Soy muy perfeccionista, ¿Es malo?

El perfeccionismo es una característica de la personalidad que según el psicólogo Raymond Catell define a la persona, entre otros 16 factores. Concretamente, los individuos elevadamente perfeccionistas tienden a ser muy ordenados y disciplinados y aquellos que están en su polo opuesto, tienden a ser más descuidados y caóticos.

El perfeccionismo

Como cualquier otra característica de la personalidad, el perfeccionismo tiene grados y cuando nos vamos a sus extremos podemos obtener resultados positivos o negativos. Es importante tener en cuenta que por sí sola, esta tendencia al perfeccionismo no es buena o mal, sino que dependiendo de los recursos de la persona y de sus otras características de personalidad puede resultar adaptativa o desadaptativa.

Aspectos positivos o adaptativos del perfeccionismo

En cuanto a sus características positivas, el que seamos perfeccionistas nos aporta motivación y perseverancia para conseguir nuestros objetivos. Ayuda a la persona a comprometerse y a ser persistente para poder alcanzar sus logros. De esta manera, el sujeto perfeccionista bien adaptado consigue a través de esta característica de personalidad ser funcional y más eficiente. Por ejemplo, los deportistas de élite deben de ser altamente perfeccionistas para poder llegar a desarrollar todo su potencial.

Aspectos negativos o disfuncionales del perfeccionismo

Por el contrario, cuando llega a considerarse patológico, el perfeccionismo puede ser muy disfuncional y perjudicial para la persona. En ocasiones, el sujeto perfeccionista puede tender a ser poco práctico obcecándose en tareas poco importantes y posponiendo otras que sí lo son, de manera que puede llegar a perder la objetividad. Por ejemplo, en el ámbito laboral, una persona demasiado perfeccionista puede acabar siendo poco productiva, al entretenerse demasiado en aspectos de su trabajo que no requieren de tanta dedicación y así desperdiciando tiempo y energía.

Normalmente en su modalidad disfuncional, el sujeto elevadamente perfeccionista puede quedarse paralizado ante la consecución de un objetivo por miedo al fracaso o por haber ideado objetivos inalcanzables.

Normalmente, este rasgo va acompañado de una elevada autoexigencia, de tal forma que en muchas ocasiones, alcanzar un objetivo se convierte en una tarea salomónica.

Al mismo tiempo, este tipo de personas tienden a distorsionar la interpretación de la realidad, calificando los resultados en correctos o incorrectos, de una forma tan polarizada que no existen puntos intermedios (distorsiones cognitivas). Por lo tanto, para la persona perfeccionista, sólo existen dos maneras de hacer las cosas: bien o mal.

Otra consecuencia de un elevado perfeccionismo es la adicción al trabajo. Como debe realizarse todo a la perfección, se necesita mucho tiempo y esfuerzo y el sujeto es incapaz de desconectar de su actividad laboral pues debe alcanzar los elevados objetivos que se ha fijado.

Normalmente, este tipo de personas quedan, a menudo, insatisfechas, no solo en el trabajo sino en los demás ámbitos vitales como en las relaciones personales y sociales. Como deben dedicar tanto tiempo a otros aspectos, acaban sacrificando su tiempo con familia y amigos.

En consulta es corriente tratar este tipo de problemáticas, pues este tipo de personas pueden sufrir ansiedad, desorden obsesivo-compulsivo y depresión, juntamente con baja autoestima.

Si usted se considera una persona demasiado perfeccionista, que últimamente observa que este rasgo de su personalidad le está interfiriendo para obtener un equilibrio y estabilidad emocional, no dude en consultar a un psicólogo. Mejorar aspectos de la personalidad cuando uno está convencido de ello y está dispuesto a trabajar, no solamente es algo posible sino también muy reconfortante y satisfactorio.

Helena Romeu

Psicóloga Clínica