Con la llegada del otoño pueden sobrevenir una serie de problemas emocionales de gravedad creciente: el síndrome postvacacional, la astenia otoñal o el trastorno emocional estacional

 Cómo nos afecta el otoño

La gran mayoría de personas experimentan cierta dificultad para incorporarse al trabajo después de las vacaciones estivales. 

El simple hecho de adaptarse al cambio de horarios de comida, de sueño supone en si un reto para todos.

Además son muchas las personas que acaban el verano frustrados, “vacíos”, al límite… No se siente preparados para iniciar una “nueva temporada” laboral.

Quizás se sienten frustrados por aquellas expectativas de ocio no satisfechas, porque no pudieron cumplir el sueño de viajar a un destino exótico. Y en nuestra sociedad moderna, materialista, en la que “vales lo que valen tus fotos en las redes sociales” hemos olvidados que la fuente del bienestar emocional reside en vivir de manera consciente el presente (ya sea en Tailandia, o en la playa de la Barceloneta).

O, al contrario, se sienten frustrados porque este año (por fin!) hicieron aquel viaje soñado…  y ahora la (mayor) frustración estriba en adaptarse a una aburrida y nada estimulante rutina que no se atreven a cambiar. En un entorno de crisis económica sienten que no tienen derecho a dejar un trabajo que no les motiva.

Tal vez se sienten “quemados”, desgastados por la fatiga y el estrés acumulado de “aguantar” a los hijos durante unas interminables vacaciones escolares; o a la suegra durante esa semana (que también se hizo interminable) en el (demasiado pequeño) apartamento de la playa. O, peor aún, a la pareja con quien realmente se convive poco durante el año y que este verano se ha revelado como un “desconocido incómodo”.

Si tras el “regreso a la normalidad” usted no se siente adaptado y se siente deprimido, está padeciendo el síndrome postvacacional.

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Síndrome postvacacional 

A pesar de que el llamado “síndrome postvacacional” no existe como entidad clínica patológica (es decir, como “enfermedad”), se denomina así al conjunto de signos y síntomas que algunas personas padecen al reintegrarse al trabajo después de las vacaciones, a principios del otoño.

Es un estado de malestar genérico, con síntomas tanto psíquicos como físicos (aunque se desencadenan y gravitan alrededor del desempeño del trabajo) afectando principalmente a personas jóvenes, menores de 45 años. También estos síntomas pueden aparecer en niños ocasionados por la vuelta al colegio, después de las largas vacaciones de verano, aunque en ellos es menos frecuente sobre todo si el niño se encuentra a gusto en el colegio.

Suele ser más frecuente en los casos de que la persona esté siendo víctima de acoso ya sea escolar (bullying) o laboral (mobbing).

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¿Cómo podemos combatirlo?

  • aumentar la motivación por el trabajo y la realización personal obtenida al desempeñarlo,  recuperar el sentido creativo y la consciencia de la utilidad de nuestras tareas. Hacerlo bien, lo mejor posible, con ganas, inyectarle ilusión…
  • asegurar contactos sociales significativos
  • planificar actividades gratificantes, e incluso alguna “escapada” o viaje corto.
  • establecer unos hábitos de vida saludables: dieta saludable, ejercicio físico y un horario regular de descanso

Pocas veces el síndrome postvacacional se instala con carácter permanente si el paciente no estaba deprimido previamente. Generalmente, bastan unos días para habituarse al nuevo ritmo. Sin embargo, en los casos más severos, las molestias llegan a interferir en la actividad laboral, debido a las dificultades de concentración atencional, la irritabilidad, la sensación subjetiva de ineficacia, el hastío, los problemas para organizarse, el ánimo triste y la falta de ilusión.

Si sus síntomas persisten, busque la ayuda de un profesional.

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El síndrome o astenia otoñal

Si usted  es de los afortunados que se sienten motivados y realizados en su trabajo, y aun así se siente deprimido con la llegada del otoño, puede padecer “depresión” o astenia otoñal.

La astenia otoñal es un síndrome transitorio que aparece con el cambio de estación como respuesta del organismo a los cambios medioambientales (concretamente, disminución de la luz solar y la bajada de las temperaturas) que altera los biorritmos y el ciclo de vigilia-sueño y que puede  afectar negativamente a nuestro estado de ánimo.

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Causas de la astenia otoñal

La principal responsable de esta alteración es la melatonina, una hormona encargada de regular el sueño o la temperatura corporal. La producción de melatonina aumenta con la reducción de la luz solar y este incremento provoca una bajada de serotonina conocida como la hormona de la felicidad. El resultado de mayores niveles de melatonina y menores de serotonina es la aparición de la apatía, el cansancio, la somnolencia o la tristeza.

