Adicción a la cocaína: un caso práctico

Jaime tiene 39 años. Está casado con Juana y tienen gemelos de 4 años de edad. Él es inteligente, trabajador y emprendedor, muy ambicioso y desde muy joven ha ido abriendo diferentes negocios que han ido creciendo y a día de hoy tiene una empresa muy potente en el mundo de las nuevas tecnologías e Internet. La sede central está en Estados Unidos, por lo que debe viajar a menudo. Su nivel adquisitivo actual es bastante elevado.

Acude a mi consulta porque se siente algo bajo de ánimos y también se siente más irritable de lo habitual. Me dice que ya no disfruta de las cosas como antes. Ha dejado de hacer deporte, cuando antes le encantaba, pero actualmente no encuentra la voluntad para hacerlo. Además, últimamente ha empezado a sentirse ansioso, incluso describiendo episodios que encajan con ataques de ansiedad.

Como detecto sintomatología significativa de tipo ansioso-depresivo le recomiendo que vaya al doctor de cabecera para que le recete un poco de medicación antidepresiva. Al mismo tiempo, empezamos terapia psicológica trabajando, sobre todo el ámbito laboral.

Últimamente, Jaime tiene mucho estrés en el trabajo. Ha realizado unas cuantas operaciones mercantiles que le han supuesto invertir más tiempo y dedicación. Su empresa está creciendo muy rápido y su estructura ya no puede soportar el volumen de proyectos que entran, lo cual se traduce en que Jaime dedica muchas más horas al trabajo. La competencia en este sector es muy elevada, y constantemente tiene que hacer nuevos fichajes de técnicos pues los que tiene se van a otros proyectos. Le digo que, independientemente de la medicación, tiene que empezar a replantearse un cambio estructural en la esfera laboral. Esta parte de su vida le ocupa demasiado tiempo y esfuerzo y esto hace que desocupe otras áreas de su vida, como la familia.

Después de algunas sesiones trabajando estos aspectos, le comento que sería interesante que su mujer viniera a una sesión conjunta. La medicación ya está haciendo sus efectos y Jaime vuelve a sentirse con más energía y de mejor humor.

En la sesión con Juana ésta manifiesta mucho malestar en cuanto a su situación familiar. Se queja de que Jaime pasa mucho tiempo trabajando y saliendo de fiesta con los amigos y que le dedica poco tiempo a ella y a los niños. Dice que su marido ha tenido una infancia difícil, con un padre muy restrictivo y autoritario y que cree que esto le ha afectado. También comenta que quizás bebe demasiado alcohol y que tiene un consumo esporádico de cocaína, pero sin importancia. Trabajamos estos aspectos y empezamos a espaciar las sesiones, pues parece que está mejorando rápidamente.

Al cabo de algunas sesiones, de repente Jaime me confiesa que lleva varios meses consumiendo mucha cocaína. Toma saliendo de fiesta con los amigos, entre semana e incluso ha empezado a consumir en el trabajo. Está asustado pues se da cuenta de que la situación se le ha ido de las manos.

Le digo que a partir de ahora nos veremos semanalmente y que también le derivaré a un psiquiatra del centro. Creo que la situación es grave pero que el pronóstico es muy bueno pues lo más importante lo tenemos, su actitud y predisposición para dejarse ayudar y trabajar. Le digo que debe contarle la situación a su mujer y que ella debe venir a una próxima sesión conmigo. Juana así lo hace, viene a una sesión y hablamos largo y tendido sobre el tema. Pactamos que ella no debe ejercer de policía controlando a su marido sino que debe dejarle espacio y tiempo para que él mismo aprenda a autorregularse y que con ella iremos haciendo algunas sesiones para ayudarla a llevar la situación de la mejor manera posible.

En la visita con el Psiquiatra, este le receta Selincro, un fármaco bastante reciente, muy efectivo en casos de adicción al alcohol y a la cocaína. También decide derivar a Jaime al CAS (Centro de Atención y Seguimiento a las drogodependencias) de su zona. Piensa que ir a un centro de día donde recibirá atención psicológica especializada, en el que le realizarán controles de orina y dónde hará terapias en grupo con personas que tienen sus mismas dificultades, le ayudará en su evolución.

Actualmente y desde la visita con el psiquiatra, Jaime lleva dos meses sin consumir, ni alcohol ni cocaína. Es verdad que ha tenido alguna recaída, pero la evolución general es muy positiva y él parece estar cada día más concienciado de su adicción.

Por su lado, Juana ha contactado con el entorno más próximo de su marido y junto con él les ha explicado cual es la situación. Sus amigos han reaccionado muy bien y se han volcado al cien por cien en ayudarlo. La familia de él también se está portando muy bien, han aceptado la situación y le ofrecen comprensión y ayuda incondicional. Sus hermanos mayores han empezado a llamarlo para ir a correr y su madre se ha ofrecido a cuidar a los gemelos siempre que lo necesiten.

Con Jaime continuamos haciendo sesiones semanales en las cuales trabajamos, entre otros, a entender los aspectos que le han llevado a su adicción. Como yo siempre le comento, la cocaína y el alcohol son sólo consecuencias de otras dificultades más estructurales. El hecho de haber tenido una infancia difícil y restrictiva le ha hecho desarrollar pobres estrategias en cuanto a su capacidad de autoregular sus deseos y límites. Es una persona de extremos, o se pasa el día trabajando bajo mucho estrés o lo deja todo y se descontrola completamente.

Debe entender que el hecho de haber tenido gemelos ha cambiado su vida, ya no puede actuar como un adolescente, ahora debe pensar en sus hijos y aunque entiendo que ser padre le ha generado mucho estrés y le está costando muchísimo adaptarse, debe entenderlo y hacer un esfuerzo para cambiar el chip poco a poco.

La depresión no ha ayudado. Sentirse mal constantemente y sin poder disfrutar de las cosas le ha potenciado el consumo de alcohol y cocaína, que han supuesto una vía de escape desadaptativa para desconectar.

Por suerte, este es uno de esos casos que creo que podremos resolver bien. Jaime sabe que deberá estar varios años haciendo controles y estando pendiente de su adicción. No puede bajar la guardia. Ha entendido que para superar su adicción no debe sólo centrarse en ésta sino que debe realizar cambios mucho más profundos en su persona para que éstos sean más duraderos y permanentes y así evitar nuevas recaídas.

No todos los casos salen igual de bien. La adicción a la cocaína puede tener consecuencias muy graves y difíciles de solucionar. Pero Jaime tiene suerte. Su actitud voluntariosa y trabajadora, su predisposición para pedir ayuda y dejarse ayudar, su fuerza de voluntad, su familia y entorno más próximo, la terapia y los tratamientos farmacológicos conforman un equipo ganador y con todas estas herramientas seguro que Jaime superará su problema.


Helena Romeu Llabrés
Psicóloga clínica

Adicción a la cocaína: un caso práctico
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