El síndrome que nos hace sufrir innecesariamente

El fenómeno de la indefensión aprendida es una curiosa particularidad del comportamiento humano, y también animal, relacionada con nuestra capacidad de aprendizaje y de adaptación al medio. Es resultado de la exposición repetida a estímulos negativos de los cuales el individuo se ve incapacitado para escapar. Llegado un punto, ante la evidencia de no poder evitar el dolor o malestar, el individuo aprende que no es capaz de hacerlo, por lo que deja de intentarlo. El problema reside en que este comportamiento aprendido es incorporado a la forma de ser de la persona, e incluso trasladado a otras situaciones vitales, aun cuando posteriormente se aprendan estrategias adaptativas más eficaces. Se puede llegar así a adoptar una actitud pasiva o resignada ante un sufrimiento que potencialmente se podría evitar.

Investigación científica

Los primeros experimentos científicos en torno a la indefensión aprendida fueron hechos con animales de laboratorio. En ellos se exponía a un grupo de animales a un estímulo negativo (electroshock) del cual no podían escapar. Posteriormente, se los colocaba en un entorno donde el estímulo seguía estando presente pero donde era posible la escapatoria. Sin embargo, ya habían asimilado su incapacidad para prevenir el dolor, por lo que se mostraban impotentes para evitarlo y se limitaban a gimotear. De esta manera, se comprobaba la existencia del fenómeno y su carácter de comportamiento aprendido.Investigaciones más recientes se centran en aspectos neurobiológicos del fenómeno, intentado identificar las áreas cerebrales concretas que se activan en los momentos de indefensión.

La indefensión en nuestras vidas

Quizás el ejemplo de la indefensión aprendida en animales que hemos dado resulta un poco chocante, ya que habitualmente no nos vemos expuestos a esos estímulos como seres humanos. Sin embargo, se trata de un fenómeno mucho más presente de lo que podríamos pensar a primera vista. Pensemos por caso ensituaciones a las que no podemos dar solución por nosotros mismos, incluso siendo capaces de pensar racionalmente en posibles alternativas. Sensaciones de este tipo son comunes en el trabajo psicoterapéutico, y muchas veces tienen su origen en una infancia bajo estilos de crianza autoritarios. Como es evidente, un niño no tiene los recursos necesarios para hacer frente a ciertos estímulos negativos; además, aquellos tipos de crianza no fomentan su autonomía como persona ni estimulan a decidir por uno mismo. De esta manera, una vez el infante se haga adulto habrá aprendido que no puede evitar las situaciones que le provocan malestar y se mostrará indefenso ante ellas. Algo similar sucede en el ámbito educativo: a veces el profesorado se encuentra ante alumnos cognitivamente capaces de resolver ciertos ejercicios, pero que no pueden hacerlo debido a la experiencia repetida de fracasos anteriores.Cuando un estudiante acumula suspensos, al final acaba convencido de que es inútil para ese tipo de tareas y deja de intentar solucionarlas.

El ámbito terapéutico

La indefensión aprendida, en tanto que sentimiento de impotencia e incapacidad de control sobre la propia situación vital, puede ser un factor desencadenante de trastornos mentales, en particular de la depresión. Esto se debe a que la sensación de no tener el control ni poder evitar un estímulo negativo es altamente incapacitante. Pueden desarrollarse así síntomas como estrés, inestabilidad emocional, pasividad, agresividad y una erosión de las capacidades cognitivas. El tratamiento frente a estos casos implica una aprendizaje de nuevas estructuras mentales que estimulen la búsqueda de alternativas, modelos explicativos racionales y, en general, un pensamiento menos rígido.

Para finalizar, recomendamos la visión del siguiente fragmento sobre la indefensión aprendida en un entorno escolar: