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| TRASTORNOS DE APRENDIZAJE ESCOLAR
¿QUE ES EL FRACASO
ESCOLAR?
Lo que comúnmente se llama "fracaso escolar" es perfectamente evitable. Un
detalle: No existe el "fracaso escolar del niño". El niño no tiene fracaso
escolar. El niño sufre a consecuencia del "fracaso escolar", pero ni lo crea ni
lo difunde, ni lo provoca. El niño se limita a sufrir las consecuencias del fracaso
escolar... que no es sino el fracaso de alguna acción educativa.
El niño tendrá, muy posiblemente, una dificultad para algún tema escolar. Por
ejemplo: le costará fijar la atención, o le resultará especialmente difícil el
aprendizaje del cálculo.
Si en su escuela o en su casa, se dan cuenta a tiempo de que el niño tiene
dificultades, podrán estudiar esas dificultades y poner en marcha las acciones necesarias
para superarlas: una mayor atención sobre el niño, unas clases especiales, una
adaptación de los objetivos educativos, etc.
Si nadie repara en las dificultades del niño, o si no se les da la necesaria
importancia, el niño tendrá trastornos en sus aprendizajes, que, en el peor de los
casos, se irán acumulando a cada curso que el niño haga. Muchas veces se habla de
"fracaso escolar acumulativo".
Pero no es correcto hablar de "niños con fracaso escolar". Lo único real es
que hay niños con dificultades, las cuales pueden ser muy variadas. Más adelante las
repasaremos. El fracaso escolar se produce cuando algo falla en algún punto del sistema
educativo, y el niño con dificultades no es ayudado para superarlas. En según qué
casos, la ayuda pasará por rehacer los objetivos educativos señalados para el niño.
La culpa no es del niño. El niño es el eslabón más débil de la cadena. Primero
porque es niño. Segundo porque ya hemos quedado en que es un niño que tiene
dificultades. Tercero porque el niño no es un técnico ni en pedagogía, ni en
psicología, ni es maestro, ni ninguno de los profesionales que, se supone, son quienes
trabajan para enseñarle y conducir sus aprendizajes.
El fracaso es de alguna acción educativa que no ha orientado correctamente las
dificultades del niño, ni las ha tratado con el necesario acierto.
No estamos culpando a los docentes ni a todo el sistema educativo. El fracaso
escolar exige
a) niños con dificultades y
b) acciones educativas poco acertadas.
La incompetencia o el bajo acierto pueden estar en cualquier punto del sistema
educativo. Desde quienes planifican la política educativa, hasta quienes se ocupan de
vigilar a los niños en el patio, pasando por ministros de educación, directores
generales, inspectores escolares, directores de colegio, maestros, profesores de
educación especial, psicólogos, psicopedagogos, psiquiatras infantiles, equipos
multiprofesionales, padres, y conserjes de los colegios.
Los docentes son la segunda pieza más débil del sistema. Están colocados en la
línea de fuego y, a veces, ni se les prepara ni se les ayuda a la hora de programar los
aprendizajes de sus alumnos. Es lógico que, en ocasiones, se mantengan a la defensiva
cuando se sienten atacados. Vaya nuestro mayor respeto para aquellos profesionales
sensatos y competentes que actúan de forma oportuna, y que solventan con acierto los
problemas de sus alumnos. Siéntanse aludidos solamente los incompetentes cuando citamos
erróneas organizaciones educativas.
Lo que resulta pecado mortal es cargar el mochuelo a los niños. Los niños con
dificultades son la primera pieza más débil del sistema. En su infancia tienen que
padecer por sus dificultades, en tanto que, cuando sean adultos, tendrán que apechugar
con las consecuencias de sus malos aprendizajes.
Los niños con dificultades lo pasan mal. Especialmente si, a causa de sus
dificultades, son zaheridos, humillados, castigados, reconvenidos, censurados y reñidos.
Pero los niños con dificultades existen y, además no son el problema. El problema es que
si no resolvemos sus dificultades les condenamos al fracaso.
Una dificultad no es problema si sabemos cómo darle solución. Un hombre perdido
en un inmenso laberinto, del tamaño del desierto del Sahara pongamos por caso, puede
pensar que el laberinto es un gran problema. Pero este mismo hombre, con un detallado
plano del laberinto en sus manos, podrá salir de allí con relativa facilidad; el
laberinto deja de ser un problema cuando tenemos el plano.
