Cómo aprender a ser responsable: Me cuesta mucho levantarme e ir a trabajar

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Hoy no me puedo levantar

Seguro que alguno de vosotros os sentiréis identificados con este prólogo: “7.00h AM. Suena el despertador. Horrible. Alargo la mano a ciegas y lo pospongo. Dormiré solo un ratito más. 7.15h AM. Vuelve a sonar. Bufff, qué sueño. Lo apago. Un ratito más… Después de varias veces sonando, ya son las 9.30h. Llego tarde a trabajar. Podría esperar un rato más y llamar al trabajo diciendo que no me encuentro demasiado bien. Total, a estas horas ya tendré que dar explicaciones. Lo mejor será decir que no voy. Tengo tanto sueño, qué pereza, no quiero ir. Mando un mensaje a mi jefe diciendo que he pasado una mala noche. Vuelvo a dormir. Pasan las horas, no me quiero levantar. Empiezan los pensamientos de culpabilidad. Ya lo he vuelto a hacer. Si continúo así, al final me echaran. 14.00h PM. Llama mi madre. Miento y le digo que estoy trabajando. No quiero salir de la cama, no quiero afrontar el día. No me siento orgulloso. Esto no puede continuar así. Mañana voy seguro.”

Ansiedad, baja autoestima y descontrol

Trabajando como psicóloga, a lo largo de los años, he llevado varios casos de personas que tenían dificultades para levantarse por las mañanas e ir a trabajar. Algunos de ellos, repiten estas conductas trabajo tras trabajo. La dinámica siempre es la misma: Consiguen ir algunos días seguidos al trabajo, hasta que un día no se levantan y se quedan durmiendo. Aparecen las excusas, las mentiras, las justificaciones. La sensación inmediata de bienestar, cuando deciden no ir a trabajar y quedarse durmiendo, es muy elevada. Al cabo de unas horas, estas buenas sensaciones desaparecen y empieza el vértigo, el malestar, la culpabilidad, el miedo a ser descubierto, las mentiras, etc.

El problema es que, por mucho que estas personas se proponen cambiar y empezar a despertarse cuando toca e ir cada día a trabajar, no pueden hacerlo. No entienden qué les pasa. ¿Por qué no pueden hacer algo tan sencillo para otros? ¿Cómo puede ser que no tengan la suficiente fuerza de voluntad para levantarse? Porque la realidad es que estas personas comentan que les es imposible levantarse, que es como si estuvieran pegados a las sábanas, que una sensación muy fuerte de incapacidad les invade y que les imposibilita luchar con la suficiente fuerza para poder levantarse e ir a trabajar, al menos, de forma regular y continuada.

Cuando la persona empieza con este tipo de conductas, al principio no se preocupa, incluso puede llegar a alardear de ello y tomárselo a risa. Pero conforme va pasando el tiempo y observan que no pueden controlar estas ausencias, empiezan a preocuparse. Cuando el problema ya está muy instaurado, el sufrimiento del individuo puede llegar a ser muy intenso. Se unen sentimientos  de culpa, de miedo, de angustia, de malestar, de vergüenza, frustración y baja autoestima.

¿Cuáles son las causas?

Después de haber tratado varios casos parecidos, puedo concretar las siguientes casusas de este problema:

– Seguramente, existe un componente químico que dificulta la correcta activación del individuo. Más concretamente, me refiero a algún déficit de neurotransmisores en los circuitos cerebrales que regulan las respuestas delante del estrés. Hablamos de personas que tienen trastornos del sueño caracterizados, principalmente, por un sueño poco reparador, que sienten mucho cansancio y fatiga, sobre todo por las mañanas. Normalmente, hay más síntomas asociados, como la sensación de que cualquier cosa cuesta mucho más de lo que debería y que cualquier problema es mucho más grande de lo que realmente es.

– Unas características de personalidad determinadas. Personas que habitualmente quieren salirse con la suya pero que evitan las confrontaciones. Delante de las obligaciones no se opondrán directamente, pero utilizando estrategias de disimulo, trampas y mentiras acabarán consiguiendo su objetivo.

– Un tipo de educación que fomenta la irresponsabilidad. Puede tratarse de personas que han tenido padres muy estrictos y autoritarios o padres liberales que no predicaban ningún tipo de valor a las normas y límites.

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Por lo tanto, en el primer caso hablamos de personas que están acostumbradas a realizar las cosas por imposición y miedo al castigo, en lugar de haber aprendido a autogestionarse mediante ellos mismos y sus propios valores. Al ser adultos y no tener este control externo autoritario e impuesto, tienen que utilizar sus propias herramientas internas para responsabilizarse de las cosas, pero como no las han desarrollado, se encuentran solos delante de las obligaciones.

En el segundo caso, lo que sucede es que no se han integrado los valores reales de las cosas. Se ha aprendido  que en esta vida todo vale y que no pasa nada por no atender las obligaciones y responsabilidades.

En el fondo, hablamos de gente que no ha adquirido sistemas funcionales de autoregulación. Por un lado, para funcionar unos necesitan regulaciones externas, pues carecen de las suyas propias. Por otro lado, los otros tienen regulaciones internas mal adquiridas, que no son capaces de encarar las obligaciones.

Y esto, ¿cómo se arregla?

Pues este problema solo se puede solucionar si:

Concienciación: La persona se conciencia de su dificultad, quiere solucionarla y está dispuesta a ser ayudada.

Implicación: Si participa de forma activa en la solución, siendo sujeto proactivo y trabajando.

Paciencia: Uno debe ser constante y paciente, pues este tipo de dificultades requieren tiempo.

A partir de aquí, el trabajo psicológico irá dirigido hacia:

Adquirir sistemas de regulación interna adaptativos a través de mejorar la autoestima y la maduración personal. Tener una conducta proactiva, escuchar nuestra voz interior, mejorar el conocimiento de nosotros mismos y del mundo que nos rodea, aceptarnos incondicionalmente y empezar a construirnos como realmente queremos ser, sintiéndonos orgullosos de nosotros mismos.

Modificar el sistema personal de valores y beneficios. Aprender a dar una importancia real al trabajo que uno tiene, sea cual sea. Aprender a gozar del hecho de cumplir las obligaciones.

– En algunos casos, se puede valorar la posibilidad de empezar tratamiento farmacológico si se considera oportuno.

Si persistimos en nuestros objetivos y trabajamos para conseguirlos, solucionaremos cualquier dificultad que tengamos.


Helena Romeu Llabres

Psicóloga Clínica

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