo. Es prudente subdividir este trastorno en relación a la orientación sexual del
individuo: asexual, heterosexual u homosexual (que de todo hay). Curiosamente la
percepción "homosexual" es negada por muchos de esos sujetos, que dicen
sentirse atraídos "por el otro sexo", al cual niegan su pertenencia por más
que los elementos anatómicos y cromosómicos tengan algo que decir.
TRASTORNO DE IDENTIDAD SEXUAL EN ADOLESCENCIA Y VIDA
ADULTA
Corresponde al transvestismo no fetichista. El sujeto siente el malestar propio de los
trastornos por identidad sexual, no llega a tener la preocupación acerca de cómo
eliminar los detalles anatómicos que considera sobreañadidos, pero se transviste en
forma recurrente o persistente (y no con la finalidad de hallar placer o excitación, como
en el caso de los fetichistas). También estos casos se subdividen en homosexuales,
asexuales y heterosexuales, con las mismas complicaciones semánticas ("todo es
según del color...") antes advertidas.
HIPERSEXUALIDAD
Resulta ciertamente difícil establecer criterios diagnósticos para la
hipersexualidad. De hecho, el DSM-IV obvía este diagnóstico, tanto en el apartado de
trastornos infantiles como en el de adultos. Sin embargo no es infrecuente la consulta
acerca de conductas sexuales, que padres y/o maestros consideran anormales, en niños y
niñas.
Los juegos sexuales aparecen alrededor de 2-4 años, y muchas veces cuando el niño/a
empieza a ir a la guardería o parvulario. Las doctrinas psicoanalíticas ponen mucho
acento en la sexualidad, oral desde el nacimiento, anal hacia los 2 años y genital en la
fase edípica. Es un hecho el manoseo de genitales, propios o ajenos, hacia los 2-3 años.
A veces recibimos consultas alarmadas cuando madres o maestras bienpensantes han visto
herida su sensibilidad por conductas infantiles de esta naturaleza. Lo prudente es no
angustiarse, no hacer un drama del asunto, desviar la atención del niño/a hacia otras
actividades (ofrecer otra conducta como alternativa), y lo más probable es que el niño
sea el primero que no le da importancia. En este tipo de conductas, como ante cualquier
disturbio funcional del comportamiento, lo esencial es mantener la calma. Los niños, a
esas tempranas edades, captan la ansiedad del ambiente y reaccionan a su vez con tensión,
lo cual puede hacerles "fijar" el comportamiento indeseado.
En niños de 4-6 años los juegos sexuales tienden a disminuir, para reaparecer hacia
los 7-8 años, edad en la que pueden presentarse elementales idilios, o juegos de esa
naturaleza en grupo. Menos frecuentes son hacia los 9-10 años, apareciendo un mayor
recato en las relaciones niños/niñas. En la preadolescencia y la adolescencia aparece
una progresiva impregnación erótica de la personalidad, si bien cuadros hipereróticos
son índice de perturbaciones psicológicas.
Debe valorarse la posibilidad de una depresión ante cualquier signo de este tipo, a
cualquier edad. Es pertinente la evaluación psicológica, para establecer si las
características globales del niño/a y de su sexualidad merecen o no un abordaje
especializado.
CONDUCTA A SEGUIR (TRASTORNOS SEXUALES)
1. Ante problemas incipientes en cuanto a la identidad sexual, cabe detectar si las
pautas de reforzamiento del medio familiar son adecuadas, o bien si -con mayor o menor
consciencia y voluntariedad- se están favoreciendo pautas de identificación sexual, o
hábitos comportamentales, correspondientes al sexo contrario del anatómico. Si el
ambiente es maleable (por predisposición, por nivel cultural...) es factible aconsejar
unas pautas más definidas.
2. Suele tratarse de problemas complejos, que deben ser abordados desde un punto de
vista psiquiátrico. Es frecuente que, en ambientes deficitarios en lo socioeconómico,
tales problemas se oculten (o se contemplen con cierta dosis de fatalismo). Ello favorece
su perpetuación en la fase adulta, donde cristalizan en trastornos de transvestismo o de
transexualismo.
3. Ante conductas por hipererotismo hay que recomendar calma. Examinar si las conductas
preocupantes están o no dentro de los parámetros de normalidad para cada grupo de edad.
Ante la duda, solicitar evaluación psicológica o psiquiátrica, procurando contactar con
profesionales sensatos que tengan claro lo de "primum non nocere".
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