El problema no es el laberinto en sí; el problema aparece cuando no tenemos la
solución adecuada. Si el hombre sin plano, enloquecido, intentara abrirse paso dando
cabezazos a las sólidas paredes del laberinto, todavía tendría más problemas. Porque
los problemas aumentan tanto como queramos, si, además de no tener soluciones buenas, nos
empeñamos en aplicar las malas soluciones que se nos puedan ocurrir.
Volvamos al fracaso escolar. El problema no son los niños con dificultades. El
problema es que alguien, en algún punto del sistema educativo, no halla la manera
correcta de trabajar con dichos niños. El problema se hace inmenso cuando ese u otro
alguien, en ese u otro punto del sistema educativo, imagina y pone en práctica malas
"soluciones".
Si el niño no funciona, es que las soluciones que se están aplicando son malas y
que quienes están trabajando con él no saben por donde van. Es probable que, con la idea
de sacar al niño del laberinto, le estén lanzando de cabeza contra las paredes.
La solución buena consiste en ver qué dificultad concreta plantea un niño con
trastornos de aprendizaje. Después, detectar todos los factores que intervienen en su
dificultad. Y, sabiendo las implicaciones del caso, construir un programa de objetivos
para ese niño, y ponerlo en práctica.
La llamada "Reforma" educativa viene, sobre el papel, a resolver el problema
del "fracaso escolar". Me da la sensación de que es el primer plan de
educación realista que se ha impulsado en muchos años. Su mayor mérito: reconocer que
no puede exigirse el mismo nivel de objetivos para cada niño, e intentar la adaptación
de la enseñanza a las posiubilidades reales de cada caso.
Las dificultades más frecuentes son las siguientes:
1. EL NIÑO QUE NO SE CONCENTRA.
El niño distraído, que se distrae, que no se concentra, y que, además, es movido,
viene a ser el más frecuente "sufridor" de fracaso escolar. El trastorno que da
lugar a este problema es el trastorno por déficit de atención con hiperactividad
.
2. EL NIÑO QUE NO TIENE MOTIVACIONES
¿Cuántas veces hemos oído decir que tal o tal niño/a no está motivado para
estudiar! O que no quiere estudiar, o que no le gusta estudiar... o que podría hacer más
si quisiera, si pusiera de su parte.
Pocas veces nos han convencido. Si fuera un problema de voluntad, es casi seguro que
todos los niños funcionarían bien. ¿A qué niño no le gusta ir bien, sacar buenas
notas y obtener recompensas? No. El problema no es de voluntad, ni resolverlo está en
manos del niño.
Si el niño pudiera, haría más. Si no lo hace es porque no puede. Si está
desmotivado es a causa de algo. Los niños no nacen desmotivados ni motivados. El hecho de
que se motiven o no depende de las enseñanzas que les inculquemos.
La motivación es aquéllo que nos impulsa a hacer cosas. Las personas hacemos las
cosas para las que nos sentimos motivados. En el fondo hacemos únicamente las cosas para
las que sentimos algún tipo de motivación. Incluso cosas muy desagradables, que se hacen
"a la fuerza", se hacen por algún motivo (evitar un castigo, por ejemplo). Lo
ideal sería que las personas, en general, pudiéramos hacer únicamente aquéllas cosas
para las que tenemos un motivo agradable: obtener un beneficio, sentirnos realizados,
conseguir elogios o afecto, etcétera. Hay cosas que se hacen "por fuerza", y
hacer esas cosas no nos causa demasiadas satisfacciones. Es mucho mejor (y mucho más
eficaz) conseguir que las personas hagan las cosas por sus valores positivos, antes que
"a la fuerza", para evitar males mayores. No hay otra solución que el trabajo
individual más enfocado a proporcionarles una motivación y una actitud positiva ante el
trabajo, que a ampliar sus conocimientos, al menos en una primera fase.
¿Cómo conseguir esta motivación? En principio es algo fácil cuando se trabaja con
los niños desde el principio, pero es más elaborado cuando se trata de
"rehacer" las motivaciones de un niño o niña ya mayorcitos, y que no están
acostumbrados a recoger ninguna satisfacción por su trabajo.
3. TRASTORNOS ESPECIFICOS DE APRENDIZAJE
El aprendizaje de la lectura es el proceso escolar más trascendente en el ciclo
inicial, que cubre los dos últimos cursos preescolares, junto a 1º y 2º de EGB. Durante
muchos años el diagnóstico de "dislexia" ha sido uno de los más frecuentes en
niños con trastornos de aprendizaje. Más adelante, tal aprendizaje se seguirá con la
escritura y con los procesos de cálculo.
