Crisis de ansiedad

 

¿Qué es la ansiedad?

Los trastornos por ansiedad constituyen, con los trastornos depresivos, los más frecuentes en el ámbito de la psiquiatría. La ansiedad, sinónimo de angustia, es la sensación de que algo va a pasar, sin saber qué. Es una reacción generalizada del cuerpo ante estímulos que requieren acción, o que son potencialmente peligrosos, desconocidos o inesperados. Las explicaciones que se dan sobre estos trastornos siguen las normas de la American Psychiatryc Assotiation (APA) y del National Institute of Mental Health de USA (Instituto Nacional de la Salud mental de Estados Unidos).

Aunque ya hayamos hablado de ella en varias ocasiones en este blog, este vídeo nos puede ayudar a conocer nuevas maneras de tratarla. No siempre es algo totalmente malo y a menudo son distintas las causas por las que puede aparecer.

En este vídeo podemos ver una entrevista a Patricia Ramírez, psicóloga, que nos habla de la ansiedad. Esta entrevista fue publicada en el programa “Para todos” de La 2.

El trastorno de ansiedad

Documental de La noche temática que nos habla sobre qué es la ansiedad, con diferentes ejemplos de persones que padecen angustia y ataques de pánico. Asimismo, se ofrecen explicaciones neuroquímicas para la ansiedad.

¿Qué es para ellos? ¿Cómo la sufren? ¿Y sus familiares? Algunos acuden al psicólogo, otros al psiquiatra, pero todos intentan combatirla como pueden.

Todas las personas saben lo que es sentir ansiedad: los hormigueos en el estómago antes de la primera cita, la tensión que usted siente cuando su jefe está enojado, la forma en que su corazón late si usted está en peligro.

La ansiedad te incita a actuar. Te anima a afrontar a una situación amenazadora. Te hace estudiar más para ese examen y te mantiene alerta cuando estás dando un discurso. En general, te ayuda a enfrentarse a las situaciones. Pero si sufres de trastorno de ansiedad, esta emoción normalmente útil puede dar un resultado precisamente contrario: evita que te enfrentes a una situación y trastorna tu vida diaria. Los trastornos de ansiedad no son sólo un caso de “nervios”.

Son enfermedades frecuentemente relacionadas con la estructura biológica y las experiencias en la vida de un individuo y con frecuencia son hereditarias. Existen varios tipos de trastornos de ansiedad, cada uno con sus características propias.

Un trastorno de ansiedad puede hacer que te sientas ansioso casi todo el tiempo sin ninguna causa aparente. O las sensaciones de ansiedad pueden ser tan incómodas que, para evitarlas, suspendes algunas de sus actividades diarias.

O puedes sufrir ataques ocasionales de ansiedad tan intensos que te aterrorizan e inmovilizan. Muchas personas confunden estos trastornos y piensan que los individuos deberían sobreponerse a los síntomas usando tan sólo la fuerza de voluntad. El querer que los síntomas desaparezcan no da resultado, pero hay tratamientos que pueden ayudarte.

Ofreceremos explicaciones breves de trastorno de ansiedad generalizada, de trastorno por pánico (que a veces se presenta acompañado de agorafobia), de fobias específicas, de fobias sociales, de trastorno por estrés postraumático y de trastorno obsesivo-compulsivo.

Cuando la ansiedad es patológica

La ansiedad deja de ser una reacción normal, para convertirse en patológica, si aparece en ausencia de unas causas lógicas. La palabra ansiedad deriva de la palabra latina, anxia, con el mismo significado. Es sinónimo de “angustia”, con el mismo origen (y ambas del griego “angor”, constricción) y el significado de malestar indeterminado que se acompaña de respiración anhelante. Precisamente el trastorno de la respiración (llamado disnea suspirosa) suele ser la más frecuente manifestación física ligada a la ansiedad.

Decimos la más frecuente, pero en absoluto la única. La ansiedad es una reacción de alarma ante lo desconocido, cuya respuesta es doble: psíquica, la preocupación o impaciencia, y física, la múltiple de activación del organismo como defensa ante lo imprevisto. El cerebro pone en marcha la respuesta de ansiedad como un estado de suma vigilancia, de alerta crispada, al tiempo que, a través de descargas de adrenalina, prepara al cuerpo para lo que pueda ocurrir.

