Dr.Romeu y Asociadas · Blog · Coaching : Aprender a gestionar el fracaso personal

En nuestra sociedad, el fracaso se concibe como algo negativo aunque personalmente no estoy de acuerdo. Aparte de tratarse de algo inevitable por lo que todo ser humano va a pasar, creo que se trata de una oportunidad indispensable para nuestro crecimiento personal. Recordad, sin errores no aprendemos, pues determinadas cosas las integramos solamente una vez las hemos llevado a cabo varias veces y hemos fallado en los intentos.

El fracaso personal

Pensad, por ejemplo, cuando un adolescente tiene su primer desengaño amoroso, lo pasa muy mal, pero pasar por este proceso le ayudará en posteriores situaciones a gestionarse mejor. Este adolescente crecerá y se volverá a enamorar y, en alguna que otra ocasión, volverá a ser rechazado, pero en las próximas situaciones, tendrá como mínimo la experiencia de haber pasado ya por ello y haberse dado cuenta que nadie se muere de amor. Tendrá la certeza de que lo pasará mal, claro, pero también de que el dolor se acabará y, con el tiempo,  volverá a enamorarse de nuevo.

Tened en cuenta también que el fracaso está presente en nuestras vidas desde muy pequeños. Por ejemplo, el niño que empieza a andar lo ha conseguido porque lleva tiempo intentándolo y cayendo al suelo. Nadie aprende a caminar de un día para otro, sino que se trata de un proceso, como prácticamente todo lo que hacemos en nuestra vida.

1) Así pues, para gestionarlo adaptativamente, primero debemos cambiar la concepción negativa que tenemos del fracaso y no verlo como una derrota, sino como algo positivo. Es, en resumen:

  • Inevitable: pues forma parte de la vida misma y es imposible de esquivar.
  • Una oportunidad: para crecer a nivel personal.
  • Experiencia: que facilitará una mejor gestión de próximos fracasos.
  • Necesario: pues aprendemos a través del ensayo – error.
  • Un proceso: de cambio que se da a lo largo de nuestra vida. Forma parte de nosotros.

2) En segundo lugar, para poder gestionar el fracaso y aprender a tolerar la frustración que este provoca es necesario reconocerlo. Debemos ser sinceros con nosotros mismos y no engañarnos. Seamos humildes y reconozcamos nuestra humanidad, la que nos hace equivocarnos una y otra vez. Démonos cuenta de que tenemos derecho a equivocarnos y no pasa nada. Debemos ser compasivos con nosotros mismos y no culpabilizarnos, en lugar de eso, seamos constructivos y prácticos, aprendamos de los errores y volvamos a intentarlo. Así pues, los pasos a seguir son:

  • Reconocer: nuestras equivocaciones, sólo así podremos gestionarlas. Errar es humano, tanto para lo bueno como para lo malo.
  • No a la culpabilidad: porque no sirve para nada. Tengamos compasión de nosotros mismos.
  • Volvamos a intentarlo: pues al final, con esfuerzo y perseverancia, si nuestros objetivos son realistas, lo conseguiremos.

3) Y no nos olvidemos de nuestras emociones. Debemos analizar el proceso una y otra vez hasta que ya no quede nada más que interpretar. Es básico mejorar el nivel de introspección y afrontar nuestras emociones. Una correcta gestión de estas nos ayudará a continuar para adelante de forma sana y funcional. Gestionar a nivel emocional y racional, será un paso indispensable para aprender a tolerar bien la frustración. Está claro que a nadie le gusta que las cosas le salgan mal, pero sino analizamos los errores, sino nos conocemos a nosotros mismos, cada vez que nos equivoquemos lo viviremos como una tragedia, y no os engañéis, os pasaréis el resto de vuestras vidas errando, como todos los demás. Aprended lo antes posible a gestionar el fracaso, pues es un compañero fiel del ser humano. Entonces, resumiendo:

  • Mejoremos nuestra introspección: Aprendamos a conocernos mejor a nosotros mismos. Es la única manera para poder solucionar las cosas de forma adaptada.
  • Analicemos nuestras emociones: pues si la obviamos, nos perseguirán en posteriores ocasiones.

4) Por último, centrémonos en la solución. Una vez, hemos visto el fracaso como algo positivo, lo hemos reconocido y hemos analizado la situación tanto racional como emocionalmente, pongámonos manos a la obra. Levantémonos, volvamos a intentarlo y caminemos de nuevo hacia nuestro objetivo. Y sobre todo, no os agobiéis si os volvéis a equivocar. Lo importante no son las veces que nos caemos sino las veces que nos volvemos a levantar. Como he dicho antes, aprendamos de nuestros fracasos y que éstos nos sirvan para, en un futuro, hacer las cosas mejor.

Finalmente, os daré un consejo que acostumbro a dar a mis pacientes: “Equivocaros todo lo que podáis”.

Helena Romeu
Psicóloga clínica