En la mitología clásica Pigmalión fue un escultor que se enamoró de una de sus obras. Conmovida, la diosa Afrodita insufló vida a la estatua, que se convirtió en la humana Galatea. En referencia a este mito, se denomina efecto Pigmalión al efecto de profecía autocumplida en el que las expectativas y creencias de una persona determinan que esas mismas expectativas se vuelvan ciertas.

El mecanismo por el que se produce el efecto Pigmalión se basa en la premisa de que las personas actuamos de acuerdo a nuestras expectativas y creencias. Dicho de otro modo, estas determinan, al menos en parte, nuestro comportamiento, ya que en general tendemos a validar las percepciones que tenemos de la realidad. Así, actuando de acuerdo a nuestras expectativas es más probable que estas se hagan realidad.

La relación entre alumnos y profesores

Este concepto ha sido aplicado por la psicología y la pedagogía en el ámbito de la educación formal para explicar un aspecto particular de la relación entre profesores y alumnos. Resulta que los docentes acostumbran a tener distintas concepciones de los estudiantes en función de sus resultados, su comportamiento en clase, su origen social, etc. Estas ideas que los profesores se forman acaban influenciando la manera en la que dan clase y tratan a los jóvenes. Por ejemplo, pueden mostrar mejor predisposición hacia alumnos más avanzados y plantearles tareas más motivantes. Del mismo modo, aquellos alumnos de los que no se espera gran cosa suelen recibir un peor trato: ejercicios simples y repetitivos, menos tiempo para responder, mensajes desmotivantes…

Como decimos, la concepción que los maestros tienen de los alumnos influye en gran medida en las actitudes que los docentes adoptan ante una clase. Esto se traduce directamente en los resultados académicos de los estudiantes, ya que los mensajes positivos o negativos actúan como refuerzo a una tendencia de fondo. De esta manera, quienes acostumbran a sacar buenas notas y reciben un refuerzo positivo las mejoran; en el caso contrario, los estudiantes con mayores dificultades se estancan en ellas.

¿Existe una predisposición?

De esta manera, los docentes tienen una importancia decisiva en los resultados académicos y en el rendimiento escolar en general de los estudiantes. Esto sucede debido a que sus expectativas se traducen en actitudes conscientes o inconscientes ante las que se produce una respuesta correlativa. Diversos estudios experimentales han querido demostrar que la distinta predisposición de los profesores respecto a los alumnos influye en cómo los estudiantes responden a las actividades educativas: aquellos alumnos de los que se esperaban mejores resultados acostumbraban a conseguirlos.

Sin embargo, el efecto Pigmalión no es un efecto que se reduzca al ámbito educativo, sino que está constantemente presente en las relaciones humanas. Por ejemplo, en la crianza de los hijos los padres transmiten mensajes que pueden contener formulaciones implícitas de sus expectativas. Estas valoraciones son incorporadas por los niños como mensajes que evalúan el nivel en el que satisfacen las expectativas de sus padres. Otro tanto ocurre en el ámbito laboral, donde el refuerzo positivo o las oportunidades de aprendizaje pueden resultar en un mejor rendimiento y ambiente de trabajo. En definitiva, la idea que intentamos transmitir es que es necesario ser consciente de las propias expectativas, cómo las formulamos y cómo estas pueden influir en las personas que nos rodean.


Equipo Dr. Romeu y asoc.