Síntomas de la crisis de ansiedad

La descarga de adrenalina es la causa de las manifestaciones corporales de la ansiedad: taquicardia, respiración rápida y superficial (compensada con el suspiro de vez en cuando), sudación, sequedad de boca, temblor, escalofríos, sensación de “vacío” en la boca del estómago, aumento de la presión arterial, aumento de la combustión de la glucosa, contracción de algunos esfínteres (lo que puede causar necesidad de orinar, o de defecar), dilatación de pupilas (lo que puede causar visión borrosa), tensión muscular (lo que suele causar inestabilidad y, con el tiempo, dolores).

No todos los estados de ansiedad cursan con todos estos síntomas. Pero un 3-4 % de la población general sufre las llamadas “crisis de ansiedad” o “crisis de pánico”, las cuales consisten en una brusca e inmotivada reacción de ansiedad con muchos de los síntomas anteriormente descritos. Tales crisis provocan una intensa conmoción en quien las padece, con grave sensación de estar perdiendo el control, o de estar muriéndose. Si acontecen en un lugar donde sea difícil o embarazoso salir (un túnel en la carretera, un transporte público, unos grandes almacenes, un cine…) la persona sufre, además, la angustia añadida de estar perdido o de estar haciendo el ridículo. A partir de ahí, a las esporádicas crisis de pánico se añade el fenómeno llamado “agorafobia”, palabra que se emplea para definir el miedo y la ansiedad que aparecen, de forma patológica, cuando uno está en algún lugar de donde sea difícil o embarazoso salir para hallar ayuda si apareciera la crisis de ansiedad.

Agorafobia

El nombre de agorafobia, significa miedo a los espacios abiertos, y se emplea por razones históricas. La primera descripción médica que se hizo de un paciente con miedo tras una crisis de pánico era una fobia a los espacios abiertos. La verdad es que el miedo aparece en espacios abiertos o cerrados, grandes o pequeños, con gente o sin ella.

A pesar de que es una dolencia frecuente (recordemos: 3 – 4 % de la población general) no era, hasta hace poco, muy conocida. Incluso las propias personas que la sufren, tienden a disimularla o a mantenerla encubierta porque les da una cierta vergüenza o reparo que los demás sepan que les ocurre algo que, en apariencia, es irracional. Los que padecen agorafobia y ataques de ansiedad sufren extraordinariamente. Suelen hacer lo que se llama “conductas de evitación”, es decir, evitan hacer cosas. Por ejemplo: ir al restaurante, ir en metro, comprar en un supermercado… a la larga, algunos hay que dejan de salir a la calle a menos que vayan acompañados.

Organicidad

Hoy en día sabemos que la agorafobia solamente acontece en personas que tienen desarreglos en la utilización de un neurotransmisor cerebral: la serotonina. Los neurotransmisores cerebrales son sustancias químicas fabricadas por el propio cerebro. Cuando se destruyen en mayor proporción de la que es adecuada dan lugar a diversos tipos de trastornos, los cuales dependen del neurotransmisor y del lugar del cerebro donde ocurran estas cosas. Por ejemplo: la enfermedad de Parkinson, la depresión, la anorexia, la bulimia, la esquizofrenia… son trastornos en los que se detecta un mal funcionamiento de los neurotransmisores.

La agorafobia y las crisis de angustia son trastornos de tipo orgánico, que repercuten en el psiquismo. Requieren un tratamiento médico y un tratamiento psicológico (igual que haríamos con alguien que ha sufrido un infarto por estrés, por ejemplo).

Tratamiento de la ansiedad

El tratamiento médico consiste en el empleo de fármacos que “recuperan” la serotonina. El tratamiento psicológico más habitual consiste en educar el autocontrol. El paciente debe aprender técnicas de control emocional que le permiten afrontar (en vez de evitar) las situaciones que le despiertan ansiedad.

El tratamiento médico debe durar meses, o años (depende de la gravedad del problema y del tiempo de evolución del mismo). La psicoterapia suele ser breve (entre cuatro y doce meses por término medio) dependiendo de la personalidad básica de la persona tratada y de su capacidad para el aprendizaje.

