Anorexia y bulimia: síntomas de alerta

La anorexia, del griego “an-“ (privativo)  y “orexis” (deseo, apetito), significa ausencia de apetito y se considera un síntoma médico. Posteriormente, los psiquiatras adoptan el término anorexia nerviosa para referirse al trastorno mental en el que la privación de apetito es psicológica (por miedo a engordar).

La bulimia, del griego “bous” (buey) y “limós” (hambre), significa “hambre de buey”; es un hambre muy intenso fruto de una sensación de ansiedad que sólo se puede satisfacer mediante la ingesta excesiva dirigida a eliminar el hambre y la ansiedad (Toro, 1996). Sin embargo, a esta calma momentánea le sobreviene más ansiedad y sentimiento de culpa por la pérdida de control en la ingesta.

Anorexia y bulimia, cómo afectan

Ambas, anorexia nerviosa y bulimia, son consideradas como Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA).

La primera, anorexia nerviosa, se caracteriza por una pérdida significativa del peso corporal, debido a la voluntad de querer adelgazar. Este adelgazamiento se consigue limitando o suprimiendo la ingesta de alimentos, muchas veces también mediante vómitos autoinducidos, uso indebido de laxantes y diuréticos, ejercicio físico desmesurado, y todo lo que son acciones que favorezcan la pérdida de peso.

La persona que padece dicho trastorno presenta una clara distorsión de la imagen corporal, considerándose más voluminosa de lo que es en realidad. Puede estar extremadamente delgada y percibirse con un cuerpo  con curvas que le disgustan enormemente, sintiendo un gran rechazo hacia él.

En la anorexia nerviosa no se busca estar guapo y esbelto, se persigue estar delgado y cuanto más mejor, aunque difícilmente el paciente anoréxico consigue sentirse a gusto con su cuerpo delgado, ya que persiste un miedo intenso al aumento de peso, característica emocional principal del trastorno. Quien padece dicha enfermedad basa su autoestima en el control ejercido en su peso corporal, por lo que se trata de personas con un importante nivel de control sobre sí mismas. Poco conscientes de padecer la enfermedad, niegan su bajo peso.

A nivel psicológico tienden a ser personas exigentes, perfeccionistas y rígidas, buscan conseguir un ideal inalcanzable, rechazando el cuerpo de mujer. Acostumbran a dedicarse de forma excesiva a los estudios, presentan conflictividad familiar y sus relaciones interpersonales están alteradas, llegando al aislamiento social, que suprime las gratificaciones socioemocionales y aumenta un estado de desánimo y tristeza en el paciente anoréxico.

La malnutrición mantenida en el tiempo produce alteraciones hormonales importantes, lo que da lugar a amenorrea (pérdida de menstruación) en las mujeres y a pérdida de interés y potencia sexuales en los varones. Al mismo tiempo, pueden aparecer diferentes síntomas y trastornos:   hipotermia, bradicardia, hipotensión, anemia, osteoporosis, alteraciones de la piel, caída del cabello, trastornos gastrointestinales, etc.

Junto a los trastornos somáticos descritos, aparece sintomatología ansiosa, depresiva y obsesiva compulsiva. La malnutrición provoca irritabilidad, tristeza y desánimo, pudiendo llevar a pensar con ideas de muerte y suicidio. Las conductas obsesivas se refieren a actitudes focalizadas exclusivamente a la pérdida de peso, por lo que el paciente con anorexia nerviosa centra su atención en los diferentes alimentos que le generan tanta ansiedad, en realizar ejercicio de forma exagerada…y acaban por presentar conductas ritualizadas con los alimentos que lejos de ser ingeridos, acaban por ser troceados, exprimidos, almacenados… manipulados de forma desadaptativa.

De esta forma, quien padece dicho trastorno limita su vida a conseguir su objetivo, el de adelgazar para evitar engordar. Limita sus experiencias sociales y acaba convirtiéndose en una persona altamente egocéntrica alejada de la realidad que le envuelve.

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La bulimia nerviosa se caracteriza por la presencia de episodios críticos en los que la persona que padece dicho trastorno ingiere cantidades de alimento significativamente superiores a los normalmente esperados. La persona que realiza esta conducta desmesurada de ingesta, por lo general, no quiere hacerlo, y siente una enorme pérdida de control sobre sí mismo.

A los atracones les siguen conductas destinadas a no engordar por aquello ingerido, por lo que realizan vómitos autoinducidos, uso indebido de laxantes, ayunos y restricción alimentaria compensatoria…

Los paciente bulímicos también basan su autoestima en su peso, aunque los niveles de ansiedad incontrolable pueden ser más intensos que en la anorexia nerviosa. También se experimenta tristeza y sentimientos de culpa.

Los estados de ánimo disfóricos (ansiedad, tristeza, aburrimiento…), situaciones de estrés son desencadenantes de la conducta bulímica, el atracón.

A diferencia de los pacientes con anorexia nerviosa quienes presentan un hipercontrol sobre sí mismos, los pacientes con bulimia nerviosa tienden a presentar un déficit en el control de los impulsos, así no solo pierden el control en la ingesta de un atracón, sino que en otras áreas de su vida pueden tener dificultades para regularse adecuadamente, presentando por ejemplo consumo de tóxicos, compras compulsivas…

Trastornos con conductas y perfiles diferentes, que se asemejan más de lo que parece y  que por ello frecuentemente oscilan desde la anorexia a la bulimia

Laia Oliva

Psicóloga-Psicoterapeuta