perversiones

Cada apartado de “perversiones” está precedido por un diálogo entre dos personajes antitéticos, que nos sirve para subrayar cómo la realidad puede ser interpretada de maneras muy distintas. No nos afectan los hechos en sí, sino la forma cómo nosotros los vemos, como muy bien decía Epicteto, filósofo griego del siglo I después de J.C. y, además, estoico.

Mis personajes, el Ángel y el Oso, me fueron revelados mientras leía escritos relacionados con el “nonsense”, estilo literario basado en el juego entre conceptos ilógicos, cuya cima yo sitúo en Lewis Carroll. En la revista periódica “Madrid Cómico” del siglo XIX se publicó este poema, paradigma también del nonsense patrio:

Un Angel en el cielo

pidió a San Agustín un caramelo,

y un Oso en la Siberia

mordió a un viajero y le rompió una arteria.

Los ángeles y los osos

han resultado siempre fastidiosos.

Mi sorpresa fue cuando, accidentalmente, conocí a ambos fulanos. Me los encontré en uno de mis paseos por los Pirineos leridanos. Al parecer, el Angel fue expulsado momentáneamente del paraíso a causa de su irreverencia. El problema es que, en la eternidad, el concepto de momentáneo puede ser bastante relativo. El Oso, también allí exilado, no anhela en exceso abandonar las altas cumbres, habida cuenta de que, entre los responsables del turismo ruso, no ha sido bien vista su travesura. La elección de un punto pirenaico español derivó, en el primer caso, de la relativa buena prensa de nuestro país (“La Católica España”) entre quienes de eso entienden, y, en el segundo, del predicamento que nuestras tierras ostentan entre las mafias rusas, verdaderos elementos de presión en esa inquietante unión de repúblicas (o lo que sea).

El Ángel y el Oso, desde su excelente punto de visión, contemplan displicentes, aunque no ajenos, lo que sucede en el mundo. La entrañable costumbre de muchos excursionistas de tirar papeles en la montaña les alcanza una cantidad de prensa que no envidiaría una hemeroteca. Para matar el tiempo discuten pacíficamente acerca de las noticias que les intranquilizan. El pacifismo, en este caso, es un tanto forzado, aunque explicable: el Oso no desea comprometer su posible ida al cielo (le encantaría conocer a San Francisco) y el Angel, bien que el Oso le disgusta por su olor y por su aspecto poco tranquilizador, no quiere cometer otra frivolidad como sería dar plantón al Oso, o tirarlo por un precipicio, como quien no quiere la cosa, empujándole disimuladamente con un ala.

El Ángel, aunque ingenuo, es bastante rígido en cuestiones de moral. El Oso, aunque silvestre, es un posibilista escéptico, y un tanto socarrón.

No tuvieron reparo en hablar conmigo ni en contarme sus cuitas. La mayor parte de los excursionistas les suponen hippies acampados, rarito el Ángel tan rubito y aniñado, y no menos raro, por velludo y desaliñado, el Oso. No suelen acercárseles sino los niños, los cuales son llamados por los padres, de inmediato. Los lugareños de los pueblos cercanos, no se acercan por las cumbres. Si los campesinos reconocieran al oso como tal, acabarían pegándole un tiro por si estaba allí respondiendo a tenebrosos planes ecológicos. Los campesinos piensan, probablemente con acierto, que se empieza soltando osos y que se acaba vacunándoles o, lo que es peor, haciéndoles lavar los pies al menos una vez por semana.

“Perversiones” es el nombre (hoy en desuso, pero muy ilustrativo) que se empleaba en los tratados clásicos, y hasta mediados del siglo XX.. He elegido el nombre de “perversiones” a sabiendas de que según quien va a fruncir el ceño. Podría haber hablado de “anomalías”, término piadoso (pero menos) con que se referían al asunto los intelectuales de los años cuarenta y cincuenta. O de”diversiones”, boutade habitual en los sesenta, en los que era ingenioso decir que la única perversión que merecía tal nombre era la castidad. O de”parafilias” (de unas palabras griegas que significan “atracción por lo diferente”) y que es, hoy en día, el empleado en las clasificaciones médicas al uso, incluyendo la que propicia la “Organización Mundial de la Salud”.

