Es probable que todos tengamos un familiar u otra persona cercana que haya sufrido o esté padeciendo un trastorno depresivo. Según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud) más de 300 millones de personas en todo el mundo son afectadas por esta enfermedad. Por eso, es muy importante saber cómo relacionarnos con alguien en esta situación, de modo que nuestra acción le suponga un beneficio emocional a la otra persona.

En primer lugar, es importante formarnos sobre esta cuestión ya que, muchas veces, los mensajes que le transmitimos a alguien con un trastorno depresivo pueden ser perjudiciales, a pesar de nuestras mejores intenciones. Hay que evitar mensajes culpabilizadores hacia la persona: “deberías sentirte mejor”, “¿por qué no te tomas la vida en positivo?”, “lo que tienes que hacer es alegrarte”, etc. Cuando una persona con depresión escucha palabras como esas, interpreta que su estado es culpa suya. Se daña así su ya perjudicada autoestima, acentuándose los sentimientos de soledad y desesperación asociados a esta dolencia. Por el contrario, lo que le resultará reconfortante es comprobar que quienes le estiman están a su lado con una actitud de aceptación. Además, convendrá transmitir la idea de que la depresión es una enfermedad como cualquier otra, que tiene cura siguiendo el tratamiento adecuado. Veamos ahora algunas formas de ayudar a una persona con estos síntomas.

Cómo ayudar a alguien con depresión

Promover la aceptación: es muy importante que tanto el afectado como su entorno entiendan que un trastorno depresivo es una enfermedad. Por tanto, no es culpa de la persona encontrarse en esa situación, de la misma manera que no es su culpa contraer un resfriado. No debemos cuestionar sus sentimientos ni exigir una explicación racional de los mismos, sino adoptar una actitud de comprensión y aceptación. Al mismo tiempo, es preciso señalar que la depresión es una condición que puede curarse con el tratamiento adecuado.

Derivar a un profesional: Existen tratamientos efectivos para la depresión. Según las circunstancias y la voluntad del paciente, deberán aplicarse tratamientos psicoterapéuticos o psicofarmacológicos. Dependiendo de la gravedad del caso, una combinación de ambos es generalmente la opción más recomendable.

Acompañar a la persona: es habitual que quien padece una depresión experimente un profundo sentimiento de soledad y aislamiento respecto de los demás. Podemos mitigar este dolor simplemente estando a su lado y acompañando durante su proceso. Sin embargo, es preferible evitar llamadas a levantar su ánimo o una actitud excesivamente piadosa. Estar al lado de la otra persona sin juzgarle y mostrando comprensión resultará más confortante.

Evitar presionar a la persona: la depresión, en tanto que enfermedad, produce unos síntomas que llevan a la persona al aislamiento y la pasividad. Esto puede ser a veces difícil de entender para quienes rodean a una persona con depresión. Esto lleva a que se intente ayudar a la persona animándolo a salir de casa, a divertirse, a buscar trabajo, etc. No obstante, estos mensajes son contraproducentes, pues la persona se encuentra incapacitada para realizar esas actividades como consecuencia de su enfermedad. Es en el trabajo terapéutico dónde encontrará las herramientas para hacerlo.

Dar esperanzas: la depresión, como ya dijimos, sume a la persona en una profunda desesperación. Quien la padece siente que está en un pozo sin fondo del que no hay escapatoria. Por eso es tan importante recordarle que se trata de una enfermedad que tiene cura, que por tanto sí que puede salir de la situación en la que está. Es necesario ayudar al otro a recordar que puede sentirse bien y disfrutar de la vida, y que además su bienestar es algo valioso.

Para acabar, aprovechamos para compartir un video de la asociación Obertament, dedicada a luchar contra el estigma en salud mental:


Equipo Dr. Romeu