La palabra agorafobia procede de los términos griegos “ágora” (“plaza”) y “phobos” (“miedo”). Se trata del miedo desproporcionado que padecen algunas personas a padecer una crisis de ansiedad en lugares dónde no se sienten seguros. Parte de estos miedos tienen que ver con que la persona haga el ridículo o que le ocurra algo grave en un sitio dónde no la puedan socorrer. Muy típicos son el miedo a los espacios abiertos, a salir a la calle, ir al supermercado, caminar por determinadas calles o espacios, conciertos, etc.

En general, son miedos relacionados con conductas de tipo evitativo, relacionados con las situaciones particulares que haya experimentado el paciente. Por ejemplo, yo he tenido casos de personas que habían desarrollado un miedo atroz a conducir el coche por determinadas zonas de Barcelona o gente que era incapaz de ir a determinados macro centros comerciales. En ambos casos, no podemos hablar ni de amaxofobia (miedo concreto a ir en coche) ni de agorafobia (miedo a los espacios cerrados), pues el miedo va más allá de los objetos, sitios o acciones, convirtiéndose en un miedo a padecer una crisis de ansiedad en estas contingencias específicas, y podrían tratarse de cualquier otra cosa.

Independientemente del diagnóstico específico, en general, todas las fobias se tratan de igual manera. En la mayoría de los casos se deberá evaluar la posibilidad de iniciar un tratamiento farmacológico para la ansiedad, a través de antidepresivos y si se requiere, tratamiento con ansiolíticos. A nivel psicológico, los profesionales podemos abarcar la dificultad desde diferentes ángulos, adaptándonos a las características y necesidades específicas del cliente. En algunos casos, será muy útil aplicar técnicas de relajación a través de la gestión de la respiración y otros ejercicios de tipo conductual como la focalización. Otros recursos que van en la misma dirección, son la exposición progresiva a los estímulos estresantes de forma controlada, para que la persona vaya desensibilizándose y aprendiendo con la propia experiencia positiva. En otros casos, las fobias esconden traumas del pasado y las dificultades son más profundas y están más arraigadas. En estos casos, será interesante indagar a nivel emocional en el pasado de la persona para resolver conflictos que aparentemente, pueden pasar desapercibidos. Trabajar autoestima y seguridad en uno mismo, siempre es un complemento necesario para este tipo de demandas, así que realizaremos un trabajo orientado a mejorar el autoconocimiento de nosotros mismos y del entorno, a escucharnos, a cuidarnos en todos los sentidos y a desarrollar estrategias de afrontamiento de la vida.

La agorafobia es realmente una dolencia molesta e incapacitante que puede llegar a afectar  gravemente los ámbitos vitales de la persona. Así que, si estáis padeciendo este trastorno, os aconsejo firmemente que acudáis a un profesional especializado en la materia. Como la mayoría de demandas de tipo psicológico, la agorafobia tiene solución si el profesional es el adecuado y si la persona está dispuesta a escuchar y a trabajar.

Este documental habla justamente sobre la agorafobia y los ataques de pánico y ansiedad relacionados.

Helena Romeu Llabrés

Psicóloga Clínica