Si a los factores hormonales unimos los cambios climáticos, como la llegada de la lluvia y el frío, la disminución de las horas solares o la incorporación a la rutina y obligaciones diarias con la consiguiente reducción del contacto personal con amigos y familia, la consecuencia es la aparición de la astenia o depresión otoñal

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Síntomas de la depresión otoñal

A diferencia del síndrome postvacacional en el que predominan los síntomas relacionados con el desempeño del trabajo, la «depresión» otoñal o astenia otoñal se caracteriza por un “estado general” de depresión: falta de interés por realizar actividades que antes si nos gustaban, tristeza, apatía, aparición de insomnio o hipersomnia (la necesidad de dormir demasiado), problemas de concentración, irritabilidad, mal humor y, en algunos casos, trastornos de la alimentación.

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¿Qué podemos hacer para superar la depresión otoñal?

Para combatir la depresión otoñal se recomienda:

  • Exponerse al sol al menos 10 minutos diarios, preferiblemente a primera hora de la mañana.
  • Realizar regularmente algún tipo de ejercicio físico. Nadar, correr, ir al gimnasio o simplemente caminar o subir y bajar escaleras.
  • Dormir lo necesario para estar descansado y adaptarnos a las horas de luz solar.
  • Seguir una dieta equilibrada aumentando la ingesta de frutas y verduras.
  • Buscar tiempo para disfrutar de los amigos y la familia. Planificar algún viaje o excursión adaptada a la nueva estación.

En general, lo normal es que nuestro cuerpo se adapte sin problemas al cambio estacional, dado que en España el cambio de estación es muy gradual (apenas dos o tres minutos menos de luz por día) y esto nos permite adaptarnos casi sin darnos cuenta.

No obstante, si tras pasados unos días nuestro organismo no logra adaptarse a los ciclos circadianos de luz-oscuridad propios del otoño, podríamos pensar que existe un problema mayor de fondo en el que habría que profundizar para poder poner fin a la tristeza. En estos casos, conviene recibir ayuda de un especialista.

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Trastorno afectivo estacional

Algunas personas que sufren depresión ven como sus síntomas se intensifican de manera lenta a finales del otoño y en los meses de invierno. Hablamos entonces de Trastorno afectivo estacional.

Generalmente padecen los mismos síntomas que se presentan con otras formas de depresión:

  • anímicos: tristeza, irritabilidad, desesperanza, incapacidad para disfrutar, pérdida de interés en el trabajo y otras actividades, sentimientos de inutilidad y/o de culpa. Pueden aparecer pensamientos de suicidio
  • fisiológicos: aumento del apetito con aumento de peso (la pérdida de peso es más común con otras formas de depresión); aumento del sueño (el poco sueño es más común con otras formas de depresión); falta de energía
  • y cognitivos : dificultad para concentrarse, dificultad para tomar decisiones.
  • conductuales: movimientos lentos, aislamiento social.

El trastorno afectivo estacional algunas veces se puede convertir en una depresión prolongada o en trastorno bipolar

Los síntomas suelen mejorar con el cambio de las estaciones, pero se recomienda acudir al profesional para establecer el diagnóstico y el tratamiento.

Busque ayuda de inmediato si tiene pensamientos de hacerse daño o de dañar a otra persona.

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Tratamiento del Trastorno Afectivo Estacional

El tratamiento del TAE , como sucede con otros tipos de depresión, incluye los antidepresivos y la psicoterapia, pero además existe un tratamiento específico: la fototerapia, que utiliza una lámpara especial (negatoscopio) con una luz muy brillante que imita la luz del sol

El tratamiento siempre debe establecerlo un profesional que marcará las pautas específicas para cada caso. Una práctica común es sentarse ante el negatoscopio unos 30 minutos cada día,  normalmente muy temprano por la mañana para imitar el amanecer, manteniendo los ojos abiertos, pero sin mirar directamente a la fuente de luz.

Si los síntomas de la depresión mejoran al cabo de 3 a 4 semanas, esto indica que la fototerapia va a ser efectiva.

Las personas que toman medicamentos que los hacen más sensibles a la luz, como ciertos fármacos para la psoriasis, antibióticos o antipsicóticos, no deben usar la fototerapia.

Se recomienda un chequeo con el oftalmólogo antes de iniciar el tratamiento.

La evolución clínica generalmente es buena con un tratamiento; sin embargo, algunas personas padecen el trastorno durante toda su vida.

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Susana Garcia Vila

Psicóloga. Terapeuta cognitivo-conductual.

Colegiada COPC num, 8329

www.drromeu.net