”Historia”

  • Las crisis de ansiedad están descritas desde hace más de un siglo, aunque con distintos nombres. Los más frecuentes: neurosis cardiaca, “nervios en el corazón”… En realidad, crisis de malestar con diferentes síntomas somáticos, tales como palpitaciones, dificultad para respirar, temblor, y sensación de estar sufriendo un ataque cardíaco
  • Los síntomas somáticos: dolor en el pecho, dificultad respiratoria, palpitaciones, etc. provocan que muchos de los pacientes sean explorados una y otra vez en servicios de medicina interna, cardiología, o en urgencias.
  • En una crisis de angustia pueden aparecer múltiples síntomas: palpitaciones, pulso acelerado, sudor, temblor, dolor en el pecho, sensación de estar perdiendo el conocimiento, respiración agitada, náuseas, dolor de barriga, sensaciones de irrealidad, miedo de perder el control, miedo de morir, hormigueos, sofocaciones.
  • Las crisis de ansiedad pueden aparecer sin ningún acontecimiento que las desencadene, sin más ni más.
  • La respiración superficial y rápida, llamada hiperventilación, llega a provocar un exceso de eliminación de CO2 y alcalosis sanguínea, lo que desata la presencia de espasmos musculares, especialmente en las muñecas y manos. El tratamiento de urgencias, en este caso, consiste en colocar una bolsa de papel o de plástico en boca y nariz, y respirar de esta forma hasta que se compensa el pH sanguíneo alcalinizado-
  • Las crisis de ansiedad con agorafobia afectan a un 3 – 4 % de personas.

”Aspectos bioquímicos”

  • Bajo nivel de serotonina, un neurotransmisor cerebral cuyo déficit se asocia también a depresión, anorexia nerviosa, bulimia, obsesiones, fobias, etc.
  • Mejoría significativa con el empleo de medicamentos precursores de la serotonina, o con los inhibidores de su destrucción en el cerebro. Desde la década de los 70 existe gran cantidad de publicaciones científicas acerca de las ventajas de este tipo de tratamiento.

”Contingencias que favorecen las crisis de ansiedad”

  • Depresión y distimia depresiva. Son trastornos con similares componentes bioquímicos (afectación del neurotransmisor serotonina) a las crisis de ansiedad.
  • Situaciones de estrés continuado.
  • Antecedentes de haber padecido crisis de angustia los familiares cercanos. La incidencia, en estos casos es del 21 %, en contra del 3 – 4 % de la población general.
  • Producción en el cuerpo de lactato sódico (por ejemplo en situaciones de esfuerzo físico inadecuado).

”Tipos de crisis de ansiedad”

  • Inesperadas: Aparecen sin causa aparente. Son las auténticas “crisis de pánico”: incontrolabres y del todo inesperadas.
  • Ligadas a contingencias concretas: por ejemplo, al subir a un metro, al pasar por un túnel. Muchas de las veces son “crisis de nervios” o de hiperventilación (causadas al respirar rápido). Son las que mejoran respirando en una bolsa de papel.
  • Ligadas a situaciones predisponentes: por ejemplo, crisis que aparecen tras un estrés laboral continuado.

”Conducta a seguir ante la crisis de ansiedad”

  • Examen médico único que descarte las enfermedades físicas posibles: disfunciones del tiroides y de las glándulas paratiroides, disfunción suprarrenal, disfunción vestibular, epilepsia, uso de sustancias estimulantes (cafeína, cocaína, anfetaminas), síndrome de abstinencia a sedantes o alcohol, trastornos cardíacos e hipoglicemia.
  • Evaluación por especialista en psiquiatría acostumbrado a ver, diagnosticar y tratar crisis de ansiedad.
  • Seguir el tratamiento indicado, normalmente algún medicamento protector de la serotonina y una psicoterapia para mejorar el autocontrol.
  • Integrarse en algún grupo de autoayuda. Se trata de asociaciones de personas con problemas de crisis de ansiedad, que, una vez curados, ayudan a otros pacientes a superar su trastorno y a vencer sus miedos.

NUNCA la consulta a una página Web puede suplir la consulta médica personal. Lo que exponemos en estas páginas es de tipo general y no puede ser aplicado, sin más, a un caso concreto. Ante cualquier patología, es imprescindible la consulta a un profesional de la medicina o de la psicología.

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