Dr.Romeu y Asociadas · Blog · Psicología : ¿Cuándo beber alcohol es un problema?
¿Cuándo beber alcohol es un problema?

En nuestra sociedad el consumo de alcohol no solamente es algo legal (a partir de los 18 años de edad) sino que a nivel social es una actividad que no está censurada o reprobada. Al contrario, incluso podemos afirmar que el consumo de alcohol está totalmente incorporado, aceptado y bien visto en nuestras actividades diarias: las copas de vino y los carajillos de las comidas, las copas de cava en todo tipo de celebraciones, la copita de whisky o coñac los fines de semana a media tarde o las copas de cerveza y cubatas cuando quedamos con los amigos. Inclusive la OMS reconoce que beber una copita de vino al día puede ser beneficioso para la buena salud de nuestro sistema cardiovascular.

Cuando beber alcohol puede convertirse en adicción

Por lo tanto, el consumo moderado de alcohol, de entrada, no significa un problema para el individuo, pero cuando este uso se convierte en una necesidad y empieza a comportar consecuencias negativas para la persona es cuando empiezan las complicaciones.

¿Cómo podemos saber si el consumo de alcohol se convierte en adicción?

El consumo de una sustancia o la realización de una conducta se consideran una adicción cuando:

  • Existe una NECESIDAD COMPULSIVA e irrefrenable. En el caso del alcohol, la persona necesita consumirlo y no se trata sólo de que disfrute con ello y le apetezca, sino que para el sujeto se trata de una necesidad y en el caso de que no pueda hacerlo aparece ANSIEDAD. El problema es que cuando preguntas a un adicto, éste suele enmascarar esta necesidad con todo tipo de justificaciones y argumentos: “Es que cuando bebo me lo paso mejor”, “Yo puedo pasar sin beber, pero no lo hago porque no quiero”, “Todo el mundo bebe, ¿no?”, “Es verdad, tuve problemas con el alcohol en el pasado, pero a día de hoy puedo beber sin problema”, “Yo no lo necesito, pero me gusta”, “¿Verdad que uno puede ser gourmet de la comida? Pues yo lo soy de los buenos licores”.
  • Si la persona deja de consumir, empieza el síndrome de ABSTINENCIA. Cuando a uno se le prohíbe beber alcohol se siente desasosegado y nervioso, de la misma forma que un fumador siente ansiedad cuando está en un espacio que no puede fumar. Cuando el alcohólico bebe después de un tiempo de privación siente calma y relajación.
  • Aparece un INCREMENTO de la adicción. Por lo tanto, el adicto al alcohol cada día necesita consumir más. Conforme pasa el tiempo, el alcohólico bebe más cantidad y con más frecuencia, pues seguramente necesita más dosis para conseguir el mismo efecto que al principio.
  • Otras actividades y ÁMBITOS VITALES de la persona se ven AFECTADOS. Conforme la adicción avanza, el resto de actividades que realiza la persona se van viendo reducidos o contaminados por el consumo de alcohol. Por ejemplo, el sujeto empieza a tener problemas económicos pues destina gran cantidad de dinero al consumo. Normalmente, la esfera familiar, laboral o social se ve deteriorada por el consumo. Por ejemplo, se acude al puesto de trabajo borracho o se llega tarde por las resacas, empiezan las discusiones familiares porque el sujeto se presenta en el domicilio familiar completamente ebrio y se comporta de forma agresiva, los amigos ya no quieren salir con el adicto pues siempre se acaba en peleas o salidas fuera de tono.
  • Finalmente, existe una INCAPACIDAD DE CONTROL de la adicción, aunque el sujeto es consciente de que debería hacerlo. La persona decide que quiere disminuir o eliminar la conducta y no puede, por más que intenta no beber alcohol, no lo consigue. El problema de muchos adictos consiste en que no reconocen su enfermedad. Niegan la evidencia e incluso se mienten a sí mismos y a los demás para poder continuar con el consumo. Como comentaba con anterioridad, el sujeto inventa excusas y argumentos, se vuelve manipulador y engañoso con su entorno.

Es importante destacar que normalmente en las adicciones aumenta la frecuencia de la conducta adictiva, en este caso el alcohol, pero depende de la persona este aumento es variable. Por lo tanto, para determinar si una persona es alcohólica o no, no nos fijamos tanto en las cantidades o número de veces de consumo sino en la suma de todos los puntos anteriormente mencionados. Recordemos que hay alcohólicos que pueden pasar largos períodos de aparente abstinencia y de repente volver a las andadas.

También debemos tener en cuenta que existen personas que disfrutan bebiendo alcohol y no por ello son alcohólicos. Sólo cuando el consumo se convierte en una necesidad malsana y el sujeto pasa a ser esclavo del alcohol (lo reconozca o no) es cuando se requiere una intervención por parte de un profesional, ya sea un psiquiatra o un psicólogo.

Helena Romeu Llabrés Psicóloga Nº col. 19543