Joan Romeu, el fundador del Gabinete Médico y Psicológico del Dr. Romeu, reconocido médico psiquiatra y neurólogo, murió el pasado 6 de Julio.

Joan, un hombre brillante en su profesión, que ésa era además su gran vocación. Trató a centenares de personas, se pasaba el día con su bata blanca en el despacho. Tenía hora de entrada, pero no miraba el reloj a su salida.

Personaje especial. Especial de verdad. Era una persona peculiar, diferente. Diferente de verdad (me río mientras lo escribo). Carismático, seguro de sí mismo, con un humor ácido y bestia, un hombre sin constricciones sociales y al margen de los convencionalismos. Realmente auténtico.

Me uní a su equipo en 2005, pasé un año entero sentada a su lado, inmersa en las visitas  con los pacientes, aprendiendo de sus conocimientos y gozando de sus enseñanzas.

Antes decía que Joan era un ser especial. Hizo algo único y diferente:

En el piso de la Calle Bruc nº 127, 3º 2ª en plena Eixample de Barcelona, vivía una gran familia. La familia la conformábamos todos: él, su mujer, nosotros los colaboradores y evidentemente, los pacientes.

Como en una familia había de todo: risas, llantos, enfados…pero por encima de todo, calidez, confianza y estimación.

Me atrevo a decir que Joan creó y dirigió un ambiente y un estilo de trabajo en el Gabinete (dentro del marco de la psiquiatría y psicología) únicos.

Hombre de ciencias y de letras, tejió con ambas áreas del conocimiento, complementándose entre ellas y enriqueciéndose mutuamente.

Sus elevados conocimientos en medicina, el continuo estudio científico, esa gran motivación inherente a él por conseguir el tratamiento más adecuado, eficaz y respetuoso para el paciente, esa clave, su clave: conseguir no solo mitigar la sintomatología del paciente, sino buscar erradicarla, y no sucumbiendo a la tiranía de los efectos secundarios de determinadas medicaciones. Joan tenía claro que la persona es persona y desde el respeto al ser humano no permitía prescripciones medicamentosas que dejaran al paciente pasivo, adormilado, lineal. Por encima de todo, trataba que la persona que se confiaba a sus conocimientos tuviera una buena calidad de vida.

Un fundamento principal que Joan nos inculcó como objetivo básico, era el conseguir resultados claros. Para él no valían las medias tintas. El paciente sufre, tenemos que conseguir resultados. Si éstos no aparecen con el trabajo que realizamos, informamos humildemente a la persona y derivamos el caso a otro profesional que pensemos que lo pueda conseguir.

Libre de prejuicios y de mente abierta, era inclusivo en las formas de trabajo. Y ello siempre lo mostró con otra área, la de la psicología, ya que dentro del mundo de la terapia psicológica existen diferentes corrientes teóricas y metodológicas. En ese sentido, y basándonos todos en la consecución de resultados como premisa básica, Joan escuchaba activamente los conocimientos  y propósitos de sus colaboradores con respecto a los pacientes, aprendiendo también de nosotros (él también mostraba su gozo en ello) y otorgándonos plena autonomía en nuestro trabajo, desde una base de gran confianza en nuestro proceder.

Porque Joan solo quería trabajar con profesionales con los que sentía que podía confiar plenamente, tanto a nivel de conocimientos y praxis como a nivel humano y personal. Quienes estuvimos y estamos en el Gabinete, hemos tenido una relación de gran confianza mutua. Con Joan en activo, hemos funcionado, tal y como he dicho antes, como una gran familia. Con nuestros más y nuestros menos, desde el respeto y la proximidad afectiva.

Porque es un Gabinete en el que te sientes como en casa, en el que la naturalidad se palpa desde el minuto 1 en que entras, donde la cercanía entre los miembros de esta gran familia que ha dejado Joan, es aspecto característico. Donde la distancia entre los miembros, colaboradores y pacientes se minimiza, porque acompañamos en los procesos de cambio, y para ello, concebimos necesario una relación profesional cercana, natural, de confianza e incondicionalidad.

Pienso en muchos pacientes tratados por Joan, pacientes que conocí hace años, algunos de ellos tratados por Susanna o Helena y otros por mí. A ellos quiero aquí, transmitirles mi cariño. Todos, hemos compartido los mejores años del Gabinete con Joan, hemos reído, llorado, a veces hemos tenido algún enfado, hemos hablado por los codos, nos hemos ayudado y evidentemente, hemos trabajado conjuntamente. Gracias por vuestra confianza, vuestro respeto y amor.

Y lo que hemos tenido con Joan, es nuestro deber cuidarlo y mantenerlo. Que su tercer hijo, el Gabinete, siga adelante con su misma esencia.

Gracias a todos, gracias Joan.


Laia Oliva

Psicóloga y colaboradora del Gabinete