Analicemos y empaticemos

Los seres humanos, aunque cada uno de nosotros seamos únicos e irrepetibles, tenemos muchos puntos en común entre nosotros. Los psicólogos observamos que, aunque cada historia es diferente, en el fondo, se repiten patrones y situaciones similares. Gracias a este aspecto somos capaces de empatizar unos con otros, ya que hemos pasado por escenarios parecidos y hemos sentido las mismas emociones.

Cuando hay una ruptura amorosa, sobre todo cuando no es deseada, lo que experimentamos es un sentimiento de duelo y una profunda sensación de tristeza. Esta pérdida también puede desembocar en emociones de rabia, dolor, miedo, confusión, sensación de injusticia, desamparo, frustración, entre muchas otras.

Nos parecemos más de lo que creemos

Cuando uno rompe su relación de pareja, habitualmente, tiene una serie de sensaciones y pensamientos que se repiten una y otra vez a lo largo de nuestras vidas y de forma transversal en todos los seres humanos. Por ejemplo:

  • Quizás, mi pareja nunca me quiso, porque si me hubiera querido tanto como decía, no me habría dejado.
  • Todo lo demás tuvo más peso que el amor que decía sentir hacia mí.
  • Jamás encontraré a otra persona que me quiera igual.
  • Estoy destinado/a a estar solo/a el resto de mi vida.
  • Nunca podré volver a enamorarme.
  • Ya no quiero estar con nadie más.
  • ¿Crees que aun siente algo por mí? Parece como si de un día para otro ya no sintiera nada por mí.
  • ¿Me recordará? ¿Habré significado algo para él/ella?
  • ¿Qué he hecho mal? La culpa es mía.
  • ¿Qué me pasa? ¿Porque no soy capaz de continuar mis relaciones? ¿Soy un bicho raro?
  • Todo ha sido una mentira, una falsedad.

Todos estos pensamientos y emociones son mucho más habituales de lo que nos pensamos, pero por sentirlos en un momento determinado no significa que se ajusten a la realidad, es decir, durante los primeros días en que experimentamos el dolor más intenso, nuestro raciocinio queda limitado por nuestras emociones que nos invaden de forma atropellada y no nos dejan pensar con claridad. Son muy típicos los pensamientos de tipo catastrofista, que analizan el pasado y el futuro de forma negativa y pesimista, incluso, con fuertes sentimientos de castigo y culpabilidad.

No nos rindamos, luchemos

Todos estos sentimientos y pensamientos deben ser reconducidos, aunque soy consciente que, al principio, es muy difícil encontrar el consuelo necesario a tanto dolor. Pero no debemos abandonarnos a la desesperación. Debemos luchar, sabiendo que:

  • Claro que la persona te quiso, por eso estuvo contigo todo este tiempo. Hubo un vínculo entre vosotros, por mínimo que fuese, no te lo niegues.
  • No has hecho nada malo, no es culpa tuya y no eres un bicho raro. Las parejas rompen constantemente, es normal, y cuando esto sucede es porque las dos personas no supieron entenderse.
  • Has compartido todo con esa persona, siempre te recordará.
  • Nos volveremos a enamorar. Pensemos en veces anteriores. Ya tuvimos otras rupturas amorosas, pensamos lo mismo en su momento y después, volvimos a enamorarnos.
  • Encontrarás a alguien, tarde o temprano. Siempre es así, la vida misma da fe de ello. Ahora cura tus heridas y con el tiempo volverás a enamorarte.
  • Es normal que ahora no quieras estar con nadie, acabas de terminar una relación y te sientes bloqueado/a. Espérate, con el tiempo te sentirás mejor.

Compartamos nuestro dolor, no estamos solos

Es muy importante que, en estos duros momentos, seamos conscientes de que nuestras respuestas emocionales son muy fuertes y que nos llevan a conclusiones, muchas veces, destructivas y desajustadas. Démonos cuenta que en las mismas circunstancias, la mayoría de nosotros, hemos sentido y pensado las mismas cosas, que tenemos eso en común y que no estamos solos.

Un ejercicio que puede ser muy gratificante y reconfortante es compartir los unos con los otros nuestras penas. Por ejemplo, los foros que hablan sobre el tema, están llenos de comentarios de personas que han pasado por lo mismo y sí, empatizando y compartiendo, hacemos que nuestro dolor disminuya un poco más cada día.


Helena Romeu Llabrés

Psicóloga Clínica