La sorpresa es una emoción que en un primer momento, nos podría parecer de poco interés psicológico/psicopatológico. Sin embargo, en la medida que la conocemos, vemos que es una emoción muy importante, debido a su función adaptativa en el medio natural (nos permite afrontar situaciones inesperadas). Muchas veces es también una respuesta adaptada al medio social, aunque otras veces si está mal regulada, resulta como en las otras emociones, en una respuesta conductual (ya sea conducta externa, verbal o de pensamiento) disfuncional o patológica.

Sentir sorpresa

Cuando en sesiones de psicoterapia procedo a explicar las emociones básicas (sorpresa, alegría, miedo, tristeza y rabia), los clientes con cierta facilidad, identifican las emociones “problema” de su propio caso. Las emociones mal reguladas que son más fácilmente identificadas, son la tristeza, el miedo y la rabia, que traducidas en trastornos clínicos se asocian a estados depresivos, ansiosos y de conductas de tipo agresivo, respectivamente.

Por lo general, en este punto, la sorpresa queda olvidada, no es identificada. No se tiene en cuenta. Es por eso, porque resulta bastante ignorada, que pienso que conocerla, entenderla y aprenderla a regular adecuadamente, es en realidad de gran interés psicológico.

Empecemos pues, por recordar qué función tiene esta emoción. Básicamente, la sorpresa es la emoción que se activa cuando aparece una NOVEDAD, un acontecimiento repentino e inesperado, ya sea externo (cuando nos felicitan con un regalo) o interno/cognitivo (cuando nos acordamos de un olvido que hemos tenido). Su función es la de PRESTAR ATENCION, preparar al individuo para que dedique toda su atención al objeto de la sorpresa, para poder afrontar de forma efectiva los acontecimientos inesperados. Se trata de una emoción que provoca un rápido aumento de la actividad cognitiva, en el sentido que al activarse el SISTEMA DE ALERTA, empezamos a procesar y evaluar la información provocada por la sorpresa. Así pues, la emoción precede al pensamiento.

La sorpresa es la emoción que ANTECEDE a las otras. Es una respuesta de MUY CORTA DURACION, que rápidamente DERIVA EN OTRA EMOCION. Así por ejemplo, cuando nos sorprenden con una visita inesperada de alguien que queremos mucho, experimentamos sorpresa-alegría. Cuando nos acordamos del olvido de una cita importante con nuestro jefe, experimentamos sorpresa-miedo. Cuando de repente alguien nos habla de forma descortés, experimentamos sorpresa- rabia.

Así pues, la sorpresa es la emoción de duración más breve. Si ésta, durara ya minutos, empezaría a ser disfuncional. Cuando sentimos sorpresa estamos en un estado de desorientación.

Los humanos necesitamos anticipar los acontecimientos, o sea, imaginar o saber qué va a pasar en un momento dado. Esto nos aporta seguridad, conocimiento y nos permite afrontar la situación, aparentemente con grandes posibilidades de éxito, ya que el no saber cómo reaccionar en una situación nos paraliza. De esta forma anticipamos para poder prevenir, para no sorprendernos.

Cuando yo cruzo un semáforo en verde, anticipo lo que va a ocurrir, o sea, que puedo pasar la calle sin peligro. Pero imaginemos, que en este caso, por desgracia, veo que un coche se avalancha sobre mí (acontecimiento inesperado). Lo primero que experimentaré será SORPRESA, que me pondrá en un estado de alerta para poder evaluar la información de lo que sucede (es un proceso automático) y poder actuar al respecto, en este caso, intentar dar un salto para atrás.

De esta forma, vemos que anticipar es una actividad mental básica para poder afrontar las situaciones. Sin embargo, en el ejemplo que precede, la anticipación que hace la persona que va a cruzar la calle (ahora no hay peligro, puedo), no ha podido prevenir el encuentro inesperado, que además ha resultado en un atropello. Así, aparece un acontecimiento traumático, que fácilmente puede resultar en la aparición de un Trastorno por Estrés Postraumático. El trastorno por Estrés Postraumático, sumerge al individuo en un estado de fuerte ansiedad, en el que llega a paralizar al individuo que lo sufre, al ver, en este caso, que su anticipación para prevenir (cruzar en verde) ha sido invalidada por un encuentro inesperado (atropello). De esta forma, la persona, posteriormente al accidente, puede mantener un estado de “mantener la atención de forma exagerada” sorpresa y miedo, cada vez que vaya a cruzar la calle, a la vez que puede también experimentar sueños repetitivos en que se producen accidentes viales (el acontecimiento inesperado traumático), reexperimentando la emoción de sorpresa, seguida por el miedo o terror.

No es necesario sufrir un acontecimiento inesperado traumático para afirmar que hay una gran cantidad de personas con dificultades para gestionar la emoción de la sorpresa. Por ejemplo, personas que en terapia, decimos tienen la necesidad de tener el control de las situaciones, son personas que luchan contra las sorpresas, anticipando todo tipo de posibilidad y evidentemente, pudiendo llegar a paralizarse en la evaluación o afrontamiento de la situación imprevista. Entonces, pueden actuar de forma agresiva, de forma evitativa…

Personas muy perfeccionistas, personas con tendencias de tipo obsesivo y personas con fobias, tienen dificultades para regular dicha emoción. Por lo que esta respuesta emocional se acaba convirtiendo en problema a la hora de gestionar su cotidianidad. Así, una persona con tendencias obsesivas que intenta anticipar todo acontecimiento (para evitar algo que le produce miedo), dándole vueltas y más vueltas, acaba por aumentar significativamente sus niveles de ansiedad llegando a un estado de “parálisis por el análisis”.

En fin, anticipar es una conducta mental humana que sirve para afrontar las situaciones desde el conocimiento. Sin embargo, cuando la persona anticipa fracasos (por falta de confianza), catástrofes, peligros…mantiene un estado de atención desmesurado que le nubla la razón para poder afrontar la situación de forma efectiva. Y de esta forma, su respuesta emocional y/o conductual es de miedo o pánico ante la situación nueva o imprevista.

A través de esta explicación sobre la emoción olvidada, pretendo dar a conocer su relevancia en el pódium de las 5 emociones básicas. Aprender de ella y regularla eficazmente es clave para vivir nuestra vida, que está llena de sorpresas. Así, intentar no caer en la sobrevaloración de las sorpresas, provocando un estado neurótico de anticipaciones que no nos permiten avanzar satisfactoriamente. Somos plenamente capaces de afrontar las situaciones imprevistas de la vida. Hace falta confianza en uno mismo.

Laia Oliva

Psicóloga-Psicoterapeuta.