Cómo tratar a un cleptómano

La cleptomanía es un desorden psiquiátrico tipificado en el DSM-IV-TR (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) como un trastorno del déficit de control de los impulsos y que, a nivel psicológico, también se ha clasificado como una adicción.

Consejos para tratar a un cleptómano

En el caso del cleptómano, la persona muestra un impulso irrefrenable e incontrolable por substraer objetos. Aquello robado carece de valor y no es algo que necesite la persona en sí para nada en concreto.

La acción del robo viene previamente acompañada por una ansiedad y malestar interior que desaparecen una vez se substrae el objeto y que, en muchas ocasiones, comportan sentimientos de culpa, vergüenza y/o castigo para el individuo.

A diferencia de un ladrón convencional que roba para conseguir los objetos en sí (ya sea por necesidad o diversión), el cleptómano consigue el beneficio del hecho de satisfacer su impulso y así, reducir la ansiedad, de forma parecida a como funciona un trastorno obsesivo compulsivo (por ejemplo, la realización de rituales tales como encender y apagar luces para reducir la ansiedad).

Tan solo en España, según los estudios, se cree que el 5% de los robos son realizados por cleptómanos.

Las personas acusadas de esta enfermedad, tienen rasgos comunes a otros trastornos como las ideas o pensamientos intrusivos, impotencia para refrenar el impulso de robar y liberación de la presión y ansiedad tras el acto.

En la mayoría de los casos, hay afectación de otras áreas vitales de la persona, que ve deteriorados el ámbito familiar, laboral, social y/o personal.

De hecho, las investigaciones científicas sugieren que en la cleptomanía hay aspectos neurofisiológicos implicados tales como la carencia de neurotransmisores como la serotonina o la dopamina. Por lo tanto, en estos trastornos, es indicada la prescripción de un tratamiento farmacológico acorde.

Además, muchas veces hay comorbilidad con otras enfermedades como la ansiedad, la depresión o el consumo de drogas, por lo que es importante realizar una buena evaluación del caso por un profesional de la psiquiatría.

Si usted tiene un familiar o amigo cercano que sufre esta patología es importante que lo aborde de forma clara y abierta, planteando el problema directamente. A partir de aquí, es la propia persona afectada la que debe decidir qué hacer.

Para su rehabilitación, como en tantas otras enfermedades psicológicas y psiquiátricas, es vital que el cleptómano reconozca su trastorno y pida ayuda, sino, sin ayuda del propio implicado, es prácticamente imposible solucionar la dificultad.

A continuación, acudir a un médico psiquiatra y a un psicólogo, pues este tipo de enfermedades, en la mayoría de los casos, requieren tanto de medicación como tratamiento psicológico.

Algunos de los ejercicios psicológicos que se realizan en terapia son la destrucción de los objetos sustraídos, la anotación y seguimiento de las conductas impulsivas y los robos, o la ampliación de actividades placenteras para el individuo para que consiga otro tipo de beneficios más adaptativos que sustituyan el beneficio de satisfacer el impulso de robar.

Un ladrón puede pasar horas, días e incluso años planeando un gran golpe, mientras que el cleptòman obedece generalmente a un impulso relativo en función del lugar y del momento en que está. La cleptomania se puede desarrollar en la adolescencia y los jóvenes que la sufren no pueden controlar el impulso para robar objetos -nunca dinero- que no son necesarios. “Presentan una sensación de tensión emocional importando antes de hacer el robo y muestran bienestar y gratificación cuando lo están haciendo. No roban para hacer daño ni para expresar su rabia ante un tercero”, según el psiquiatra infantil Jordi Sasot.

La capacidad de controlar nuestros impulsos nos diferencia como humanos de otras especies y denota nuestra madurez psicológica. La mayoría de nosotros utilizamos nuestra capacidad de pensar antes de actuar. Pero esto no es fácil para las personas que tienen problemas para controlar sus impulsos.

Las personas con un trastorno de control de los impulsos no pueden resistirse a actuaciones que pueden ser perjudiciales para sí mismas o para otras. Los comportamientos impulsivos no son premeditados y el individuo tiene poco o ningún control sobre ellos.

Algunos de estos trastornos, como el trastorno explosivo intermitente, la cleptomanía, la piromanía, la ludopatía y la tricotilomanía, son similares en el comienzo y progresión. En general, la persona siente una creciente tensión o activación emocional antes de llevar a cabo la acción que caracteriza al trastorno. Durante la acción, la persona siente placer y gratificación. Después, puede sentir culpabilidad y arrepentimiento.


Helena Romeu Llabrés

Psicóloga

Número colegiado 19543

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