¿Son necesarias las normas en los niños? ¿Me he pasado, soy demasiado estricta? ¿Me toma el pelo? Estas pueden ser algunas de las preguntas que como padres y/o educadores nos podemos plantear sobre la educación de los más pequeños.

En realidad, vivimos en un mundo rodeado de normas, límites y rutinas, muchas de ellas tan normalizadas e integradas que ya no prestamos atención y realizamos mecánicamente, pero que nos ayudan a organizarnos y a entender el mundo y nuestra sociedad. Por ello, tenemos que pensar que igual que a nosotros, a nuestros hijos, también les aporta tranquilidad y seguridad. Ayudan a estructurar su funcionamiento cognitivo y a entender el mundo en el que vivimos. Las normas ofrecen a los pequeños una estructura sólida a la que aferrarse y son una referencia.

Además, enseñan al niño que, en algunas ocasiones, no podrá conseguir todo aquello que desee. Le ayudará a aceptar el no y es un entrenamiento de futuro para las posibles frustraciones que se encuentre en el camino de la vida. Los niños traen implícito el modelaje que han ido observando y recibiendo del funcionamiento familiar y doméstico, pero no hemos de perder de vista, que se encontrará con situaciones distintas y en el que las normas y las pautas vienen dadas por otras personas: escuela, actividades extraescolares, familiares, amigos, entorno social…así que tenemos que enseñar la importancia que ellas tienen y fomentar su aprendizaje.

Ya sabemos que en nuestro día a día, resulta complicado el establecer unas normas y límites con nuestros hijos. Después de un día de trabajo, al llegar a casa, lo que menos nos apetece es tener que batallar con los pequeños. Por ello, muchas veces, somos nosotros mismos los que acabamos resolviendo la situación, intentando evitar confrontaciones y discusiones. En otras ocasiones, queremos que nuestros hijos confíen en nosotros, y pasamos de ser una figura paternal a una figura que se aproxima más al de “colegas” de nuestros hijos.

En todas estas situaciones, no hemos de perder de vista la importancia que tiene para los niños el establecer unas normas y límites claros. Y nos podemos preguntar, ¿por qué son necesarios los límites? Porqué ayudan al niño a tener claros determinados criterios sobre las cosas, son referencias constantes y le enseñan a organizarse. Necesitan que el adulto le ponga límites, para que ellos puedan reconocer y respetar los límites de las otras personas.

Promover estas actitudes es un aprendizaje que ayudará a que nuestros pequeños conozcan lo que se espera de ellos, les dotará de seguridad y confianza para un su presente y futuro próximo.


Verónica Vega.

Psicóloga infanto-juvenil.