Si nos damos cuenta, los nombres antiguos sugerían un punto de rareza, cuando no de descarrío moral. Hoy en día, en parte por imperativos legales, y en parte porque los parafílicos son muchos y no es cosa de enemistarse demasiado con ellos, se acentúa más el hecho de “ser distinto”, aunque no por ello vicioso, abyecto o disoluto.

Algunas preferencias sexuales tienen excelente prensa. La homosexualidad, por ejemplo, no aparece como parafilia, por ninguna parte, en las clasificaciones serias. De ser una perversión y un pecado nefando, pasó a ser, primero, una anomalía, más tarde una parafilia y, hoy en día, una opción dimanada de la libertad individual.

No nos pelearemos por eso. Insisto: Recuerden, por favor, que la palabra “perversión” en el título de este apartado es más festiva que infamante. En el Diccionario de la Lengua Española se advierte que “pervertir” es, entre otras cosas, “perturbar el orden establecido”, pero también “dañar con ejemplos el gusto”.

Críticos, censores y optantes de piel fina, entiendan que lo que yo hago es eso último: dañar el gusto de quienes lo tienen distinto a mí, los cuales, por otra parte, tienen todo mi respeto si creen cosas diferentes.

Vaya un homenaje para uno de los tratados clásicos de sexología, lai mpresionante “Sessuologia” del profesor Rinaldo Pellegrini (Edit. Cedam, Padua,1967; en español “Sexuología”, Edit. . Morata, 1968). Su clasificación de las”perversiones”, su erudición y su sentido del humor (ignoro si voluntario o involuntario) han dejado su huella en este modesto trabajo.

”Aclarando conceptos”

El Angel y el Oso pasean por las alturas. Andando distraído, el Oso ha tropezado con un árbol.

Oso: ¡Coño!

Angel: No quisiera parecer remilgado, pero encuentro su sexológica interjección harto ordinaria, cuando no inadecuada.

O: Me habló usted de no mentar el nombre de Dios en vano, pero nada me dijo acerca de mentar el sexo. ¿Tiene Dios sexo?

A: No añada irreverencia. a la palabra soez. Dios, como nosotros los ángeles, no tiene sexo. Su mención del elemento genital femenino es necia en sí, pero no alcanza categoría de blasfemia.

O: Nada más lejos de mi intención. Pero ¿no hizo Dios al hombre a su imagen y semejanza? ¿No incluye eso el sexo?

A: Cambió algunos pequeños detalles. Unas pinceladas estéticas, ¿comprende?

O: Pues el día que hizo a los osos no estaría de tan buen humor…

A: No siga por este camino. Ya sabe usted que el oso, cuanto más feo más hermoso.

O: Pues encima tendré que darle las gracias. Volviendo al sexo… ¿qué opina usted de las manías que les dan a los humanos en cuanto a menesteres eróticos? Los moralistas parecen no estar muy de acuerdo con estas variaciones.

A: Y en eso les alabo. Casi todos los ejercicios sexuales son contrarios a las leyes de la naturaleza que, en el fondo, han sido dictadas sabiamente desde lo más alto.

O: ¿Qué quiere decir contrario a las leyes de la naturaleza?

A: Antinatural. Todo lo antinatural es nefando.

O: Con mis mayores respetos, hay cosas poco naturales, con las que no se meten los moralistas. Los bolígrafos por ejemplo. Que yo sepa no crecen bolígrafos en la madre naturaleza.

A: Usted toma los rábanos por las hojas. Los bolígrafos son cosas útiles, a la par que no son fuente de goces insanos. Yo me refería mayormente a las cosas del apetito genésico, vulgo descoco o rijo

O: Qué le diría. Hay cosas que, sin ser genitales ni fuente de goce insensato, no parecen salutíferas que digamos. Las bombas por ejemplo, y no he oído a demasiados moralistas dándole caña a las bombas.

