¿Es posible mejorar la memoria?

Los problemas de memoria son uno de los déficits cognitivos más importantes, y más comunes como consecuencia de una lesión cerebral, y pueden ser debidos a distintas etiologías. Los traumatismos craneoencefálicos, los accidentes cerebrovasculares, las encefalitis (herpéticas o límbicas), la epilepsia, las hipoxias o anoxias suelen ocasionar alteraciones en la memoria, entre otras causas. El deterioro de la memoria, también es una de las características principales de algunas enfermedades neurodegenerativas, como la enfermedad de Alzheimer.

¿Se puede mejorar la memoria?

La memoria se puede clasificar de distintas formas, por ejemplo, memoria anterógrada y retrógrada. La pérdida de memoria para acontecimientos ocurridos tras el inicio de la enfermedad, o del trastorno, es la llamada amnesia anterógrada, siendo la característica principal, la afectación de los nuevos aprendizajes, afectando a la memoria reciente o, a la memoria a largo plazo. Es decir, el problema esencial es la dificultad para aprender y memorizar la mayoría de información nueva.

La dificultad para recordar acontecimientos que ocurrieron antes de la enfermedad, es la llamada amnesia retrógrada o alteración de la memoria remota.

Por otro lado, atendiendo a los procesos, el recuerdo de la información consta de tres etapas: 1. La codificación o registro de la información es necesario para qué después esta información pase a un almacén temporal o memoria a corto plazo. 2. La retención o almacenamiento de la información, y 3. La recuperación: que es el acceso a la información almacenada.

Aunque algunos pacientes puedan padecer otro tipo de déficits mnésicos, las quejas o dificultades más habituales de los pacientes que se presentan a rehabilitación son las relacionadas con el aprendizaje de nueva información (memoria anterógrada), con un mejor recuerdo de los hechos ocurridos antes del daño o antes del inicio de la enfermedad.

Los problemas de memoria repercuten en la capacidad para llevar a cabo de forma efectiva las actividades cuotidianas, o de la vida diaria, así como en las actividades sociales, vocacionales, o aficiones.

Las personas pueden olvidar hacer cosas (como tomar la medicación, apagar el fuego, pagar las facturas, asistir a las citas programadas), olvidar aquello que han dicho, olvidar los nombres de las personas, o donde dejaron sus cosas (p. ej: las llaves, el monedero), mostrar dificultades para encontrar nuevas rutas o aprender métodos nuevos, o tener problemas para recordar experiencias personales.

Para algunos, estos problemas serán leves e interferirán poco en el día a día, mientras que para otros pueden ser gravemente discapacitantes.

La mayoría de intervenciones rehabilitadoras de la memoria han intentado mejorar su rendimiento directamente, a través de ejercicios prácticos de repetición. Estas son las llamadas técnicas restaurativas, por ejemplo en esta categoría, se incluiría el aprendizaje de una lista de palabras por medio de la repetición. Sin embargo, los beneficios de esta técnica son muy limitados, ya que no se observa una generalización a otras tareas o actividades de la vida real. Esto quiere decir, que simplemente ejercitando la memoria no conlleva una mejora del funcionamiento en la vida cuotidiana.

La evidencia científica y clínica sugiere que la forma más efectiva de tratar los problemas de memoria y mejorar el funcionamiento diario es mediante el uso de estrategias de compensación (Cicerone et al., 2000, 2005; Cappa et al., 2005). El objetivo de estas estrategias es enseñar nuevas técnicas al paciente para reducir las diferencias entre las capacidades o habilidades, y las demandas del entorno.

