Ayudar a los demás es un instinto de lo más natural en las personas. Después de todo, la empatía es una cualidad innata que nos ayuda a identificar y comprender las emociones ajenas, relacionándolas con las propias. Esto nos permite mejorar nuestras capacidades de interacción y comunicación con los demás. Ayudar al otro es pues una respuesta adaptativa lógica derivada de nuestra naturaleza social.

Sin embargo, existen ciertos modelos de relación en los que una persona asume de manera constante y abrumadora la responsabilidad de ayudar a otra. Se trata de una ayuda no recíproca, en la que uno prácticamente abandona la atención a sus propias necesidades y centra todas sus energías en resolver los problemas del otro.

Las relaciones patológicas

Este tipo de conductas, cuando se dan de forma sistemática, constituyen una forma de relación patológica. En realidad, a pesar de las buenas intenciones, este síndrome resulta en consecuencias negativas para ambos implicados. Para el ayudado, la relación se vuelve asfixiante y resulta en una pérdida de autonomía para enfrentarse a sus propios problemas. Se ve así truncado o impedido su propio desarrollo personal. Por su parte, el salvador abandona o posterga la resolución de sus conflictos y asume una posición tóxica de control sobre la otra persona.

No obstante, a pesar de que este tipo de relación provoca inseguridad en la persona salvada, esta tiene más posibilidades de detectar la situación y adoptar una posición más autónoma. Si esto sucede, se generará un gran malestar en el salvador, puesto que ha hecho girar el sentido de su vida en torno a otra persona. Por esto es fundamental para nuestro desarrollo personal basar la felicidad en nuestras propias metas y motivaciones, y no en las de los demás. El verse atrapado en una relación patológica como la descrita produce, por el contrario, sentimientos negativos de frustración y ansiedad, que se expresarán en una conducta insegura e irritable.

¿De dónde viene este síndrome?

El origen de este síndrome debe buscarse en ciertos rasgos de personalidad de las personas implicadas. Por un lado, aquel que asume el rol de salvador suele ser una persona con tendencias controladoras que necesita sentirse indispensable para el otro para verse realizado. Suelen ser individuos que necesitan de una aprobación externa y que presentan cierto miedo al abandono. Además, con su actitud delatan una dificultad para enfrentarse a sus propios problemas. Del otro lado, quien se sitúa en la posición de salvado normalmente es una persona dependiente, con baja autoestima y poca confianza en sus propias potencialidades. Estas tendencias se ven a su vez reforzadas por el papel que asume en este tipo de relación insana.

El síndrome del salvador acostumbra a presentarse en relaciones de pareja, aunque también puede darse en relaciones paterno-filiales. En este último caso, puede suceder en las dos direcciones, tanto padres que quieren solucionar la vida de sus hijos, como hijos que anulan a sus padres ya mayores. Para evitar vernos envueltos en una relación de este tipo, es fundamental adoptar una actitud basada en asumir las responsabilidades que nos tocan, en primer lugar con nosotros mismos y nuestro desarrollo personal. Ayudar al otro, por supuesto, es una actitud noble, pero debe darse desde el respeto y la confianza si queremos construir una forma sana de relacionarnos.


Equipo Dr. Romeu y asoc.