A: Lss bombas pueden servir para guerras santas…

O: En Afganistan, unos y otros, se dan un hartón de matar niños y niñas con bombas y ametralladoras. Todos dicen que la guerra santa es la suya. A veces a las niñas las violan en vez de matarlas. ¿Qué es mejor o peor, el asesinato o la violación?

A: Mucho peor la violación. Muertas las niñas a bombazos irán al cielo. Si las violan habrían podido caer en la tentación de consentir para evitar ser degolladas, lo que las habría colocado en grave transgresión de los mandamientos. Aparte de que, pragmáticos que son los violadores, las degüellan igual.

O: Según lo que usted dice, el pecado hubiera podido ser más grave si las hubieran violado por el lado indebido, o sea, anormal.

A: Exacto. Los pecados contranaturales son más pecado, con lo que el hipotético consentimiento de las niñas hubiera sido una severa transgresión de las leyes naturales, grabadas en el corazón de todos los humanos. Antes morir que pecar, sobre todo por retambufa.

¿Qué es normal? ¿Qué entiende la gente como “normal”?¿Es normal un santo Padre con tricornio? ¿Es más normal que un Cristo con dos pistolas?

”Normalidad y anormalidad”

Cuando nos metemos en el berenjenal de hablar acerca de conductas”anormales”, debemos definir primeramente qué entendemos por normal, y qué entendemos por anormal.

“Normal” y “anormal” pueden expresar diferentes cosas, según las personas que lo manejen. Pasa como con el concepto de”verdad”, que también puede ser muy subjetivo. A menos que se trate de hechos incontrovertibles, cualquier acto susceptible de ser interpretado da lugar a opiniones distintas, a diferentes “verdades” y a diferentes “normalidades”según quien sea el intérprete, y según cuales sean sus ideas.

Veamos cuales son los conceptos más frecuentes de normalidad:

  1. Normalidad convencional. También llamada, según los autores, normalidad a priori, prefijada, establecida, concertada, etcétera. Es la normalidad “decretada”, bien por las leyes, por las costumbres, por los preceptos éticos o por quien disponga de poder para decretar normalidades. Los límites de la normalidad convencional son variables, según sociedades, culturas o épocas. La homosexualidad pederástica (mariconerías con niños, vaya) en varones, por ejemplo, era bien vista en la Grecia clásica. Hoy en día los pederastas son perseguidos con saña, hasta cuando se comunican a través de Internet.
  2. Normalidad estadística. Es la más cómoda. Lo que haga el 66 % de una población, se considera normal. Es una “normalidad” útil para materias poco comprometidas: nadie se enfada si le dicen que su inteligencia es normal. En asuntos más peliagudos, la normalidad estadística puede ser un arma de dos filos. Una estatura “normal” puede ser un desastre para una adolescente que quiere ser modelo. En cuestiones sexuales, no hay quien se aclare, en parte porque no hay estudios estadísticos actualizados, y rigurosos, acerca de qué es estadísticamente normal en cuanto a comportamientos de esa naturaleza. Saber si algo es “normal” o “anormal” desde el punto de vista estadístico, requiere que se hayan efectuado los pertinentes estudios estadísticos y sociológicos acerca de ese algo.
  3. Normalidad funcional. Lo que funciona bien, es normal. Este tipo de normalidad es la que se emplea, por ejemplo, en medicina. Puede ser diáfana en cuestiones concretas y muy orgánicas, como es el funcionamiento del hígado. Pero puede llevar a discusiones similares a las que plantea la “normalidad convencional” cuando se trata de decidir que significa “funcionar” bien en cuestiones mentales y, no digamos, sexuales.

“Anormal” es lo que no es “normal”. Para saber a qué atenernos, cuando alguien dice de algo que es anormal, debería explicar muy claramente qué entiende por normal, y qué concepto de “normalidad” emplea.

”Anomalía”

La palabra “anomalía” es sinónima de anormalidad. Ambas palabras proceden del mismo vocablo griego (anomalos “irregular”).

