Alguien me pidió que escribiera un texto sobre la maternidad[i] desde un enfoque íntimo, humano y existencial. Lo voy a procurar.

Tengo 38 años, un marido de 39 y una hija de 6 años. Ejerzo principalmente de madre y de psicóloga, esforzándome y tratando de dar lo mejor de mí misma. Mi hija depende de mí y los clientes confían en mí.

Desde que soy madre son muchas las conversaciones mantenidas, tanto en sesiones de terapia como en reuniones de amistades, relativas al efecto que la maternidad ejerce sobre nosotras mismas. Se trata de un tema relevante y a veces, algo silenciado. Parece que es “inadecuado” socialmente, vivir la maternidad con sentimientos encontrados.

En mi círculo más próximo, de pequeña, éramos de una generación en la que nuestras madres, nos educaban dándole gran importancia a lo académico y profesional, el favorecer ser autónomos e independientes, todo ello en un marco social cargado de individualismo y competitividad. Además, creo que se daba por hecho el que formaríamos nuestras propias familias y que conciliaríamos nuestras vidas profesionales y familiares.

Esta generación nuestra, que valora tanto la autonomía y la libertad personal, muchas ya somos madres.  Queremos vivir nuestras vidas plenamente, trabajamos, criamos y cuidamos.

El tener hijas/os es una situación vital de gran impacto  personal, que nos empuja a crecer. Se trata de un punto de inflexión en la vida  de las personas.

Con una actitud quizás algo “naif” decidimos tener hijas/os. Esta actitud puede nacer de un profundo deseo, también puede ser el resultado de un planteamiento racional. Es “naif” porque partimos de creencias algo ingenuas acerca de lo que supone la maternidad. En realidad, por desconocimiento la subestimamos.

Para mí, la maternidad (sin olvidar la etapa de la adolescencia) ha sido el gran punto de inflexión de mi vida. De hecho, el tener hijas/os es una etapa de posible crisis en el ciclo vital de la persona y de la pareja. Y esta crisis, observo que tiene fuertes planteamientos existenciales en una misma.

Primero señalar que una crisis es una coyuntura de cambios que se producen, y que está sujeta a una evolución. Así, una crisis personal es una situación de inestabilidad y de cambios en aspectos importantes de la vida de una persona, que produce malestar y sufrimiento. Sin embargo, y como he anunciado anteriormente, una crisis está sujeta a una evolución, por lo que si se pretende aprender de la misma, una puede salir de ella bien reforzada. Y es por esto que digo que la maternidad nos empuja a crecer.

En esta nueva etapa, se producen continuamente situaciones en las que es preciso tomar decisiones y elegir. Y elegir significa también renunciar. Y son estas dicotomías que nos empujan a crecer, porque cuando una ejerce de madre toma las decisiones en base a lo que considera es mejor para el hijo/a, y esto frecuentes veces lleva al adulto a tener que hacer renuncias propias, renuncias que le generan malestar.

He aquí el enfrentamiento entre el Yo y el Yo-madre. Podemos hablar del sentimiento de Renuncia del Yo, que es sin duda y paradógicamente lo que nos permite evolucionar, confrontando nuestra propia voluntad personal con las necesidades de la maternidad.

Porque muchas pasamos años sin dormir bien, dejamos de hacer aquello que tanto nos gustaba simplemente porque “no tenemos espacio o tiempo”, estamos con amigas mientras los hijos y las hijas no nos permiten conversar tranquilamente, casi no leemos porque estamos agotadas, algunas empiezan a llamar “papa” a su pareja… parece que nuestro Yo más profundo se vea catapultado por la vida de nuestros pequeños.

En realidad, algo que escuché cuando mi hija tenía unos 3 meses de edad, fue un mensaje que se convirtió des de aquel momento en un enunciado clave para mí, que decía algo así: “los hijos son nuestros maestros, confiemos en ellos”. Esta frase me la soltó una madre madura y mayor con aspecto hippy, agradable y atenta.

Hoy es un referente para mí que quiero compartir. Porque aprendiendo de/con nuestras hijas e hijos, vamos creciendo como personas. Esta crisis, natural en el ciclo vital, que podemos experimentar y sufrir durante un tiempo más o menos largo, si bien gestionada, va dando lugar a un Yo más introspectivo, sereno y maduro. Paciencia, empatía, entrega, comprensión, amor incondicional, esfuerzo, dedicación…son cualidades que una va empoderando en este proceso de cambio en el ciclo de vida.

Aprender a encontrar el equilibrio entre el Yo más personal y el Yo-madre es un aspecto clave que permite una buena integración de ambos. Las limitaciones existen y esto también es bueno aprehenderlo, porque permite desarrollar una mejor tolerancia a la frustración y por lo tanto, una mayor aceptación y adaptación  de la realidad.

La maternidad también nos enfrenta a una nueva realidad con nuestras madres,  porque muchas seguimos siendo hijas, y las circunstancias de la maternidad provocan unos cambios personales y en el sistema familiar, que nos invitan a restablecer vínculos diferentes con ellas. Adaptarse a esos nuevos cambios tampoco es de por sí fácil, porque implican repetidas negociaciones y algún que otro enfado con nuestras madres. Pero poco a poco, en este proceso de evolución y cambio en el rol de hijas, vamos estableciendo un nuevo equilibrio en la relación con ellas.

Dentro del mundo de la pareja, es una conocida realidad que la relación se pueda ver “sacudida”  por la maternidad. Evidentemente, en todas las parejas se produce un impacto debido a los cambios que les sobrevienen. Nos encontramos con muchas y variadas opciones de negociación y pactos en la pareja que posibilitan una evolución en la relación. Sin embargo, estos procesos de negociación fácilmente se convierten en conflicto,  por lo que es importante practicar los pactos y las negociaciones desde una actitud de paciencia y amor. Y para poderlo hacer así, es clave mantener espacios de pareja de calidad.

Vivamos nuestra realidad como madres desde la naturalidad. No hagamos un tabú de nuestras contradicciones internas como madres y aprendamos  de esta experiencia de vida, que es una gran oportunidad para crecer y mejorar como personas.

[i] Utilizo las palabras maternidad y madre para referirme tanto a la maternidad como a la paternidad, al ser madre y ser padre, respectivamente.


Laia Oliva

Psicóloga-Psicoterapeuta.