sindrome ulises

Emigrar es algo muy común en nuestro siglo. Recientemente, la gran oleada de refugiados que vienen de Siria y de otros países con conflictos bélicos está poniendo en el orden del día el tema de la inmigración, sobretodo, en los países europeos.

La emigración se está convirtiendo en la única opción para millones de personas, que aunque parece la mejor alternativa para su situación, supone a la vez unos niveles de estrés tan intensos que pueden llegar a superar la capacidad de adaptación de los seres humanos. Estas personas sufren el riesgo de padecer el Síndrome del Inmigrante con estrés crónico y múltiple, también denominado el Síndrome de Ulises.

A nivel antropológico, se sabe que la capacidad de emigrar es uno de los rasgos distintivos de nuestra especie y se halla en la base de nuestro éxito evolutivo. Entonces, si somos los humanos tan buenos emigrantes, ¿cómo es que resulta tan terrible hoy en día este proceso, hasta el punto de afectar a la salud mental?

La realidad a la que nos enfrentamos es que nunca la situación de los inmigrantes había sido tan dramática como actualmente y, además, hay que añadir el hecho de que es un tema que se trata con una gran deshumanización ya que se presta muy poca atención a los sentimientos y vivencias de los inmigrantes.

El proceso de duelo se dan en todos los procesos, des del joven que se va a Londres a trabajar al padre de familia que viene de Siria hacia Europa, pero no es lo mismo vivir la migración en buenas condiciones (duelo simple) que emigrar en situaciones límite (duelo extremo) cuando las condiciones son tan difíciles que no hay posibilidad de elaborar el duelo y se entra en una situación de crisis permanente. Este último tipo de duelo es el característico del Síndrome de Ulises.

¿Qué estresores hay en el Síndrome de Ulises?

  • La separación forzada de los seres queridos
  • La sensación de desesperanza por el fracaso del proyecto migratorio y la ausencia de oportunidades
  • La lucha por la supervivencia (buscar alimento, techo, trabajo)
  • El miedo que viven durante los viajes migratorios (ir en pateras, escondidos en camiones, en pesqueros…), las amenazas de las mafias o el miedo a la detención y expulsión del país

Todos estos estresores, aparte de ser graves por si solos, son crónicos (estas situaciones límite pueden afectar a la persona durante meses o incluso años) y los acompaña el sentimiento de indefensión (haga lo que haga no puede modificar su situación). Además, estas personas no suelen tener redes de apoyo social (la familia y los amigos están lejos) y, asimismo, el sistema sanitario y asistencial no atiende adecuadamente esta problemática (por desconocimiento, por falta de recursos, por insensibilidad…).

No hay que confundir este síndrome con un trastorno mental, ya que aunque algunos síntomas sean similares a otras patologías, es importante distingirlo. Los inmigrantes con síntomas pueden ser tratados como enfermos depresivos, psicóticos, enfermos somáticos… empeorando aún más su situación des del sistema sanitario por un mal enfoque de tratamiento.

¿Qué síntomas caracterizan el Síndrome de Ulises?

Esta vivencia afecta a la personalidad y a su equilibrio mental, además de tener consecuencias a nivel físico o somático. Los síntomas más típicos son:

– Depresivos: tristeza y llanto

– de Ansiedad: tensión, insomnio, pensamientos recurrentes, irritabilidad

– Somáticos: fatiga, molestias musculares o articulares y migraña

– Confusionales: desorientación y/o despersonalización

¿Por qué Síndrome de Ulises?

Ulises era un héroe griego que padeció innumerables adversidades y peligros lejos de su hogar y de sus seres queridos. Sin embargo, la Odisea que sufrió Ulises para volver a casa no es muy diferente de las emigraciones que tienen que hacer algunas personas hoy en día, que tienen que aguantar situaciones de extremada dureza actuando como héroes.

Ulises era un semidiós que a duras penas sobrevivió a las terribles adversidades a las que se vio sometido en su viaje. Sin embargo, la gente que llega hoy a nuestras fronteras son personas de carne y hueso, y viven episodios tan o más dramáticos que los descritos en la Odisea. La soledad, el miedo, la desesperanza hacen sentir al emigrante que no es nadie, una persona invisible, sin identidad y sin derechos, sin autoestima ni integración social. Y así, no puede haber tampoco salud mental.

“ …y Ulises pasábase los días sentado en las rocas, a la orilla del mar, consumiéndose a fuerza de llanto, suspiros y penas, fijando sus ojos en el mar estéril, llorando incansablemente…” (Odisea, Canto V, 150),

“me preguntas cíclope cómo me llamo…voy a decírtelo. Mi nombre es nadie y nadie me llaman todos…” (Odisea Canto IX, 360).

Para más información pueden consultar el libro La depresión en los inmigrantes: una perspectiva transcultural del Dr Joseba Achotegui. Ediciones Mayo Barcelona. 2002

Magalí Andreu,
Psicóloga