“Anomalía” es una palabra que parece más culta que “anormalidad”, y es la que se ha empleado, hasta la saciedad, para definir conductas sexuales “anormales”.

”Natural y antinatural”

“Natural”, en puridad, quiere decir “perteneciente a la naturaleza”. Lo que pasa es que es una palabra con muchos significados. Por ejemplo: hijo adulterino (“hijo natural”); espontáneo, llano, sincero (“es natural, habla con naturalidad”); sencillo, sin lujo ni ceremonia (“los trató de forma muy natural”); no extraño ni raro (“es natural que esto ocurra”); no censurable ni condenable (“su conducta fue la natural en estos casos”); normal (“es natural que haga frío en invierno”); propio (“la dureza es natural en la piedra”); instintivo (“es natural retirar la mano ante el fuego”); nacido en el país, indígena (“es natural de Dinamarca”); carácter, manera de ser (“es de natural bondadoso”); etcétera.

Es frecuente que ignorantes embrolladores manejen el vocablo como sinónimo de “normal”, pero aludiendo a la primera acepción (“perteneciente a la naturaleza”). En cuanto a conductas sexuales, los defensores de lo “natural” pueden hallarse en todas las facciones. Desde quienes predican que lo único “natural” es la procreación pura y dura, hasta los que designan como “natural” cualquier modo de solaz, basándose en que nada puede haber más “natural” que la forma de fornicar propia de los animales y de los sujetos de las hordas primitivas.

Otros subversivos de lo “natural” son esos cretinos que nos dicen que “hay que hacer vida natural”, pero que no renuncian al coche, a los bolígrafos, al teléfono o al preservativo de caucho sintético. Son también esos que reniegan de cualquier píldora, y que cantan las virtudes “naturales” de las plantas (por mí, pueden prepararse infusiones de acónito o de cicuta, bellas plantas las dos, y zamparse cuantas amanitas faloides encuentren por el campo). Son, en fin, los que claman contra los abrigos de pieles en tanto calzan zapatos de cuero (será que las vacas son hijas de peor madre que las focas).

La llamada “ley natural”, de “natural”, nada. Es un invento de Sócrates, filósofo griego empeñado en que todo quisque pasase por la piedra de una regla de conducta que él definía como universal y razonable. Su discípulo Platón profundizó aún más en esta idea, entendiendo como valiosa toda conducta sujeta a los valores absolutos de la “ley natural”. Como que las teorías de Platón (el mundo de las ideas, o espiritual, el mundo de las cosas, o terrenal, y el alma como elemento integrador de ambos mundos) resultaban compatibles con las propiciadas por la Iglesia, acabaron siendo integradas en el humanismo cristiano. La “ley natural” pasaba a identificarse con los diez mandamientos.

Mayor predicamento tuvo la doctrina su discípulo Aristóteles, especialmente la demostración de la existencia de dios. Cabe decir que los conceptos de “natural” y “no natural” son cambiantes con el tiempo. Aristóteles, por ejemplo, consideraba “natural” que la tierra fuera el centro del Universo. También veía como “natural” la existencia de esclavos. Consideraba “antinatural” la democracia, en tanto que “natural” la monarquía y la aristocracia. La agricultura y la caza eran actividades “naturales”, en tanto que el comercio y cualquier trabajo físico, plenamente “antinatural”, no debía ser practicado por los ciudadanos libres, cuya actividad “natural” más apreciada debía ser únicamente la vida contemplativa y el goce de los bienes. Para hacer el trabajo, “naturalmente”, estaban los imprescindibles esclavos.

“Antinatural” o “contra natura” se emplea cuando alguien quiere señalar alguna conducta impropia. Es curioso que no se emplee en contraposición a según qué acepciones de la palabra “natural”. Por ejemplo: si alguien fuera calificado de ser “hijo antinatural” o “hijo contra natura” (queriendo indicar que no era un hijo natural) es probable que no agradeciese con fervor la pretendida lisonja.

