Los pirómanos tienen en el verano su estación preferida. ¿Qué es
ese trastorno? ¿Cómo es posible detectar a los pirómanos antes de que destruyan buena
parte de la naturaleza?
La piromanía es un trastorno del control de los impulsos. Otros
trastornos de ese tipo son las ludopatías (incapacidad para controlarse en juegos de
apuestas o loterías) y la cleptomanía (incapacidad para controlar el deseo de hurtar
cosas en tiendas). Los pirómanos son enfermos que disfrutan provocando fuegos y con la
contemplación de sus consecuencias.
Su afición enfermiza suele iniciarse en la edad juvenil, con mayor
frecuencia en varones y especialmente en aquéllos que destacan poco o nada por
habilidades socialmente atractivas. Suelen ser personas solitarias, grises, que no llaman
la atención por ninguna cualidad agradable.
Muchos de ellos expresan su atracción por el fuego participando en
programas de prevención, de forma voluntaria. Unos pocos llegan a enrolarse en cuerpos de
bomberos, pero lo más habitual es que se trate de "espontáneos" dispuestos a
echar una mano siempre que un fuego estalla en sus cercanías. Otros, son visitantes
asiduos de los museos sobre fuego y de los parques de bomberos.
Es importante señalar que no buscan móviles económicos en sus
fuegos, sino simplemente satisfacer su morboso apetito de incendios y de las situaciones
afines. El verano es una época excelsa para dichos maníacos, pues resulta fácil, por
las condiciones climáticas, extender grandes áreas de fuego a partir de pequeñas
hogueras.
No existe tratamiento concreto para este tipo de enfermedad. El mayor
problema es la falta de motivación para curarse que estos sujetos experimentan. El
encarcelamiento, o la supervisión de por vida, suele ser la única manera de prevenir la
repetición de sus actos.