La pareja es un sistema formado por dos miembros que se aman y se quieren, que deciden compartir su vida y crecer juntos.

Con frecuencia, una relación de pareja se inicia a través del enamoramiento, un estado temporal de plena ilusión, idealización del otro y pasión. El enamoramiento es una etapa que puede resultar fantástica a la vez que su intensidad, el fuerte deseo de estar junto al ser amado también puede provocar momentos de sufrimiento por la separación física del mismo.

Cuando estamos enamorados “todo fluye”. La relación parece fácil, el motor de la misma es la ilusión y el deseo. A medida que la pareja se va estableciendo y evolucionando, el enamoramiento como estado psico-fisiológico va decreciendo dando paso a un estado más sereno y de tranquilidad, que permite el irse conociendo (de forma más realista, menos idealizada), compartir vivencias enriquecedoras,  también tener opiniones dispares, gustos similares o diferentes, evidenciando que cada miembro tiene su propia percepción del mundo que le rodea, de la pareja y de sí mismo.

Aquella especie de “fusión” que se forma en los inicios tempranos de la relación va evolucionando hacia un caminar plegados en el que van floreciendo las diferencias individuales. Y eso mismo, que es de lo más natural y funcional, implica también la aparición de los conflictos, aspecto temido por la pareja pero necesario para la evolución de la misma. Ahora bien, para que la pareja pueda funcionar satisfactoriamente, necesita resolver estos conflictos. Con eso quiero decir, que evitarlos o lucharlos no son unas estrategias adecuadas ni funcionales, ya que éstas impiden el acuerdo, el pacto, el resolver. Es importante entender que para poder adaptarse el uno al otro y poder encajar  adecuadamente, el conflicto debe resolverse desde una actitud constructiva y empática, con una predisposición positiva y una buena negociación.

A continuación procedo a describir algunas conductas interactivas en parejas con un funcionamiento negativo, predictivas de una relación infeliz:

1) El afecto negativo recíproco: la capacidad que tiene uno de los miembros de la pareja de inducir emociones negativas en el otro (rabia, tristeza, desprecio…)

2) Criticismo: Es una conducta que puede aparecer cuando hay queja por parte de un miembro de la pareja. Sin embargo, es una actitud en que se descalifica o desvaloriza atribucionalmente al otro. Por ejemplo: “eres egoísta”, “¿por qué siempre lloras?

3) Defensividad: Es la conducta de defensa de sí mismo frente lo que se percibe como un ataque del otro. Es no admitir errores, eludir la responsabilidad en la construcción del conflicto y muchas veces contestar con un ataque: “Yo no he hecho nada (has sido tú)”.

4) Desprecio: Actitud que expresa poca valoración del otro. El desprecio puede mostrarse a través de una mueca o también a través del lenguaje: “es que no paras de fastidiarlo todo”, “eso no se hace así (se hace a mi manera)”

5) Indiferencia: Es una conducta de silencio, de palabras neutras con un tono ajeno al que mantiene el otro miembro. Se trata de una actitud pasiva pero con una base agresiva, que lo que provoca es más enervación en el otro.

 

Es interesante e importante en la comunicación de la pareja tener en cuenta que:

1) Las palabras tienen un 7% de valor

2) El tono de voz utilizado lo tiene de un 38%

3) El lenguaje corporal un 55%

De esta forma, vemos como la comunicación no verbal (contacto ocular, expresión de la cara, gesticulación y postura) y el tono de voz tienen una significación e impacto mucho mayor que las palabras.

Las parejas en conflicto acostumbran a malinterpretar lo que les dice el otro, a tener más desacuerdos, a dar más valor a los propios mensajes que a los de la pareja, descuidan la comunicación tanto verbal como no verbal. Su comunicación contiene quejas excesivas, críticas, descalificaciones, burlas, tonos de voz elevados… todos estos aspectos transmiten desconfianza.

En cambio, aquello que favorece la buena convivencia y la adecuada resolución de conflictos son:

1) Una comunicación rica, respetuosa y empática.

2) Una actitud de resolución de conflictos positiva, en la que el uso del humor, los cuidados y el afecto permanezcan, la visión de equipo sea la base en contra de una visión de “rival”.

3) Legitimación del punto de vista del otro miembro: por lo que uno valida la opinión del otro, en vez de desconfirmarla.

4) Entender que hay problemas solucionables y otros que por circunsancias diferentes son perpetuos. Con esos problemas que no tienen solución es importante hacer un abordaje desde el afecto y un clima positivo.

 

Si queremos tener una relación de pareja satisfactoria, viva y rica os animo a mantener una actitud con: Humor, Cariño, Muestra de interés, Escucha activa del otro (con respuestas no verbales que confirmen esta escucha), Tratar de calmarse uno mismo, Empatía y Respeto.


Laia Oliva.

Psicóloga – Psicoterapeuta.