4. EL NIÑO DEPRIMIDO
En general, en cualquier cambio a peor hay que pensar en una depresión. Por
ejemplo: cuando un niño o niña que era pacífico se vuelve agresivo, o que era plácido
y se vuelve angustiado, o que era bueno y se vuelve malo, o que era buen estudiante y se
vuelve mal estudiante... En todos estos casos de cambios, que a veces se atribuyen a
"la edad", o "al cambio", vale la pensar en la posibilidad de una
depresión.
5. EL NIÑO QUE REPITE CURSO
Cuando el fantasma de la repetición asoma, todo el mundo se alarma. ¿Es adecuado
repetir un curso? ¿En qué casos puede ser positivo y en qué casos no lo será?
Intentaremos dar respuesta a estos interrogantes.
Las reglas básicas que proponemos para evaluar la repetición de curso son las
siguientes:
1. La finalidad de repetir un curso es conseguir, en el año de repetición, los
objetivos propios del curso que se repite. En otras palabras, como que el niño no
aprendió los contenidos básicos del curso o de alguna asignatura), volveremos otro curso
sobre ello, para ver si los alcanza.
Pero esto tiene solamente sentido si los fallos del niño afectan exclusivamente a
contenidos del curso que va a repetir. Si un niño sufre una dislexia grave, y no se
afronta este problema hasta 5º de EGB, de nada servirá repetir 5º de EGB. El fallo,
viene desde 2º de EGB. En quinto no hay ninguna asignatura mediante la cual se aprenda a
leer. Queremos decir con ello que lo pertinente es detectar los fallos concretos de cada
niño, y resolverlos, sea en el curso que sea. Hay casos en los que, por desgracia, se
habrá llegado tarde (el ejemplo expuesto es uno de ellos) y nada o casi nada va a
arreglar el entuerto. Pero, como siempre, hay maneras de empeorar el problema: la
repetición, sin mas, es una de ellas.
En niños mayorcitos con problemática amplia, por ejemplo con fallos acumulados desde
2º EGB, y cursando ahora 6º EGB, es mejor aconsejar que no repitan. Que acaben como
puedan EGB, y que se orienten después a escuelas-taller de artes y oficios... allí donde
las haya. No se gana nada haciendo repetir 6º EGB a quien tiene objetivos no asumidos
desde 2º.
2. Es pertinente repetir curso en el siguiente caso: un niño que hasta este curso
había ido bien y este curso ha ido mal. La repetición servirá para poner a punto los
contenidos de ese curso y nada más que de ese curso, pues los anteriores ya los tenía
aprendidos. De todas formas, aparte de indicar la repetición, el niño debe ser examinado
por especialistas en trastornos de aprendizaje.
3. En según que casos es mejor aconsejar la repetición en un colegio distinto del
actual. Ello es obligado si detectamos errores pedagógicos en dicho centro. Pero también
en el caso de niños o niñas que vayan a sentirse muy frustrados al no seguir el ritmo de
sus compañeros.
4. Hay que ser cuidadosos al escoger un nuevo centro. No todos tienen capacidad para
trabajar con niños que tienen alguna dificultad. Es mejor hablar claro desde el principio
y exponer claramente las dificultades del niño. Es vital efectuar un estudio
especializado del caso para conocer el estado real del niño, y de cuáles son las mejores
medidas para el futuro.
6. DIFICULTADES PERCEPTIVAS PERIFERICAS.
Todos hemos oído hablar acerca de niños que no avanzaban en el colegio porque tenían
problemas de vista. O de niños que, teniendo problemas de oído, estos no se
diagnosticaron en el momento preciso.
Ante cualquier trastorno de aprendizaje es pertinente incluir un examen visual y
auditivo entre las pruebas que se hacen. Muchos pediatras, en sus consultas, tienen los
instrumentos necesarios para hacer un examen orientativo.
En las "revisiones médicas" que se efectúan masivamente en los colegios se
pueden obtener también indicaciones orientativas. Ante la mínima duda es necesario el
examen por el médico: oculista, o bien especialista en garganta, nariz y oídos. El
examen de la agudeza visual, en niños, debe hacerse por el médico. Lo mismo cabe decir
del examen auditivo. Asegúrese de que efectúan las pruebas especiales que deben
aplicarse en niños, distintas de las que se aplican en adultos.
La corrección óptica (gafas) y la auditiva (aparatos, reeducación, etc.) deben
también ser efectuados por profesionales de solvencia.
7. EL NIÑO INSEGURO
Siempre que los padres me preguntan acerca de cuál es mi ideal de educación infantil,
les respondo que, para mi, lo más importante es educar e instruir a los hijos para que
sean autónomos, capaces de prescindir de nosotros, de resolver por sí mismos los
problemas buscando por sí mismos la ayuda si es necesaria. En suma, que se sientan
seguros, felices, contentos de vivir, capaces de tomar decisiones y de asumir
responsabilidades.