“Contra natura” es la expresión clásicamente usada para definir dos pecados graves, o sea, mortales: el de bestialidad (fornicar con animales) y el de sodomía (relación libidinosa entre personas del mismo sexo). El pecado nefando más perverso debe de ser la fornicación con animales del mismo sexo, digo yo.

”Perversión”

Del latín “pervertere”, alterar el orden de las cosas. Perverso, aplicado a personas, significa “malo” o “malicioso”. Vocablos afines son: contaminar, corromper, emponzoñar, envilecer, y otras lindezas por el estilo. Las “perversiones sexuales” son aquellas conductas que, ¡cómo no!, derivan de una “inclinación sexual antinatural”.

Ya estamos otra vez con las mismas: una “perversión” es algo “antinatural”, entendiendo lo “natural” como lo “normal”. Ahora bien, ¿qué concepto de “normalidad” hemos de emplear? Si echamos un vistazo a la historia vemos que el concepto de “normal” más utilizado ha sido siempre el de “normalidad convencional”, y esto, como lo “natural” de Aristóteles ha sido cambiante con el tiempo.

En el prefacio de este manual ya adelantaba que la homosexualidad, por ejemplo, ha cambiado en cuanto a su concepción social. Antes era el “pecado nefando” por excelencia. De hecho, así se sigue considerando en la mayor parte de las religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo, mahometismo). Pero, en el contexto laico, la homosexualidad se considera una opción más o menos respetable (el más y el menos dependerá de los límites de cada cual) y legalmente reconocida.

”Ética y ley”

Los límites éticos, a pesar de su aparente inmutabilidad, son cambiantes y los marca cada sociedad. Casi siempre, cada uno de nosotros los adapta a su manera de pensar. Cuando la sociedad incorpora los límites a su legislación, más que de límites éticos deberíamos hablar de límites legales.

Es fácil darse cuenta de lo relativo de la ética, cuando vemos que, en diferentes países, se sustentan éticas distintas: no es igual la ética en un país mahometano que en uno laico, por ejemplo. Ni la ética de los serbios que la de los bosnios, ni la de los budistas que la de los testigos de Jehová.

Cualquier ciencia o materia de estudio, como la sexología, debe ser neutra desde el punto de vista ético. Los avances científicos no son buenos ni malos en sí, todo depende de para qué se usen.

Algunas de las “perversiones sexuales” pueden resultar muy gratificantes para sus iniciados. Es posible, incluso, que no hagan mal a nadie. Ahora bien, si las leyes de un determinado país prohíbenhacerlo debemos respetar este marco legal, independientemente de nuestros criterios personales.

La ley es una convención, un código que cada estado determina para que sea la “etica aceptable” en su territorio. Así como la ética es siempre relativa, la ley establecida pasa a ser absoluta a efectos de cumplimiento. Solamente los jueces la pueden relativizar en cada caso concreto. Incumpla usted la ley y verá como le tratan. Por más que a usted le parezca ético o normal. Por ejemplo, predique el cristianismo en Paquistán, verá lo poco que se lo agadecen.

Las leyes de diversos países ven de forma muy distinta las “perversiones”. En Singapur, sin ir más lejos, el coito anal (con hombres y/o mujeres) es delito, aún entre gentes de bien, adultas y libres. Si un vecino curioso le oye en esa lid y avisa a las autoridades, patada en la puerta, foto escabrosa y 25 años de meditación en una cárcel de esta bella y rica ciudad-estado.

En resumen

Hay que partir de algún sitio. Si partimos de la idea de que “perversión” es algo “antinatural”, deberíamos definir, en primer lugar, qué es lo “natural” para nosotros. Si el que definiera fuera el Angel, lo único natural sería la fornicación dentro del matrimonio, entre hombre y mujer, con finalidades procreativas. Es probable que el Oso fuera más liberal, especialmente con algunas formas de bestialismo.

A partir de ahora, manejaremos el concepto de “normalidad” definido por la OMS en cuestiones sexuales. Nos permitimos la licencia de ejercer alguna modificación, tal como incluir la homosexualidad y la masturbación entre las perversiones, tal y como nos fue enseñado en los colegios religiosos de pago.