Cuando nuestros hijos son bebés pueden tener problemas para dormir. Algunos se despiertan a medianoche llorando y otros no concilian el sueño a las horas que en principio tienen estipuladas. Si consultamos al pediatra nos dará varias razones para intentar explicar estas dificultades como que tiene cólicos, que aún no ha cogido bien las rutinas o que es un niño más agitado y que duerme menos horas.

La necesidad de dormir bien

En general, el médico nos tranquilizará y nos pedirá paciencia, diciéndonos que los bebés suelen tener dificultades de este tipo, que conforme nuestro hijo crezca se irá normalizando la situación.

Conforme se van haciendo mayores, nuestros hijos van regulando las fases de sueño y empiezan a dormir más horas seguidas sin despertarse y sin problemas para conciliar el sueño.

De todas formas, es habitual encontrarnos en consulta a niños con edades a partir de los 5 – 6 años que continúan sin poder dormir bien.

Una vez descartadas las posibles causas orgánicas, debemos plantearnos qué factores ambientales y psicológicos pueden estar interfiriendo para que el hábito de dormir se vea afectado.

En este artículo nos centraremos en los aspectos psicológicos, aunque en todos los casos, es importante descartar factores orgánicos y médicos antes de intentar aplicar ningún tipo de solución.

Ansiedad por separación: “Mamá ven a dormir conmigo”

La ansiedad por separación, es un tipo de ansiedad que se produce en el niño cuando nos separamos de él, en situaciones en las que no debería ponerse así y en las que el niño manifiesta un profundo malestar y sufrimiento.

Algunos niños están muy unidos a sus madres o padres, tanto que cuando llega la hora de separarse por cualquier motivo, incluso para ir a dormir a su cuarto, se ponen ansiosos. Empiezan a llorar y a hacer pequeñas rabietas, diciendo que por favor durmamos con ellos o nos piden poder ir a dormir con nosotros a nuestra habitación.

Delante de estas situaciones, es importante analizar la relación existente entre el niño y su progenitor. En los casos en los que el niño manifiesta un apego desadaptativo, analizaremos toda la situación e intentaremos poco a poco promocionar su seguridad personal y autonomía. Al mismo tiempo, analizaremos detalladamente nuestro comportamiento pues muchas veces somos los mismos padres los que inculcamos y potenciamos, sin darnos cuenta, esta ansiedad en nuestros hijos.

Un ejercicio que yo misma he probado en terapia y ha dado buenos resultados es coger una cuerda larga, darle un extremo al niño en su habitación y coger el otro extremo nosotros hasta nuestra cama. Así creamos un simulado “cordón umbilical” que les puede servir de paso transitorio hasta que puedan dormir solos sin problema.

Miedo a la oscuridad: “Mamá no apagues la luz”

A veces, los niños desarrollan miedos y fobias concretas. Normalmente, están causadas por su inseguridad y otras porque nosotros mismos se las hemos potenciado sin ser conscientes de ello.

En estos casos, no dudéis en facilitarles las cosas. Si el niño dice tener miedo a la oscuridad, dejadles una pequeña luz encendida o la puerta medio entreabierta con la luz del pasillo abierta. En ningún caso les obliguéis a superarlo por la fuerza cerrando todas las luces, les podemos crear todavía más trauma. Será importante quitarle importancia al problema, intentado normalizar la situación al máximo.

Una técnica que puede ser muy eficaz es el refuerzo positivo a través de técnicas conductuales como hacer fichas de los logros conseguidos, dibujando en un papel todas las noches de la semana y pegando pegatinas de colores en los días en los que el niño ha conseguido dormir bien.

Otras fobias: “Mamá hay un monstruo en el armario”

Los niños son muy imaginativos y creativos. Muchas veces manifiestan sus miedos y sus inseguridades creando monstruos y fantasmas que les acechan por la noche a la hora de dormir.