¿Cómo se logra esto? Pues es muy sencillo: asesorando al niño para que sepa cuáles
son los objetivos que debe lograr, sin ejercer un autoritarismo humillante y, sobre todo,
haciendo que no se sienta culpable y que aprenda a asumir los fracasos.
Si tenemos en casa un invitado a cenar, y, en un momento dado, el invitado vuelca una
copa de vino sobre el mantel, ¿qué le diríamos al invitado? Lo más probable es que
dijésemos: "Tranquilo, no pasa nada, son cosas que le pasan a cualquiera, no se
preocupe por favor".
Si el que vuelca la copa es un hijo, ¿Qué se le dice?
Moraleja (y es una de mis preferidas): "Tratemos a los hijos como si fueran
invitados".
8. EL NIÑO MANIPULADOR
Una de las consultas más frecuentes de los padres se produce acerca del niño
manipulador, que intenta salirse con la suya y que es capaz de montar rabietas, si
conviene, para conseguir sus finalidades. Muchas veces la manipulación tiene la finalidad
de evitar el esfuerzo que supone el trabajo escolar y, en este sentido, el trastorno
funcional de la conducta es la dificultad concreta que creará problemas de rendimiento y,
a la larga, fracaso.
¿QUIENES DETECTAN Y TRATAN TALES DIFICULTADES?
1. Los propios centros escolares son los que pueden detectar la existencia de
dificultades y orientar su resolución encaminando al niño a alguno de los servicios
(psicológicos, psicopedagógicos, psiquiátricos...) especializados en esas dificultades
de los niños.
2. Los equipos multiprofesionales de asistencia psicopedagógica dentro de los mismos
colegios, o coordinados con ellos. Por ejemplo, los EAP en las escuelas públicas, dotados
con psicólogos, maestros de educación especial, logopedas y asistentes sociales.
Deberían estar constituidos por personas con los conocimientos, las habilidades y las
motivaciones necesarias para profundizar en las dificultades de los niños y
"desmenuzarlas" en sus componentes.
También en este apartado podemos ubicar a los centros, públicos o privados, de
asistencia psiquiátrica infantil, en los que también debe coordinarse la acción de
diversos profesionales que sepan abarcar, entre todos, las múltiples facetas que puede
tener una dificultad de aprendizaje.
3. Los docentes deben efectuar la programación concreta de los niños con
dificultades, decidiendo el grado de integración en el aula normal, en el aula de
educación especial y, si conviene, en el centro de educación especial que sea más
pertinente.
4. Todos los que intervienen deben efectuar una constante evaluación del proceso,
comprobando si se consiguen o no los objetivos concretos para cada niño, y corrigiendo
los errores que se produzcan.
Cuando nos encontramos ante un niño, cualquier niño, que presenta algún trastorno de
aprendizaje, cualquier trastorno, se nos tiene que encender una luz de alarma.
A veces hay trastornos transitorios de aprendizaje, bien sea porque el niño está
pasando una mala época, o porque la están pasando sus profesores, o porque hay ambiente
tenso en casa. Pero ante un trastorno de aprendizaje de más de 1 mes de evolución, ya
debemos plantearnos la necesidad de estudiar el caso.
Recordemos nuestra definición básica:
fracaso escolar (problema a tratar) = niño con dificultades + estructuras educativas
que no permiten superar las dificultades.
En otras palabras: el problema no es la dificultad; el problema es la solución.
Se deben determinar las causas de la dificultad. Evaluar la dificultad del niño pasa
por ver a fondo los diferentes aspectos que, al alterarse, hacen que el niño no pueda
rendir en una programación normal. Hay una serie de pasos a dar por cada una de las
personas que intervienen en la acción educativa del niño. Los pasos a dar son los
siguientes:
1. El docente y/o los padres, deberían ser los primeros en darse cuenta de la
dificultad del niño. El docente debe evaluar el nivel escolar del niño, tanto en cuanto
a habilidades instrumentales (lectura, cálculo, etc.) como a desarrollo de procesos
lógicos y conocimientos propios de su nivel. Recordemos que eso es la dificultad, no el
problema.
En el caso de que tal nivel esté alterado, la dificultad del niño debe ser analizada
desde un punto de vista multiprofesional:
2. El médico pediatra debe explorar el estado físico del niño, y solicitar ayuda al
médico neurólogo o al psiquiatra infantil si detecta algún trastorno. Lo que dichos
profesionales encuentren alterado es un componente de la dificultad; no es el problema.
