Llevo dos horas sentada delante  del ordenador intentando escribir un texto que pueda resultar interesante y útil al lector. Sin embargo, hoy no sale…

Empiezo a sentir tensión y algo de ansiedad. Los pensamientos empiezan a nublar mi capacidad creativa. “No me sale”, “tengo que entregarlo hoy”, “me queda poco tiempo de margen”, “no estoy cumpliendo”… Esa negatividad alimenta mi ansiedad y ésa dificulta poder lograr mi objetivo de esta mañana, que a la vez, se trata según pienso, de un deber. Hoy sufro el “síndrome de la hoja en blanco”.

El Síndrome de la hoja en blanco refiere un malestar significativo (ansiedad) en relación al proceso de creación escrita. Dicho de otra manera, es sentirse sin ideas o bloqueado ante un documento en blanco que tiene que ser rellenado con un texto producido por uno mismo. Esta situación genera malestar significativo, ansiedad y estrés. A nivel fisiológico, el estrés activa el sistema límbico del cerebro, limitando la función efectiva del córtex cerebral. Con esta limitación del córtex cerebral es muy difícil conseguir escribir algo con creatividad.

Como psicóloga entiendo que el primer paso es tranquilizarme, bajar los niveles de ansiedad que impiden un buen buen funcionamiento de mi córtex cerebral.

 

Respiración profunda y lenta: Al respirar de esta manera se consigue una buena oxigenación, provocando una reducción en los latidos del corazón y relajación muscular. Esta mayor oxigenación tiende a mejorar la función cerebral, reduciendo los niveles excesivos de ansiedad.

 

Acompañar la respiración profunda y lenta con la técnica de visualización autoinducida: La visualización es una técnica de relajación a través de la imaginación. Esta técnica puede recrear escenarios, sensaciones, imágenes, texturas… generadas mentalmente y que producen tranquilidad y bienestar.

En mi caso, imagino que el aire que entra en mi organismo recorre a través de una luz blanca que purifica mis órganos internos, y que al expulsar el aire, esta fuente de luz blanca se lleva las impurezas (el estrés, la ansiedad….) fuera de mi cuerpo. Esta visualización me agrada y me resulta muy útil, me tranquiliza y me centra.

 

Racionalizar los pensamientos negativos: Consciente que los pensamientos negativos que han surgido de forma automática en mi mente (“No me sale”, “tengo que entregarlo hoy”, “me queda poco tiempo de margen”, “no estoy cumpliendo”…), son generadores de ansiedad, me dispongo a generar pensamientos nuevos, que me puedan ser más útiles y beneficiosos.

Ejemplo:

Sustituir el “no me sale” por “puedo escribir un texto sobre lo que me está ocurriendo ahora”

El “tengo que entregarlo hoy” lo cuestiono: ¿Pasa realmente algo si no lo entrego hoy?, ¿Qué riesgo hay?. Me doy cuenta que no hay riesgo alguno y que no puedo forzar algo cuando no sale.

El “me queda poco tiempo de margen” es real si decido entregarlo hoy, debido a que en breve tengo que ir al despacho a realizar mis terapias. Como en realidad decido escribir sobre el Síndrome de la hoja en blanco y estrategias para afrontarlo, me digo a mi misma: “empieza y llega hasta donde puedas. Si no acabas hoy no pasa nada”

El “no estoy cumpliendo” es una presión autoimpuesta. ¿No estoy cumpliendo? ¿Es ese pensamiento verdad? Claramente no lo es. Me considero responsable y cumplidora, y respeto que tengo días más o menos creativos.

 

Al considerar estos pensamientos, lo que hacemos es generar nuevas posibilidades, en este caso, me dispongo a escribir un texto sobre el “Síndrome de la Hoja en Blanco”.

 

Con estos pasos explicados, uno recupera tranquilidad y serenidad (nuestro córtex está funcionando mejor!). Esta serenidad facilita una mayor concentración y por lo tanto, se incrementa la posibilidad de intentar de nuevo, el empezar a escribir.

 

Respetar el propio ritmo: Es de gran importancia “no forzar”. El forzarse a hacer algo implica frustración. Por ejemplo: si me fuerzo en no pensar en un elefante rosa, lo único que consigo es lo contrario, pensar en un elefante rosa.

Es importante respetarnos. Que hoy mi creatividad no florezca no implica que mañana tampoco lo haga. Es normal y saludable para nosotros mismos, comprender que no somos siempre igual de eficaces, porque no somos máquinas ni robots. Somos seres humanos. De esta forma legitimizamos nuestra realidad y aceptamos la situación. Este acto de respeto hacia uno mismo disminuye la ansiedad y frustración, a la vez que favorece una sensación de mayor bienestar.

 

Elicitar pensamientos positivos: Una vez recuperada la serenidad, es importante pensar en positivo. Los pensamientos positivos mejoran la autoconfianza y empoderan a la persona. Animarnos positivamente favorece una mayor creatividad.

 

Uno mismo es dueño de lo que hace: Uno es libre de decidir si continuar la tarea o dejarla para otro momento de mayor productividad.

En el caso que me ocupa a mí, he seguido escribiendo. Lo he conseguido a través de los puntos arriba expuestos.

 

Si hoy  no se puede, tranquilo. ¿Qué es lo peor que puede pasar?

Qué es más importante, ¿la propia salud psíquica o el producir?

 

Animo al lector a poner en práctica este procedimiento en el momento que sufra del “Síndrome de la hoja en blanco”.

 


Laia Oliva

Psicóloga-Psicoterapeuta.