Dr.Romeu y Asociadas · Blog · Psicología : El apego: Vínculo emocional temprano

El apego infantil, es el vinculo afectivo que se va generando entre madre (y/o padre) y el recién nacido, durante el primer o los dos primeros años de vida. En primer lugar, este vínculo garantiza la supervivencia del bebé, pero el apego infantil va mucho más allá.

La calidad del mismo, determina en gran medida estilos de apego posteriores, cuando el niño va creciendo y se hace adulto.

Así, un niño con apego seguro, tiende a desarrollarse con mayor confianza en sí mismo, pide ayuda cuando la necesita y establece relaciones y vínculos más íntimos y duraderos.

En cambio, niños con apego inseguro tienden a mostrarse menos seguros y confiados, presentan menor iniciativa, y con más facilidad establecen vínculos posteriores más inestables, de mayor dependencia o de difícil vinculación.

En los inicios de la teoría del apego, John Bowlby proclamaba que el apego se producía exclusivamente entre la figura materna y  el hijo. Desde una corriente evolucionista, defendía la postura que los bebés y las madres están programados biológicamente para crear este vínculo de apego recíproco. Esta afirmación tan contundente subestimó la contribución paterna, relegando al mismo el papel de ayudante en el cuidado del niño.

Afortunadamente, Rudolph Schaffer, llegó a concluir que en la crianza los papeles son una convención social y no tanto una cuestión biológica. Así pues, el desarrollo final del niño no depende del sexo del cuidador sino de la calidad y la fuerza del vínculo que se crea.

Para el desarrollo de un apego seguro, es extraordinariamente importante el contacto físico entre cuidador e hijo (también los es el afecto cálido y estable, y evidentemente, las curas que precisa el pequeño). Bowlby ya lo explicaba en su teoría, pero fue Harry Harlow quien lo llevó a la investigación experimental. Así, la teoría de Bowlby y las investigaciones de Harlow, fueron determinantes para tirar por los suelos las advertencias de aquella época, en las que se aconsejaba a los progenitores no acunar ni coger en brazos al bebé cuando lloraba. Así, gracias a ellos, Occidente cambió el enfoque para volver a unos cuidados parentales más lógicos, naturales y respetuosos.


Laia Oliva
Psicóloga