3. El psicólogo del colegio debe determinar el nivel de inteligencia y los factores
que lo componen. Hay que hacer pruebas amplias, en exploración individual, para ver qué
mecanismos el niño es capaz de poner en marcha y cuáles no. Los tests de inteligencia
para aplicación individual permiten evaluar el lenguaje, aspectos psicomotrices,
formación de conceptos y capacidad de concentración, así como las pautas de trabajo del
niño. Las alteraciones que aquí se detecten son dificultades; no son el problema.
4. El psicólogo debe también explorar y describir la personalidad del niño, a partir
de las entrevistas con los padres, cuestionarios de evaluación a padres y maestros,
entrevistas con el niño, pruebas de personalidad, con especial atención a las áreas
donde se detecte algún conflicto. Si lo hay, sigue sin ser el problema; es una dificultad
más.
5. El equipo pedagógico, o su responsable, debe considerar todas las dificultades que
se han hallado para cada caso, y ver de qué forma actúan, cada una de ellas y todas
entre sí. Tendremos así bien definidas todas las dificultades. Ahora es cuando empieza
la solución del problema.
¿Cuáles son los errores más frecuentes que debemos
evitar? Recordemos: el problema no es la dificultad. El problema es la solución. Si la
solución es mala, esto es el problema.
Se produce un error si el docente y/o los padres consideran que el niño no se esfuerza
lo suficiente, porque no quiere. Sin preguntarse seriamente qué le pasa al niño, le
están responsabilizando de sus malos rendimientos y le hacen sentir culpable. El niño es
reconvenido a causa de sus trastornos de aprendizaje. Se le somete a mayor presión. Se le
castiga si no trabaja. Se le compara con otros niños. Se le razona que si no trabaja es
porque no se esfuerza. En otras palabras, no se detecta la dificultad real del niño y se
pone en marcha una mala solución: presionar al niño. Esto sí que es el problema.
Se produce otro error si el médico pediatra minimiza el asunto. "Esto es
evolutivo", "Ya cambiará", "Es la edad" o "Daremos unas
vitaminas" son algunas de las frases que definen esta actitud. No digamos si el
médico pediatra se añade al carro de las inculpaciones: "Es que este niño es muy
vago, ya se sabe" o "No todos son lumbreras" son ejemplos de algunas
actuaciones que no corregirán los trastornos del niño. En otras palabras, una mala
solución: frivolizar el trastorno. Esto sí que es el problema.
El psiquiatra infantil puede contribuir a complicar el proceso si carga el acento en
unos problemas equivocados. Si, en lugar de detectar y tratar una dislexia, por ejemplo,
le organiza al niño sesiones de psicoterapia en nº de 3 por semana. Es probable que el
niño quede muy psiquiátricamente tratado, pero nada nos garantiza que vaya a mejorar su
eficacia lectora. En otras palabras: se puede montar un tratamiento psiquiátrico
erróneo. Esto sí que es el problema.
Lo mismo que si el psicólogo yerra al diagnosticar las capacidades mentales del niño,
pasando por alto un retraso de lenguaje, o un trastorno de concentración, o
diagnosticando una falsa subnormalidad. El diagnóstico psicológico erróneo es un grave
problema.
En otras palabras, el problema no es el niño con dificultades. Pero si algún elemento
del proceso educativo (sea docente, padre, médico o psicólogo) no sabe interpretar los
diferentes resultados para llegar a saber cuál es la dificultad (con lo que se confunde
el enfoque a dar en cada caso), esto sí que es el problema.
Hasta ahora no hemos hecho sino definir cuáles son las dificultades del niño. Pero
nuestro objetivo es que el niño aprenda a superarlas. Para eso estamos todos los que
giramos alrededor del niño: para hallar una solución que corrija el resultado de sus
dificultades. Porque si el niño está constituyendo un problema es que alguien, aunque
sea con la mejor de las intenciones, está aplicando malas soluciones. Si las dificultades
están bien definidas, si, en otras palabras, sabemos las causas del trastorno de
aprendizaje que presenta el niño, de una forma casi automática tendremos la buena
solución. A partir de aquí lo importante es que la planificación educativa sea lo más
correcta posible.
¿EXISTE UNA PLANIFICACION EDUCATIVA CORRECTA?
Cualquier aprendizaje escolar, para ser pertinente, debe contemplar los siguientes
factores:
1. Demandas de la sociedad. Cada sociedad concreta requerirá un sistema educativo
distinto, pues las necesidades de cada sociedad son peculiares. Por ejemplo, serviría de
poco crear escuelas de decoración o de alta gastronomía en zonas deprimidas de Etiopía.