Como en todos los casos en los que hay un problema de este tipo es muy importante analizar todos los aspectos antes de poner en marcha una solución. Sobre todo, nunca les forcemos a superar sus miedos, podemos aumentar la dificultad y convertirla en algo crónico. Cuando un niño no duerme bien y nos manifiesta miedo o ansiedad es porque algo pasa. Recordemos que son pequeños y no tienen la misma forma de expresarse que un adulto. En todos los casos deberemos interpretar correctamente lo que nos intentan transmitir.

Fijémonos en si últimamente el niño ha estado expuesto a situaciones de estrés. Cualquier cambio en su rutina, como empezar en un colegio nuevo o alguna pérdida reciente, pueden propiciar este tipo de fobias.

Una buena manera de afrontar estos miedos es a través de métodos de externalización. Los niños no pueden gestionar sus miedos y emociones de la misma forma que un adulto. “Sacar el problema fuera” puede ayudarles a entenderlo, manejarlo y afrontarlo más fácilmente. Por ejemplo, hacer un dibujo del miedo, ponerle nombre y reírnos del personaje creado. Comprarle un muñequito que represente al miedo y castigarlo poniéndolo en el congelador si le viene a molestar por la noche.

Recordad, son niños, tenemos que utilizar un lenguaje y técnicas adaptadas a ellos, o sea que dejad correr vuestra imaginación y manos a la obra.

Malos hábitos: “Mamá no tengo sueño”

Como llevamos diciendo durante todo el artículo, antes de aplicar una solución analicemos antes cual es el problema. Muchas veces, el niño no tiene sueño a la hora de irse a dormir. Observemos que el niño está cumpliendo rutinas adecuadas para su edad, levantándose siempre a la misma hora, ni muy tarde ni muy temprano y fijando una hora prudencial para que se vaya a dormir. Asegurémonos que cuando va a dormir a la habitación no se queda leyendo o jugando a la Game Boy.

También es importante que tengan una rutina adecuada en las comidas, que no están tomando alimentos que les puedan estimular más de lo necesario como bebidas con cafeína o demasiado azúcar.

Observad si están haciendo el ejercicio necesario de forma diaria. Pensemos que los niños tienen mucha energía y si no la canalizan adecuadamente, después no tienen sueño a la hora de dormir.

Una vez nos hemos asegurado que todos sus hábitos y rutinas son los correctos, si el niño sigue teniendo problemas de insomnio, deberemos contemplar otras posibilidades.

Ansiedad de anticipación: “Mamá tengo insomnio”

He tenido casos en terapia de niños que no pueden dormir, porque en algún momento ya han tenido dificultades con el sueño, se les ha cronificado y ahora tienen ansiedad de anticipación por no poder dormir. Este tipo de ansiedad y miedo lo que hace es ponerlos más nerviosos todavía y aún les dificulta más el poder conciliar el sueño.

En estos casos es muy importante que los padres le quiten importancia al problema. Cosas que les podemos decir a nuestros hijos si se encuentran en esta situación es que lo peor que puede pasar es que no duerman y al día siguiente tendrán un poco más de sueño para ir al colegio, pero que seguramente, la próxima noche ya podrán dormir con normalidad. Debemos transmitirles que no pasa nada por tener insomnio.

Decidles que se lo tomen con calma, si hace falta se pueden quedar en el comedor mirando la tele.

En este tipo de casos, para quitar la ansiedad por no poder dormir van muy bien las indicaciones de tipo paradójico, por ejemplo decirles que en lugar de intentar dormir, lo que deben hacer es intentar con todas sus fuerzas no hacerlo.

Todos estos ejemplos son algunas de las causas que pueden llevar a nuestros hijos a tener trastornos del sueño. Si ya habéis probado todas las soluciones que se os han ocurrido y el problema persiste, no os preocupéis, en esta vida casi todo tiene solución. Acudid a un profesional, ya sea psicólogo o psiquiatra infantil y seguro que acabaréis encontrando la solución.
Buenas noches y felices sueños.

Helena Romeu Llabrés
Psicóloga Clínica