Las estrategias de compensación se pueden clasificar en internas o externas. Las estrategias internas son aquellas que se utilizan para maximizar la capacidad de aprendizaje residual de la persona e incluye estrategias para facilitar la codificación de la información en la memoria, y la mnemotecnia. Hace falta enfatizar que estas técnicas deben de ser usadas regularmente y con esfuerzo para que sean útiles. Por ejemplo, estrategias que favorecerían la codificación serían: la aplicación de la “distributed practice”, es decir el aprendizaje es mejor cuando se hace distribuyendo la información en varios ensayos y espaciados en el tiempo, o el “aprendizaje sin errores”; es conocida la idea de que la gente aprendemos de los errores, pero para beneficiarse de ellos es necesario poder recordarlos. Así, es mejor evitar el cometer errores mientras se realiza un aprendizaje, en aquellas personas que presentan problemas de memoria (p.ej. disponer de instrucciones detalladas mientras aprendemos una tarea nueva, o a usar un nuevo dispositivo, y seguirlas hasta que llegan a convertirse en automáticas).

Otras pautas que favorecerían la codificación serían: observar atentamente y pensar activamente acerca de lo que se quiere recordar, encontrar el significado de lo que estamos aprendiendo, fortalecer la huella mediante varias modalidades (p.ej. un olor puede activar un recuerdo de forma muy vívida), Imaginación visual: aquella información que es imaginada fácilmente, es mucho más fácil de recordar que aquella puramente verbal o abstracta (p. ej. el uso de mapas cognitivos o puntos de referencia, para aprender una ruta, o imaginarse a uno mismo haciendo una tarea pendiente). Hacer asociaciones; uno de los hallazgos más robustos en la investigación es que cuánto más significativa sea la información, más fácil será de recordar. Significativa se refiere a aquello que es relevante para la persona y es fácilmente asociado al conocimiento previo. (p.ej. aprender el nombre de alguien que justo acabas de conocer pensando en alguien que ya conoces, un amigo, un actor, un cantante; dejar las botas delante de la puerta, para acordarte que hoy vas a ir a caminar con un amigo).

La mnemotecnia es un sistema que permite aprender información más rápidamente, a través de rimas o de recitar, conectando o combinando varios elementos, que se pueden recordar juntos (p. ej. usar una palabra, donde cada letra sea la inicial del objeto que necesitas comprar, o crear una historia para recordar una lista de cosas).

Y por último, las estrategias externas incluyen las ayudas externas, como el uso de diarios, agendas, libretas, alarmas, calendarios para acordarse de las citas, dispositivos electrónicos organizadores, etc., y las modificaciones del entorno, aquella organización o cambios en el entorno que ayudan a reducir las demandas de memoria (p. ej. etiquetas en los armarios, cajones y cajas de almacenaje, o contenedores transparentes para hacer más visible el contenido, uso de nuevas tecnologías o “casas inteligentes”).

Referencias:
Arango JC. (2006). Rehabilitación Neuropsicológica. México D.F: El Manual Moderno.
Bruna O., Roig T., Puyuelo M., Junqué C., Ruano A. (2011). Rehabilitación Neuropsicológica. Intervención y práctica clínica. Barcelona: Elsevier Masson.
Cappa, S. F., Benke, T., Clark, S. et al. (2005). EFNS guidelines on cognitive rehabilitation: report of an EFNS task force. European Journal of Neurology, 12, 665–80.
Cicerone, K. D., Dahlberg, C., Kalmar, K. et al. (2000). Evidence-based cognitive rehabilitation: recommendations for clinical practice. Archives of Physical Medicine and Rehabilitation, 81, 1596–615.
Cicerone, KD., Dahlberg, C., Malec, J. F. et al. (2005). Evidence-based cognitive rehabilitation: updated review of the literature from 1998 through 2002. Archives of Physical Medicine and Rehabilitation, 86, 1681–92.
Sohlberg MM, Mateer, CA. (2001). Cognitive rehabilitation: An integrative neuropsychological approach. New York: Guilford Press.
Wilson B., Gracey F., Evans J., Bateman A. (2009). Neuropsychological Rehabilitation: Theory, Models, Therapy and Outcome. New York: Cambridge University Pres.

Imma Rico

Psicóloga-Neuropsicóloga