La planificación educativa debe apuntar, en último termino, al desarrollo de la sociedad
en relación a sus recursos y problemas.
2. Definición de tareas a desempeñar. A partir de las necesidades de la sociedad
deberán definirse las tareas que deben desempeñar los sujedos discentes del proceso
educativo. En otras palabras: educamos, ¿para qué?. ¿Qué nos interesa que nuestros
estudiantes sepan hacer después del proceso educavtivo , y que antes no sabían hacer. A
partir de ahí, hay que ir fijando las tareas para cada nivel. Por ejemplo: ¿qué debe
ser capaz de hacer alguien al acabar la secundaria? ¿y al acabar la primaria? ¿y al
acabar el primer ciclo de la primaria?, etc.
3. Definición de objetivos educativos. Estas tareas que el estudiante debe ser capaz
de hacer, constituirán los objetivos educativos escalonados (preescolar, enseñanza
primaria, secundaria, bachillerato o formación profesional, carreras universitarias,
estudios post-grado etc),. La definición de objetivos debe comenzar ya en las fases
iniciales (pre-escolar).
Cualquier objetivo define aquéllo que el individuo es capaz de hacer después del
proceso educativo, y que antes no era capaz de hacer. Por ejemplo: "El individuo debe
ser capaz de resolver co- rrectamente el 100 % de raíces cuadradas que se le planteen,
independientemente del nº de cifras o de los decimales".
En cambio si decimos que "el objetivo es aprender a hacer raíces cuadradas"
nos estamos expresando mal, en forma excesivamente vaga. Un niño puede pasar toda la vida
"aprendiendo a hacer raíces cuadradas", (y, por tanto, cumpliendo el objetivo
mal formulado) sin llegar a hacer bien ninguna. Tampoco "explicar un programa"
es un objetivo. Cualquier objetivo debe definirse en relación a lo que los alumnos
(sujetos discentes) serán capaces de hacer gracias al sistema educativo. Por supuesto tal
definición (que es impecable desde el punto e vista psicopedagógico) está mal vista por
todos los malos docentes. Para éstos los objetivos son: "explicar" (para el
maestro) y "estudiar" (cuando piensan en el alumno).
La realidad es que si un docente no consigue que sus alumnos alcancen los objetivos
previos (lo que puede medirse mediante un sistema de evaluación de objetivos), es él (el
docente) el que ha fracasado. No el alumno. En este sentido es verdad el comentario jocoso
de quien oía las explicaciones de un catedrático que se jactaba de suspender al 80 % de
sus alumnos: "¡Pues que mal les debe de enseñar Usted!"
Los objetivos educativos pueden ser
a) Globales o Institucionales. Por ejemplo: objetivos globales de la EGB, o de la
carrera de medicina.
b) Específicos. Son los que definen paso a paso el proceso educativo. Por ejemplo:
el objetivo concreto para raíces cuadradas, antes citado. Los objetivos específicos
deben incluir criterios para su evaluación (en el mismo ejemplo, la precisión del 100 %
de aciertos, la independencia del nº de cifras son criterios y condiciones para la
evaluación).
c) Intermedios. Los que están entre los globales y los específicos. Por ej:
objetivos para un curso concreto de EGB.
Para que unos objetivos funcionen deben ser:
PERTINENTES: Deben correlacionar con las demandas reales de la sociedad (ejemplo de
no pertinencia: los de gastronomía en un país subdesarrollado).
CONCRETOS: Definidos en términos claros, objetivos, no sujetos a diversas
interpretaciones. Los objetivos no concretos están formulados con palabras vagas. Ej:
"Objetivo: saber una lección" (¿qué quiere decir "saber"? ¿saber
de memoria, ser capaz de repetirla textualmente, contestar 10 preguntas acerca de
contenidos básicos, responder el 60 % de preguntas en un examen de elección múltiple,
recitar sus conceptos básicos aunque no textualmente, etc.?
REALIZABLES: El estudiante debe poder hacer lo que se le pide, en forma efectiva.
Ejemplo de objetivos irrealizables:leer correctamente para niños de 2 1/2 años, habida
cuenta que la inmensa mayor parte de los niños no tienen el suficiente desarrollo
madurativo que permitirá el aprendizaje de la lectura.
OBSERVABLES: Si el logro del objetivo no pudiera observarse, no se podría
determinar si ha sido o no alcanzado.
