Autolesiones en adolescentes: Un problema que va en aumento

La epidemia de las autolesiones

Cada vez hay más jóvenes que cortan y lesionan sus cuerpos, entre otros motivos, para poder gestionar el intenso dolor emocional que sufren. Según los expertos, no todos los adolescentes que tienen este tipo de conductas padecen una patología o trastorno, sino que, actualmente, hay jóvenes de todos los tipos y condiciones que pueden desarrollar estos alarmantes hábitos.

Antiguamente, los psicólogos y demás profesionales de la salud mental asociábamos estos rituales con el trastorno límite de personalidad, el trastorno bipolar, adolescentes con entornos muy disfuncionales, los trastornos alimentarios o determinados tipos de depresión. A día de hoy, estos comportamientos sumamente disfuncionales y dañinos están más extendidos que nunca y, en terapia, ya estamos viendo sobre todo a chicas que tienen dificultades para gestionar sus emociones y que se cortan en sus cuerpos para poder “sosegar” el dolor emocional, la tristeza o la rabia.

¿Por qué mi hija/o se corta?

Pues los motivos pueden ser varios. Hay situaciones muy estresantes que lo pueden desencadenar como el bullying, relaciones paterno-filiales muy conflictivas, parejas tóxicas o desengaños amorosos turbulentos.  Encontramos los siguientes tipos de casos:

  • Jóvenes que quieren llamar la atención de unos padres ausentes o poco presentes.
  • Chicos y chicas con baja autoestima y muy influenciables que acceden a webs dónde tales conductas se convierten en “moda”.
  • Adolescentes que no han aprendido a gestionar adecuadamente sus emociones y cuando sienten dolor, tristeza o rabia, la sensación es tan intensa que les sobrepasa y necesitan convertir el malestar emocional en algo físico para poder controlarlo mejor. Ellos mismos cuentan que cuando se cortan se relajan y alivian la ansiedad.
  • Personas autodestructivas que sienten la necesidad de maltratarse y castigarse y han aprendido a hacerlo autolesionándose con cortes, quemaduras o arañazos.
  • Otros casos.

¿Cómo prevenir estas conductas?

En general, cualquier prevención a largo plazo es la mejor solución. En este sentido, y como en cualquiera de las dificultades que pueden desarrollar nuestros hijos a lo largo de su infancia y adolescencia, la mejor prevención es establecer una buena relación entre padres e hijos. Para mejorar relaciones entre padres e hijos, debemos tratar a nuestros hijos e hijas con respeto y comprensión, amor incondicional, escucharlos, legitimarlos, propiciar el refuerzo positivo al mismo tiempo que les damos responsabilidades y obligaciones acordes a su desarrollo.

Cosas que sí podemos hacer

  • Explicarles cosas de nuestra vida, esperando que ellos nos expliquen cosas de la suya.
  • No imponerles que nos lo cuenten todo. Dejarles la libertad para que nos cuenten lo que quieran.
  • Intentar no castigarles sino que sean las consecuencias de sus actos las que les enseñen a ser responsables.
  • Cuando hagan algo bien, reforzémoslo.
  • Demostrémosles que les queremos incondicionalmente y que hagan lo que hagan no les querremos menos por ello.
  • Permitámosles equivocarse y ayudémosles si nos necesitan.
  • Mostrar interés por sus vidas. Aunque sus historias nos parezcan poco interesantes o aburridas, para ellos son importantes.

Cosas que no debemos hacer nunca

  • Exigirles resultados a través de amenazas o chantajes.
  • Humillarles, reírnos de ellos o deslegitimarles.
  • Castigarles con dureza y rigidez.
  • Controlarles en exceso, de forma abusiva.
  • Decirles frases aparentemente inofensivas como: “ves, cuando quieres lo sabes hacer bien”, “ya te lo decía, ya te avisé”, “como siempre, lo has hecho mal”, “si te portas mal, no te querrán”, “lo has hecho bien pero podrías haberlo hecho mejor”, “si sigues así, no llegarás a ningún sitio”, “no sé por qué estás triste, esto es una tontería y no hay para tanto”, “eres un vago”, “pareces tonto”, “seguro que no te sale bien, te vas a equivocar”, “¡No me chilles!”, “Haz lo que quieras pero después no me vengas llorando”, “no sirves para nada”, “¿Cómo has podido hacer esto? Me has decepcionado”, “me avergüenzo de ti”, “Me da igual por qué lo has hecho, estás castigado”.

Si la situación se nos escapa de las manos…

Contactemos con un profesional, ya sea el pediatra, médico de cabecera, un psicólogo o un psiquiatra. Preguntemos a los profesores cómo ven a nuestro hijo/a en la escuela. Pidamos ayuda rápidamente. En la mayoría de los casos, este tipo de problemas se pueden solucionar.


Helena Romeu Llabrés

Psicóloga Clínica

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