Hijos que mandan en casa

En los hogares vemos con cada vez más frecuencia un trastorno de conducta en el que los niños son los que imponen su autoridad en casa. Se trata del síndrome del emperador o niño tirano, caracterizado por una conducta desafiante del menor hacia sus padres, en un principio, y hacia cualquier adulto, posteriormente. No se trata, por supuesto, de una legítima expresión de rebeldía o autoafirmación, sino de un trastorno en el que el menor consigue hacer valer su voluntad por medio de medios disfuncionales como ataques de ira o agresiones físicas y verbales. Por este camino se puede llegar al extremo del maltrato intrafamiliar del niño hacia los padres.

Entre las causas de este síndrome, hay bastante consenso en que se produce por una educación excesivamente permisiva y el abandono de las funciones familiares relacionado con una falta de tiempo para la crianza. Esto conduce a una educación incompleta en términos afectivos que provoca deficiencias en ciertos aspectos del desarrollo emocional, en particular la empatía y el sentimiento de culpa. Hay quien ve entre las causas la prevalencia de un discurso social que tiende a primar la gratificación individual e inmediata.

Síntomas del síndrome del emperador o niño tirano

  • Una clara señal problemática es un déficit emocional por parte del menor, que muestra muchas dificultades para desarrollar empatía y otros sentimientos positivos hacia los demás.
  • Los castigos tienden a ser ineficaces, puesto que el niño no es capaz de sentir culpa o arrepentimiento. Las reprimendas son burladas y pierden su valor educativo.
  • La conducta está marcada por una actitud general desafiante ante la autoridad encarnada por los padres y otros adultos. Pueden darse casos de conductas agresivas o violentas en este contexto.
  • Dificultades para establecer una conexión emocional hacia los padres y otras personas adultas.

El síndrome del emperador no equivale a las naturales rabietas que cualquier niño puede tener, sino que es una actitud constante y sistemática ante la aparición de límites u otras situaciones frustrantes para el menor. El niño actúa para imponer su voluntad en todo momento actuando de manera agresiva y disfuncional; esto produce un gran agotamiento físico y emocional en sus padres, que acaban cediendo. Se ven atrapados entonces en una relación chantajista, en la que hacen todo lo posible para evitar las explosiones del niño en cuestión. Es entonces cuando este se transforma en el amo de la casa, girando toda la vida familiar alrededor de la satisfacción de sus caprichos. Si esta situación se prolonga hacia la adolescencia, las conductas se tornarán progresivamente más violentas, dándose claros casos de maltrato.

Pautas para tratar el síndrome

Como hemos visto, el síndrome del emperador puede degenerar en trastornos de conducta bastante graves. Por eso es importante enseñar, desde el cariño, a nuestros hijos la existencia de límites y de reglas de comportamiento. Es tarea de los padres asumir el rol de autoridad que naturalmente les corresponde, sin que ello signifique la imposición de un estilo de crianza distante y autoritario. No obstante, dependiendo de la gravedad del caso, el tratamiento de este síndrome puede requerir ayuda profesional. Esto es especialmente importante en edades avanzadas, donde un tratamiento psicoterapéutico se hace indispensable.

 

Equipo del Dr.Romeu