Y llegó la matenidad. Pero posiblemente, antes de que llegara el nacimiento de nuestro bebé  ya llevamos tiempo pensando, especulando y preparándonos para este momento. Cuando decidimos querer ser padres, cuando el momento empieza su camino, cuando pasamos por las primeras etapas del embarazo y visualizamos todo lo que ello conlleva, las dudas, preocupaciones, formaciones al respecto…todo, en torno al momento de ser padres.

Pero aún así, después del tiempo que llevamos pensando en ello, de nuestros nueve meses de embarazo (que seguramente vienen precedidos por la espera de la concepción), de todo lo que hemos escuchado en torno a vivencias externas (consejos deseados y otros impuestos)…después de sentirnos preparados y deseosos llega, por fin, el momento ¡¡¡y nos sentimos arrollados!!!

La maternidad, un gran tsunami al que nos tenemos que adaptar. Hay que adaptarse a esa nueva situación, conocer a nuestro bebe, a nosotros mismos en nuestro nuevo papel, a nuestra relación de pareja que se recoloca, a los familiares que obtienen otro nuevo rol también…y todo el mundo aconseja, todo el mundo opina y nadie te pregunta que es lo que TÚ necesitas.

El bebé se posiciona en primer lugar y no hemos de olvidar donde nos quedamos nosotras, como nos sentimos y las necesidades que tenemos. Porque para atender, cuidar y fortalecer a nuestro bebé, tenemos que estar bien nosotras primero.

Llegan las primeras dudas, los primeros obstáculos y, ¿qué hacemos?

¿Qué hacemos en relación a la alimentación de nuestro bebé? Lactancia materna, lactancia artificial, mixta, parecía más fácil, todo el mundo opina, el bebé llora, come mucho, come poco, el peso, nuestras molestias, el no dormir por las noches…

¿Qué hacemos cuando llora? Lo cogemos, muchos brazos, se va a acostumbrar, porteo, carrito, no tengo tiempo para nada, cómo me ducho…

¿Qué hacemos para dormirlo? Se duerme comiendo, no cenamos nunca con nuestra pareja, el moisés parece tener pinchos porque sólo dejar al bebé dentro empieza a llorar, quitamiedos, músiquita, colecho, en su habitación…

Y como estas situaciones, muchas más les acompañan. Surgen miedos, preocupaciones, inseguridades, felicidad extrema, amor infinito…miles de sensaciones, sentimientos y pensamientos que nunca habían aparecido antes.

Y te das cuenta, que muchas de las cosas que habías dicho antes no vas a poder llevarlas a cabo, has criticado lo que ahora mismo estas haciendo, entiendes muchos comentarios que antes mirabas con cierta perspectiva…ha cambiado tu vida. Existe un antes y un después.

Hay que aprender, adaptarse y amar esta situación. Escuchar tus necesidades, las de tu pareja y las de tu bebé, por supuesto. Y crecer, crecer juntos. Un camino difícil y que no dejará de enseñarte las mejores lecciones de tu vida.


Verónica Vega
Psicóloga Infantil

La maternidad
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