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La terapia Breve Estratégica: análisis de un caso clínico

La Terapia Breve Estratégica es una manera creativa y original de enfocar la formación y solución de problemas humanos en una consulta psicológica.

La intervención terapéutica realizada en este tipo de terapia es breve (menos de 20 sesiones) y tiene como objetivo eliminar los síntomas o el comportamiento desadaptativo del motivo de demanda del paciente.

¿Qué es y en qué consiste La Terapia Breve Estratégica?

Con influencias de otras corrientes psicológicas, la Terapia Breve Estratégica pretende producir un cambio en las estructuras internas de la persona, a través de las cuales se construye la propia realidad. Se trata de una intervención duradera y radical que actúa de forma profunda y eficaz.

Este enfoque se basa en buscar e implementar comportamientos funcionales que reemplacen a los disfuncionales (los que no solucionan el problema) y así ir modificando las conductas y el modo de relacionarse de las personas con su propia realidad.

Cuando alguien acude a terapia, en la mayoría de las ocasiones, previamente ha intentado resolver su problema mediante sus propias estrategias y métodos predeterminados una y otra vez sin llegar a resolverlo.

Los nombres y detalles del siguiente caso han sido modificados para proteger la intimidad de los afectados.

El caso de Lucía

Este fue el caso de Lucía, una chica de 32 años de edad que desde hacía un tiempo había desarrollado una especie de fobia a mantener relaciones sexuales con su pareja. Según me contó, desde varios meses atrás había empezado a sentirse deprimida. Vivía una situación muy estresante en el trabajo y tenía antecedentes de depresión en su familia. Desde entonces, empezó a notar que ya no le apetecía hacer la mayoría de las cosas con las que antes disfrutaba, incluyendo el sexo.

Aunque estaba tomando antidepresivos y su estado anímico había mejorado, el problema sexual persistía.

Las soluciones que adoptó en su momento fueron varias, desde esforzarse en mantener relaciones con su novio aunque no le apeteciera demasiado, hasta esperar algunos períodos de tiempo para a ver si así le volvían las ganas.

Contra más se esforzaba en resolver la situación y en forzarse en buscar maneras para interesarse más en el sexo, mayor era su rechazo.

Por su parte, su novio, en un intento de ayudarla, intentaba seducirla con más tenacidad. Se mostraba más explícito, más solicito y seductor, lo cual creaba en Lucía un alejamiento más precipitado.

Cuando acudió a terapia y después de oír su relato, le expliqué que cuando aplicamos una solución y esta no resuelve la dificultad debemos descartarla y pasar a otra nueva, pues está claro que si la estrategia inicial no surge efecto, intentarlo con más ahínco no mejorará el problema, sino que incluso puede empeorarlo.

Le planteé un cambio total de táctica: ¿Qué pasaría si en lugar de seguir intentándolo, simplemente elimináis el sexo de la ecuación?, ¿Qué te parece si te digo que a partir de hoy ya no puedes tener más relaciones con tu pareja?

La primera reacción de Lucía fue de perplejidad. Empezó a reírse nerviosamente y me contestó medio confusa e incrédula que jamás habría pensado en nada parecido y que no entendía el porqué del ejercicio. Sin darle demasiadas explicaciones, le mandé como deberes esta directriz de forma tajante e irreversible hasta próxima indicación por mi parte.

A la semana siguiente, Lucía entró con sonrisa pícara a la sesión y me confesó con sutil vergüenza que había sido una mala alumna y que no había seguido mis indicaciones. A los dos días de plantearse esta nueva y paradójica opción, sintió que la ansiedad y rechazo habían desaparecido y unas irrefrenables y súbitas ganas de probar aquello prohibido la llevaron a incumplir las directrices establecidas.

Abramos nuestra mente y busquemos nuevas soluciones

Fijémonos que cuando nos encontramos con una dificultad lo primero que intentamos es utilizar una estrategia productiva, quizás algo que nos funcionó en el pasado o algo que según nuestra lógica tiene mucho sentido. Puede que normalmente esto nos funcione pero en algunas situaciones no sólo no se resuelve el problema sino que contra más se intenta resolver más se estropea la cosa. El problema se va intensificando y cronificando hasta llegar al punto de obsesionarnos completamente y perder la objetividad y finalmente la esperanza.

El terapeuta estratégico intenta romper este círculo vicioso, trabajando en el plano presente y enfocando el caso en la búsqueda de nuevas soluciones.

El objetivo final de la intervención consiste en lograr el desplazamiento del punto de mira del paciente de su posición originaria rígida y disfuncional hacia una perspectiva más elástica y funcional. Se intentan eliminar los estereotipos y proporcionar mayores posibilidades de elección.

Evidentemente, no todos los casos que un psicólogo trata en su consulta pueden llevarse a cabo con este tipo de terapia psicológica, o al menos, esta es mi opinión. Algunas situaciones requieren de otro tipo de técnicas y estrategias para poder llegar a una buena resolución del conflicto. Aun así, nunca está de más tenerla en cuenta, pues si funciona, los resultados pueden ser espectaculares.

Helena Romeu Llabrés

Psicóloga Clínica

Número colegiada 19543