mal de las montañas

Cuando una persona asciende a una gran altura de forma rápida, le es difícil adaptarse al descenso de la presión de oxígeno que se produce. A cinco mil metros de altura, la presión del oxígeno en la atmósfera es la mitad que a nivel del mar. No es frecuente que las personas corrientes asciendan hasta cinco mil metros, a menos que sea en avión, que mantiene en la cabina presiones correspondientes a mil metros de altura, en las que no hay problema.

¿A qué altitud empiezan los problemas? Más o menos a los 2000 metros, algunas personas ya pueden empezar a sentir molestias. Dolor de cabeza, debilidad general, náuseas, respiración agitada y aumento de las pulsaciones, son los más frecuentes.

El “mal de montaña” o “mal de las grandes alturas” acontece más fácilmente cuando personas poco habituadas a las altitudes efectúan ascensiones relativamente rápidas, bien a pie, bien en vehículo (coche, teleférico). El esfuerzo de subir a pie facilita la aparición de los trastornos. Si se da tiempo para la adaptación y el descanso, suele curar espontáneamente. En excursiones, por ejemplo, es fácil desandar lo andado, y volver a territorios más bajos, con lo que el problema cesa de forma rápida. En estos casos de excursiones a pie, un riesgo suplementario sería el efecto de la deshidratación y del calor.

También pueden aparecer trastornos cuando alguien se desplaza, para un viaje de varios días, a zonas de gran altitud. En estos casos, si la persona tiene problemas para adaptarse a los cambios de presión de oxígeno, los síntomas que hemos comentado pueden durar más tiempo y requerir tratamiento. Lo más frecuente, de todas formas, es que en dos o tres días, la persona se adapte y vuelva a la normalidad.

Los mayores riesgos se producen cuando personas poco habituadas realizan ascensos rápidos por encima de los 3000 metros. Se trata de alturas inusuales, al menos en nuestro país. En estos casos puede llegar a desarrollarse una inflamación (edema) pulmonar, con síntomas de fuerte tos, esputos rosados o sanguinolentos, fiebre, dificultad para respirar con intensa sensación de ahogo. Requiere el descenso inmediato y atención médica.

Además del pulmón, también el cerebro puede sufrir, y si aparecen síntomas de inflamación (edema) cerebral, tales como dolor intenso de cabeza, incoordinación, visión doble y desvaríos, el descenso inmediato es obligado, así como el traslado del paciente al hospital.

La mejor prevención es la prudencia. Incluso las personas entrenadas pueden tener mal de las alturas si ascienden rápidamente. Por encima de los 2500 metros es mejor ascender lentamente (no más de 300 metros cada día), y disponer días de reposo cuando se sube más allá de los 5000 metros.

¿Tiene el “mal de las alturas” relación con el llamado “vértigo de las alturas”? La respuesta es no. Lo que llamamos “vértigo de las alturas” no es sino un malestar psicológico intenso provocado por el miedo a caer cuando alguien está en un sitio muy elevado. El nombre técnico es “acrofobia”, de unas palabras griegas que significan “miedo a los puntos extremos”. Este temor se manifiesta por sensación de inseguridad, sensación de que fallan las extremidades inferiores, malestar general, ansiedad y, en muchos casos, temor a perder la conciencia o el control con el subsiguiente riesgo de caída.

Este tipo de trastorno es psicológico, aunque la ansiedad provoca amplias manifestaciones corporales: tensión muscular, mareos, taquicardia, respiración agitada, etc. Su tratamiento requiere la actuación del especialista (psicólogo, psiquiatra…) En según qué casos el procedimiento curativo consiste en “reaprender” el afrontamiento de las alturas, en lo que pueden ser usados muchos métodos psicológicos distintos: terapia de conducta, técnicas de relajación, hipnosos, etc. En algunas personas, la fobia a las alturas estará enmascarando un proceso de tipo depresivo. En tales circunstancias debe ser el psiquiatra quien decida el camino a seguir, probablemente una combinación de las técnicas psicológicas anteriormente citadas con el empleo de alguna medicación antidepresiva bajo estricto control.