Dr.Romeu y Asociadas · Blog · Ansiedad : Cómo funciona y cómo podemos vencer la ansiedad
Cómo funciona y cómo podemos vencer la ansiedad

La ansiedad es una respuesta emocional que aparece cuando sentimos miedo. Y el miedo es una emoción primaria, que aparece cuando percibimos peligro.

Claves para vencer la ansiedad

Así, cuando sentimos que aparece una amenaza a nuestra integridad, nuestro organismo se pone en un estado de alerta que le permite prepararse para huir o luchar. De esta forma podemos decir que la ansiedad tiene una función muy importante relacionada con la supervivencia. Para poder reaccionar y así protegernos, nuestro cuerpo se activa de la siguiente manera:

  1. El lóbulo frontal de la corteza cerebral por la acción del hipotálamo activa la glándula suprarrenal.
  2. La glándula suprarrenal descarga adrenalina.
  3. Las pupilas se dilatan.
  4. El tórax se ensancha.
  5. El corazón se dilata, aumenta la provisión de sangre.
  6. Se produce un aumento de la tensión arterial.
  7. Los músculos se contraen.
  8. El hígado libera glucosa, el combustible de los músculos.
  9. La piel palidece.
  10. Los bronquios se dilatan para aumentar el volumen de oxigeno.

La ansiedad es adaptativa cuando aparece ante una amenaza real y desaparece gradualmente cuando el peligro se desvanece. Sin embargo, cuando la ansiedad se mantiene en tiempo, su intensidad y frecuencia son altas, con una desproporcionada reactancia a la amenaza y provocando un gran sufrimiento y notable interferencia en la vida diaria,  ésta es desadaptativa y se convierte en patológica.

Los síntomas relativos a la ansiedad son diversos:

  1. Elevación de la tensión arterial
  2. Taquicardia. Arritmias.
  3. Sensación de ahogo. Opresión en el pecho.
  4. Ritmo respiratorio acelerado y superficial.
  5. Temblores en las extremidades
  6. Sensación de pérdida de control o del conocimiento
  7. Sudoración
  8. Náuseas
  9. Rigidez muscular
  10. Insomnio
  11. Inquietud motora
  12. Pensamientos negativos y reiterativos.

La ansiedad se puede manifestar de tres formas diferentes: a través de síntomas fisiológicos, cognitivos y conductuales, los cuales pueden influirse unos en otros, es decir, los síntomas cognitivos pueden exacerbar los síntomas fisiológicos y éstos a su vez disparar los síntomas conductuales.

Cuando una persona acude a consulta psicológica por ansiedad, ésta se siente muy asustada con una sensación de pérdida del control sobre su vida.

Es importante tranquilizarle, explicarle que padece de un problema psico-emocional, y que éste tiene solución.

La ansiedad se activa cuando el sujeto percibe un peligro. En la ansiedad patológica la persona se sitúa en un plano temporal futuro (algo que puede pasar).  En consulta explico que el futuro no es una realidad, porque lo único que es real es el presente. De esta forma, el futuro se convierte en “futurible”, algo que podría ser, pero que no es.  Por lo tanto, un futurible es un condicional, no un presente, en realidad no existe.

¿Por qué  vamos a sufrir y a preocuparnos de algo que no está pasando?  Ocupémonos del problema cuando éste exista, pero no antes! Cuando sufrimos por algo que puede pasar pero que no está pasando, estamos anticipando de forma catastrófica, dramatizamos las posibilidades, por lo que dejamos de ser realistas y nos inunda la sensación de pánico.

Para identificar la ansiedad desadaptativa siempre advierto de una trampa en la que caemos comúnmente: el “y si…”

El “y si…” es una forma terrible de anticipar problemas, de construir futuribles, que nos aterran.   Por ejemplo: Ante época de exámenes, una persona responsable que ha estado estudiando, empieza a sentirse insegura y a tener miedo al día del examen. Le cuesta concentrarse, no puede dormirse y se siente angustiada.  Probablemente, sus pensamientos le están jugando una mala pasada, le están tendiendo una trampa: “¿Y si no me sale?”, “¿y si suspendo?”, “¿y si me bloqueo?”… Entonces el miedo se hace más grande  y domina a la persona impidiéndole pensar con racionalidad. Y aquí tenemos el problema real, la ansiedad.

Así pues, en terapia aprendemos a dirigir nuestra mente, nuestros pensamientos y nuestras emociones. Identificamos las trampas del pensamiento y aprendemos a cambiarlo. El cambio también implica un entrenamiento en la autoconfianza, aprender a cultivar una actitud positiva, de respeto hacia nosotros mismos, de autoafirmación y valoración de nuestra persona. Nosotros podemos lograr lo que nos proponemos, pero para ello tenemos que saber dirigir nuestra mente, nuestros pensamientos, nuestros miedos y nuestras conductas. No podemos dejar que nos dirijan ellos, porque entonces dejamos de ser libres y  de vivir nuestra propia vida.

Vivir con serenidad y bienestar es un derecho que tenemos y que debemos de hacer realidad.

 Laia Oliva

Psicóloga – Psicoterapeuta

Nº Col: 14057.