MENSURABLES: A veces oímos decir: "Lo que yo enseño es muy abstracto, no
tiene una definición precisa, no puede medirse". Pero cualquier medida, aunque
grosera, es mejor que ninguna. Algunos docentes creen que el objetivo ha sido logrado
cuando ellos han impartido la enseñanza, y que si los alumnos suspenden es porque son
borricos. La triste realidad es que el objetivo se consigue cuando todos los alumnos han
llegado a demostrar que lo tienen superado. Si no se puede medir mal podrá nadie
demostrar nada. A continuación de la definición de objetivos, el equipo docente debe
programar las actividades que permitirán llegar a dichos objetivos, y definir los
sistemas de evaluación que servirá para determinar si el sistema es correcto para
alcanzar los objetivos o no, y en este caso, dónde están los fallos y cuáles son las
correcciones necesarias.
Un detalle: cuánto estamos diciendo se imparte como asignatura en las carreras de
Psicología, Pedagogía y Profesorado de EGB. Nos tememos que en tales carreras es una
asignatura opcional, y/o que aún tratando de programación, no está bien programada.
Otro detalle: Las escuelas se encuentran con el trabajo más complejo ya efectuado. Los
ministerios o entidades autonómicas pertinentes facilitan a todas las escuelas públicas,
y a las privadas que lo soliciten, los volúmenes donde consta la programación curso por
curso y materia por materia, tanto en cuanto a objetivos como a actividades y sistemas de
evaluación.
Hay colegios donde no se sigue una programación por objetivos, y con eso ya está todo
dicho. Los exámenes se siguen haciendo no como un modo de evaluar los objetivos del
sistema docente, sino como un "gálibo" para medir la capacidad de trabajo de
los niños (y la paciencia de los padres). El "fracaso escolar" (que debería
considerarse como el fracaso del proceso educativo) se convierte en una lacra para el
niño ("este niño tiene fracaso escolar"), y se admiten cifras del 30 % y hasta
del 80 % de fracaso escolar, según niveles y áreas geográficas. Colegios "de alto
nivel de exigencia" presumen de preparar bien a los niños y se enorgullecen al decir
que "en tal o tal centro termina el COU solamente el 5 % de los que empezaron
EGB" (esta cifra es real; conozco al menos dos colegios concretos de Barcelona que la
emplean como bandera).
Si a un pediatra se le murieran el 80 % de niños que trata, lo más probable es que
acabara en los tribunales. Pero a un docente que logra que le fracasen el 80 % de los
niños, se le compadece por haber de sufrir tantos niños con fracaso escolar.
¿QUE HAY QUE EVALUAR ANTE UN TRASTORNO DE APRENDIZAJE?
Ya hemos visto que el trastorno global de aprendizaje escolar no constituye una entidad
nosológica. Es un síntoma que aparece en el curso de varios de los cuadros clínicos que
venimos exponiendo, y otras veces sin cuadro clínico. Es un problema que requiere un
enfoque múltiple, y debe ser efectuado en servicios o centros de psiquiatría infantil,
que cuenten con psicólogos y psicopedagogos. La conducta adecuada ante la consulta por
trastorno escolar global consiste en examinar la dificultad propia de cada niño. Para
ello:
1. Evaluar el trastorno de aprendizaje en relación a los antecedentes que tengamos
acerca de la historia clínica y madurativa del niño.
2. Evaluar el estado neurológico y orientar, si procede, hacia la realización de
estudio neurofisiológico (EEG, potenciales evocados).
3. Determinar el nivel de inteligencia y los factores que lo componen. Hay que hacer
pruebas amplias, en exploración individual, para ver qué mecanismos el niño es capaz de
poner en marcha y cuáles no. Los tests de inteligencia para aplicación individual, cuyo
paradigma sería la escala de Wechsler, permiten además evaluar el lenguaje, aspectos
psicomotrices, formación de conceptos y capacidad de concentración, así como las pautas
de trabajo del niño.
4. Determinar el nivel de maduración en habilidades neuropsicológicas. Percepción
psicomotricidad, lateralidad, organización del esquema corporal, etc., deben ser
estudiadas. La elección de unas u otras dependerá del tipo de problema que presente el
niño, y de su edad.
5. Evaluar el nivel psicopedagógico del niño, tanto en cuanto a habilidades
instrumentales (lectura, cálculo, etc.) como a desarrollo de procesos lógicos y
asunción de los objetivos propios de su nivel. Esta exploración, además, nos orienta
hacia el tipo de educación escolar recibida por el niño, y nos permite detectar
problemas dispedagógicos (es decir, los creados por incorrectas programaciones
educativas). También es pertinente evaluar aquí sus hábitos de trabajo en general y las
técnicas de estudio en particular, que pueden ser de capital importancia para explicar
problemas de aprendizaje a partir de niveles donde es necesario "estudiar en
casa" (5º, 6º y 7º EGB, BUP... etc.)
