fobias

Llamamos fobia a cualquier miedo hacia algo que, en principio, es inofensivo. Se trata de un miedo irracional, cuyos mecanismos psicológicos no siempre están claros. Hay muchos tipos de fobias: claustrofobia es el miedo a estar en lugares cerrados, herpetofobia el miedo a las serpientes, etcétera.

Las fobias más corrientes hacen referencia a animales o insectos, situaciones naturales (tormentas, precipicios), sangre e inyecciones, o a situaciones concretas (túneles, ascensores, aviones, etcétera).

Ir de vacaciones puede ser un martirio para quienes tienen algún tipo de fobia. El periodo vacacional suele comportar viajes, cambios de entorno y un mayor acceso a la naturaleza. De ello pueden derivarse problemas para las personas con alguna de las fobias descritas. El miedo a volar en avión, el miedo a animales o insectos y el miedo a fenómenos atmosféricos son los más frecuentes.

Las fobias específicas, es decir, el miedo concreto a alguna de las circunstancias señaladas, tiene buen tratamiento psicológico. La persona debe aprender a”afrontar” las cosas o situaciones que le atemorizan. Este aprendizaje del afrontamiento se puede realizar de forma lenta y progresiva, o bien de forma rápida.

La forma lenta consiste en el aprendizaje de técnicas de relajación y de control del pensamiento, al tiempo que la persona va pensando en aproximarse lentamente a la situación temida. La hipnosis puede ser un auxiliar de primer orden en estos acercamientos. Una vez la persona ha conseguido pensar tranquilamente en la situación temida, se trata de pasar progresivamente a la aproximación real.

La forma rápida se basa en colocar a la persona en una situación de máxima ansiedad, y esperar que la ansiedad se extinga por agotamiento. Por ejemplo: una persona con fobia a los ascensores es situada dentro de un ascensor, junto con el terapeuta, y es aleccionada a “consumir” su ansiedad, hasta que esta desaparezca por completo. La ansiedad despertada por una situación suele bajar al 50% en la primera hora, al 20% en la segunda hora, y extinguirse por completo durante la tercera hora. Si se combinan técnicas de relajación es factible reducir el proceso a poco más de una hora. De esta forma la persona aprende que es posible convivir con las situaciones más temidas y, a partir de ahí, regular sus miedos irracionales.