Educación emocional para prevenir problemas en nuestros hijos

Personalmente, pienso que ser padre/madre es una de las profesiones más difíciles del mundo, pues nuestros niños, cuando nacen, no vienen con un manual de instrucciones debajo del brazo. Tampoco hay escuelas o universidades que nos enseñen e educar a nuestros pequeños. Incluso, no podemos guiarnos al 100% por la crianza que recibimos de nuestros padres y madres; ellos, como seres humanos que son, hicieron muchas cosas bien pero también cometieron errores. Si finalmente tenemos en cuenta que cada niño es diferente y que todos necesitan un trato personificado en el entorno y experiencias que les ha tocado vivir, resulta que educar a nuestros bebés es de lo más complicado que hay en esta vida.

Pero no nos alarmemos, el amor y el cariño que les tenemos ya es de por sí un gran recurso que, si sabemos canalizar de manera adecuada, nos servirá para ayudarles a crecer feliz y sanamente.

Algunas pautas que facilitan un buen crecimiento emocional

  1. Utilicemos el refuerzo positivo: es un hecho demostrado científicamente que el refuerzo positivo es la técnica más eficaz para promover comportamientos deseados. Ponerlo en práctica es muy sencillo y la repetición constante y duradera en el tiempo es la forma más efectiva y saludable de educar a nuestros hijos. Consiste en premiar aquellos comportamientos que deseamos que nuestros hijos repitan e integren en su personalidad. Aunque se puede premiar un comportamiento de varias maneras diferentes (algo material como una piruleta o algún servicio/actividad como llevarlos a Portaventura o apuntarlos al futbol), el que mayor peso tiene es el elogio y el reconocimiento. Cada vez que haga sus deberes, que recoja sus juguetes o que vuelva a casa a la hora que le indicamos, ofrezcámosle una gran sonrisa y digámosle “Muy bien cariño, muchas gracias”.
  2. Siempre, siempre, siempre, el amor incondicional: A nuestros hijos les debemos querer sin condiciones, amándolos en todo momento, hagan las cosas bien o mal. Si adoptamos esta filosofía y así se la transmitimos les enseñaremos a ser seguros de sí mismos y a que se acepten tal y como son. Esto no quiere decir que cuando hacen algo malo no se lo digamos, pero para transmitirles nuestro desacuerdo en una conducta nunca debemos poner en juego nuestro amor y cariño hacia ellos.
  3. Promover una comunicación directa, verdadera y saludable: A veces, en consulta, los padres me dicen “Es que mi hijo nunca me cuenta nada” o “Mi hija siempre me miente”. Los niños son el reflejo de aquello que nosotros les hemos enseñado. Igual que la imagen que proyecta un espejo, nuestro niño es la proyección de la educación que le hemos dado. Si tu hijo no te cuenta las cosas, primero pregúntate si tú le cuentas cosas a él. Cuando te explica algo de su vida, ¿Siempre le escuchas?, ¿Le das importancia a aquello que le pasa y te transmite? Si lo que te cuenta no te gusta ¿Le regañas con demasiada dureza? No le obligues a que te cuente nada, pero dile que siempre que quiera te puede contar cualquier cosa. Hazle saber que tú estás con él para lo que sea, para lo bueno y lo malo. No le mientas, cumple tus promesas y ayúdale siempre que te necesite. Si seguimos estas simples pautas, lo más probable es que nuestro pequeño nos cuente sus problemas y así podremos ayudarlo más rápidamente a detectarlos y a resolverlos.

Si queréis más información sobre cómo debemos educar a nuestros hijos os recomiendo leáis este artículo de nuestra web https://www.drromeu.net/educacion-infantil/.

Signos de alerta: ¿Cuándo debo llevarlo al psicólogo?

Si seguimos las pautas anteriormente mencionadas estaremos previniendo problemas más graves que puedan ocurrir durante el desarrollo de nuestros hijos. Si aun así aparecen dificultades ¿Cómo podemos detectarlas?

En general, los niños y adolescentes deben estar bien, felices y estables. Cuando un niño manifiesta alguna señal de empeoramiento en cualquiera de sus áreas vitales, debemos estar alerta y descubrir qué es lo que está pasando. Si antes aprobaba y ahora suspende, si antes tenía amigos y ahora no se relaciona con los demás niños, si en casa se portaba bien y ahora se porta mal, si antes estaba contento y ahora le vemos más triste, etc. Todos estos factores que indican un cambio a peor deben ser investigados a fondo. Sobre todo, no intentemos aplicar soluciones hasta saber qué pasa exactamente, pues si el remedio no es el adecuado, incluso podemos empeorar la situación. Por ejemplo, si nuestro hijo suspende, no le quitemos la Play sin más o le apuntemos a clases de refuerzo directamente. Primero hablemos con él, con sus profesores y con sus amigos. A lo mejor pensamos que suspende por ser un vago y resulta que tiene TDAH, quizás creemos que se pone chulo y es irrespetuoso con nosotros y lo que pasa es que en el colegio tiene problemas con los demás chicos.

Si aun habiendo hablado con su entorno y con él, si aun habiendo aplicado posibles soluciones vemos que no remite el problema, no dudemos en consultar a un especialista. A ver, no se trata de que a la mínima llamemos a un psicólogo o psiquiatra, pero si nos sentimos bloqueados y vemos que con nuestros recursos no tiramos para adelante, no tengáis reparo en pedir ayuda.

Si queréis a vuestros hijos incondicionalmente y se lo demostráis, los escucháis, estáis atentos a estos “empeoramientos”, los tratáis con respeto y estáis con ellos para lo que os necesiten, aunque surjan dificultades y problemas siempre estaréis a tiempo de resolverlos. Si cuando se os acaban las ideas, estáis dispuestos a pedir ayuda, no os preocupéis, todo irá bien.

Helena Romeu Llabrés
Psicóloga Clínica
Nº de colegiada 19543