Si detectamos que el niño no posee asumidos los objetivos pedagógicos que
corresponden al curso que está siguiendo (o los terminales del curso anterior), estaremos
ante un problema dispedagógico.
En otras palabras: el niño ha pasado a un curso sin
tener asumidos los objetivos del anterior, y ello le va a crear
ineludiblemente dificultades de aprendizaje, especialmente en las
materias más acumulativas (matemáticas, lenguaje). En niños que están en
esas condiciones, lo más prudente es recomendar una asistencia
individual que contemple los objetivos no asumidos de cursos anteriores.
Debería hacerse de acuerdo con los maestros de su actual colegio, para
evitar complicaciones.
6. Describir su personalidad, a partir de las entrevistas con los padres, cuestionarios
de evaluación conductal, entrevistas con el niño, pruebas de personalidad
(cuestionarios, pruebas objetivas, pruebas proyectivas), con especial atención a las
áreas donde se detecte algún conflicto.
Ninguna exploración en niños con trastornos de aprendizaje debería hacerse sin
descartar un síndrome depresivo. No va mal el empleo de escalas de evaluación para ser
cumpli- mentadas por los maestros. Nos ofrecen una visión del comportamiento y la actitud
del niño en la clase, así como de la actitud y capacidad del maestro para programar y
monitori- zar su educación.
7. Integrar todos los datos en un diagnóstico operativo, que incluya el pronóstico.
8. Dictaminar las medidas necesarias para corregir o, en su caso, minimizar las
alteraciones que han sido el motivo de consulta. Las tareas adecuadas para reducir y
superar cada problema variarán con la naturaleza de éste. En bastantes casos se producen
trastornos de aprendizaje en niños normales, aceptablemente bien escolarizados, y como
consecuencia de unos malos hábitos de estudio. Ello aparece a partir de 6º EGB, que es
cuando el niño va a enfrentarse con temas que requieren amplio trabajo en casa, debiendo
programar las tareas y las horas de estudio. En muchos colegios no se les dan a los niños
pautas a seguir o una metodología para el estudio.
| Tabla
|
| Dificultades de
aprendizaje más frecuentes |
| TRASTORNO |
SÍNTOMAS |
| Trastorno por déficit de
atención con hiperactividad |
La hiperactividad y la
falta de concentración se describen en la historia clínica. Tanto los padres como los
maestros están de acuerdo en que el niño "es muy distraído", "no se
concentra", "es muy movido", o "no para quieto".
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| Depresión infantil. |
El comienzo del trastorno
es más bien brusco, o, al menos, de instauración rápida. Aparece un trastorno de
aprendizaje en un niño que antes había ido bien en sus estudios. Se acompaña de estado
de ánimo depresivo o irritable. El niño se ve triste, inseguro, abstraído, ansioso. Le
cuesta divertirse como antes, parece haber perdido interés en las cosas que antes le
atraían. |
| Trastornos específicos de
aprendizaje |
Dislexia, discalculia,
retraso psicomotriz |
| Trastornos funcionales del
comportamiento. |
Niño con escasas normas,
inseguro, sin hábitos de trabajo, desinteresado por los estudios... |
| Trastornos
dispedagógicos. |
El niño no tiene asumidos
los objetivos educativos propios del curso que está siguiendo, o los objetivos terminales
del curso anterior. En otras palabras: le han pasado de curso sin que tenga la
preparación suficiente para ello. |
CONDUCTA A SEGUIR (TRASTORNOS DE APRENDIZAJE ESCOLAR)
1. Ante un trastorno global de aprendizaje evalúe, en primer término, la existencia o
no de los procesos más frecuentes. Ver tabla 8.1.
2. La depresión y/o el déficit de atención pueden ser tratados por el pediatra (cf.
los apartados correspondientes). Los trastornos específicos del desarrollo requieren
acciones de pedagogía terapéutica, que deberían ser factibles en la misma escuela. Los
trastornos dispedagógicos nos muestran que, de momento, algo ha ido mal en la
planificación pedagógica. Requieren una acción desarrollada en el mismo colegio:
programación individual, o bien la asistencia individual (tipo profesor particular) que
centre su atención en los objetivos no asumidos.
3. Ante cualquier caso que no cumpla los criterios señalados, o donde se requiera una
mayor profundidad, debe remitir el niño a un servicio o centro de Psiquiatría infantil,
que cuente con psicólogos, psicopedagogos expertos en procesos educativos y logopedas.
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