Educar en positivo consiste en proporcionar a tus hijos la mejor educación desde el respeto, el afecto y el bienestar siendo firmes en nuestras normas y límites pero sin recurrir a la agresión física ni verbal.

Resulta curioso, pero seguramente somos los primeros en decir a nuestros hijos: “en el parque no se pega a otros compañeros de juegos”, “hay que pedir las cosas y no quitarlas” o, también, “se habla flojito”, pero en muchas ocasiones, no somos capaces de aplicarnos estos mismo consejos en relación a nuestra educación con nuestros hijos. Muchas veces, por nuestro día a día y nuestra difícil tarea de conciliar vida familiar y profesional, perdemos muy rápido la paciencia con nuestros pequeños y nos permitimos, como no lo haríamos con otras personas adultas o ajenas a nuestra casa, levantarles la voz, exigirles las cosas o incluso agarrarles con fuerza cuando nos sentimos desbordados. ¿Es esto justo? ¿Es coherente con lo que les pedimos que ellos hagan?

Por todo ello, es interesante reflexionar en la etapa evolutiva en la que se encuentra nuestro hijo y lo que podemos esperar de ellos y, por tanto, pedirles. Escoger una comunicación adecuada y coherente, de manera asertiva y empática y, sobre todo, fomentando un vínculo basado en el afecto y la estima para que les proporcione una correcta autoestima y confianza en sí mismos.

Uno de los aspectos a replantearnos, es cómo nos comunicamos con nuestros hijos. Somos su modelo en todo y para todo y no podemos exigirles cosas que nosotros mismos no somos capaces de cumplir.

A continuación, presentamos algunos aspectos para fomentar la educación en positivo:

Dirigirnos a ellos en un tono de voz adecuado, es decir, no es necesario alzar la voz porqué aunque gritemos más, no entenderán mejor nuestro mensaje. Tampoco es justo ni coherente, exigirles que no griten ellos cuando, seguramente, en ocasiones les hemos alzado la voz nosotros.

Orientar nuestros mensajes evitando el “no”. El “no” se tiene que utilizar en situaciones concretas que pueden ocasionar algún peligro o que son normas claras. Pero si nos fijamos, utilizamos el “no” en exceso y eso hace que nuestra comunicación sea negativa y que pierda fuerza en los momentos necesarios. Por ejemplo, cuando chillan solemos decir: “no chilles” en vez de aconsejarles ” habla flojo”. Intentemos plantearnos si utilizamos adecuadamente el “no”.

Ser asertivos y empáticos. Somos exigentes con ellos y, en ocasiones, damos órdenes sin acompañarlas de ninguna explicación. Hay que ser respetuosos y afectivos y escuchar cómo se sienten y que necesidades tienen.

Dotarles de educación y vocabulario emocional. Poder hablar de cómo se sienten, ayudarles a identificar sus emociones, estados de ánimo, dotarlos de estrategias adecuadas y hablar abiertamente de los sentimientos y emociones.

Estar atentos a los mensajes que les damos. Muchas veces, por nuestro propio agotamiento, por no saber como solventar la situación o porque nos vemos superados por su comportamiento, podemos utilizar mensajes dañinos: “eres un pesado”, “si no estudias no irás a la fiesta”, “yo a tu edad…”, “es así porqué lo digo yo”, “así no vas a conseguir nada”… Muchos de estos mensajes nos salen automáticos y no pensamos en la repercusión que puede generar en nuestros hijos, dañar su autoestima y su autoconfianza. Hay que replantearse la comunicación que utilizamos. En muchas ocasiones, es preferible el silencio.

Potencia sus fortalezas. Deja que se enfrenten a pequeños retos asumibles, que aprendan, que se conozcan, que se doten de recursos, que se equivoquen…los hará crecer como personas.

Vive en positivo. Disfruta de las pequeñas cosas del día a día, comúnicate en positivo, perdona a los demás, aprende contigo y con los de tu alrededor, ten curiosidad…el positivismo es contagioso, así que será la mejor forma de enseñarles a tus hijos.

Necesitamos relajarnos. Nuestro día a día suele ser ajetreado y, la mayoría de veces, nuestros pensamientos también los son. Contagiamos nuestra prisa y nuestro estrés a nuestros hijos. Hay que aprender y enseñar a tomarse tiempo, a estar tranquilos y disfrutar de las pequeñas cosas que tenemos.

Te animamos a modificar algunas cosas de tu día a día y a ponerlo en práctica en casa, ¡seguro que notáis cambios positivos!

Por último, una conclusión muy interesante, para cuidar y querer a nuestros hijos, no se nos puede olvidar cuidarnos y querernos a nosotros mismos.


Verónica Vega
Psicóloga Infantil

Educar en positivo
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