Dr.Romeu y Asociadas · Blog · Psiquiatría infantil : ¿Cuándo debo llevar a mi hijo al psicólogo?
¿Cuándo debo llevar mi hijo al psicólogo?

A veces no sabemos qué les pasa a nuestros hijos, pero los conocemos y vemos que algo no va bien…puede ser que su comportamiento haya cambiado, que se muestren más retraídos, tristes o ansiosos, quizás se quejan de forma frecuente de dolores corporales…los problemas que puedan presentar a nivel psicológico pueden expresarse de diferentes formas y conllevan malestar o interfieren su actividad cotidiana.

Educación emocional para tus hijos

En este texto, indicamos situaciones en las que es conveniente acudir al psicólogo con nuestros hijos.

En niños de 4 a 18 años podemos establecer una lista de problemas a consultar, que procedemos a clasificar en 3 escalas:

SÍNDROMES INTERNALIZANTESSÍNDROMES COMBINADOSSÍNDROMES EXTERNALIZANTES
RetraimientoProblemas socialesConducta agresiva
Quejas somáticasProblemas de pensamientoConducta delictiva
Ansiedad/DepresiónProblemas de atención

Los síndromes internalizantes se definen como estados emocionales alterados, en los que el joven somete a un fuerte control interno. Son estados dirigidos hacia uno mismo, hacia el interior de la persona. Así, el joven interioriza el problema y lo manifiesta con temores, miedo, preocupaciones, ansiedad o depresión.

  • Retraimiento: El niño/joven de distancia del entorno, física o psicológicamente, porque éste le genera estrés. De esta forma, cuando observamos que nuestro hijo restringe sus relaciones alejándose, jugando solo, mostrándose tímido y cohibido, serio y poco comunicativo, apagado o apático, tenemos suficientes indicios que manifiestan la presencia de un problema emocional.

  • Quejas somáticas: Son la expresión de malestar psico-emocional a través de canales corporales. Así, cuando el niño o joven se queja frecuentemente de dolores gastro-intestinales, náuseas, dolores de cabeza, en el pecho…y éstos no son debidos a una causa orgánica, debemos considerar la posibilidad de acudir al psicólogo.

  • Ansiedad: Se manifiesta a través de agitación, nervios, temores, miedos, preocupaciones excesivas, alteraciones en la ingesta… y provocan un importante malestar en el menor.

  • Depresión: Cuando observamos a nuestro hijo apagado, triste, sin ganas para hacer cosas, alejado del entorno, irritable, con alteraciones del sueño, cansado…debemos pensar en la posibilidad que esté presentando un estado depresivo.

Los síndromes externalizantes se definen como problemas que se manifiestan mediante conductas externas, disruptivas, que afectan a otras personas, y por lo tanto, generan mayor perturbación, siendo más vistosos y respondiendo a un bajo control emocional/comportamental.

  • Conductas agresivas: Pueden consistir en agresiones verbales (disputas, insultos, ironías hirientes, rechazo del otro…), agresiones físicas (arañar, morder, pellizcar, empujar, dar un puntapié, golpear un objeto…), apropiaciones indebidas y por la fuerza de objetos y las que propiamente van dirigidas contra el adulto, que asumen por lo común una forma de desafío: mala voluntad, desobediencia, infracción de las reglas del grupo, etc.

  • Conductas delictivas: Pueden aparecer en la temprana adolescencia, y consisten en conductas tales como el consumo o la venta de sustancias psicoactivas, hurtos con o sin violencia, agresiones sexuales… se trata de comportamientos que manifiestan, según su gravedad, inadaptación general y social, relevantes.

Los síndromes combinados, como su nombre indica, implican problemas internalizados y externalizados, al mismo tiempo.

  • Problemas sociales: Los problemas sociales, que pueden ir desde relaciones con los demás restringidas en cantidad o calidad, relaciones con comportamientos agresivos, relaciones hipersexualizadas…indican comportamientos disfuncionales que manifiestan un problema no solo conductual/comportamental, sino también emocional.

  • Problemas del pensamiento: Pensamientos difíciles de controlar que les molestan, pero que insisten en ellos una y otra vez. Pensamientos distorsionados sobre la realidad o sobre su propio cuerpo. Pensamientos extraños, acompañados de conductas que nos llaman la atención. Se trata de alguna alteración en la forma de pensar y que genera comportamientos “diferentes”, como por ejemplo repetir conductas una y otra vez, realizar comportamientos de una forma ritualizada, comportamientos extraños que no se corresponden con actitudes normales y adaptadas.

  • Problemas de atención: Dificultad para concentrarse y prestar atención, también para controlar los impulsos y/o la actividad excesiva. Así, pueden distraerse fácilmente, no percibir detalles, olvidarse de las cosas y con frecuencia cambiar de una actividad a otra. Pueden ser muy impacientes, actuar sin tener en cuenta las consecuencias, interrumpir con frecuencia conversaciones o las actividades de los demás.

Esta clasificación general y los problemas descritos son signo de que el menor presenta algún problema o dificultad psicológica, por lo que es conveniente que si el mismo niño, los padres o los maestros lo advierten, se acuda al psicólogo para evaluar cuál es el motivo de su malestar o comportamiento y poder recibir un tratamiento adecuado para solucionar el problema.

Acudir al psicólogo puede ser altamente beneficioso para el joven que está sufriendo y para los adultos que le quieren y no saben qué hacer, cómo actuar o aconsejarle. El psicólogo realizará un tratamiento que englobe tanto al menor como a sus padres y maestros, para poder solucionar con éxito el problema que les trae a consulta.

Laia Oliva

Psicóloga-Psicoterapeuta.