Acto Sexual Coito

Cuando el presidente Clinton eligió mentir, al ser interrogado acerca de sus manejos con la becaria Levinsky, sostuvo la siguiente afirmación: “Nunca he tenido ninguna relación sexual con esta mujer”.

Luego se aclaró que lo que quería decir es que no había follado con ella. No interpretaba Clinton que las mamaditas de la becaria fueran “relación sexual”. Más tarde se supo que la juerga empezó el mismo día de presentarse la niña ante su jefe. Le dijo algo así como: “No llevo bragas, mire” (y se subió la falda) “estoy toda mojada por usted; ¿me deja  que se la chupe?”  Clinton, ante tan educada petición, sacó el pajarito (más bien pajarraco) a pasear. La tarea debió de parecerle bien ejecutada, porque se reprodujo con prodigalidad.

Ahora bien, “relación sexual”, ninguna.

En nuestra opinión “relación sexual” es también una felación, e incluso un beso de tornillo. No será un coito, bien es verdad, pero bueno es que empecemos a llamar las cosas por su nombre.  Clinton debió haber dicho que no había realizado lo que los anglosajones llaman el “intercourse”  cuando se refieren a la cópula sexual con un término fino. Pero “sexual relationship”, palabra ésta (relationship) que se traduce como relación, conexión, entroncamiento, filiación, incidencia, lazo, nexo, parentesco, vínculo; función, interacción, interrelación, tiene un sentido mucho más amplio que el que mentalmente le dio el mandatario.

Dijo Mónica, en su momento,  que Clinton le introducía un puro habano por la vagina, para después chuparlo con deleite. Lo podemos entender en parte.  Los buenos fumadores de puros no desdeñan mojar el extremo en un buen espirituoso (cognac, whisky especialmente un buen malta de Isley…) antes de llevárselo a la boca. El alcohol casa con el sabor del tabaco, y disuelve algunos alquitranes depositados en el cigarro. Ignoramos las propiedades del líquido vaginal, en este sentido y, como que no fumamos nos quedaremos sin saberlo.

He aquí un tema nada baladí para quienes apreciamos el lenguaje. Joder viene del latín “futuere”, que quiere decir “echar a perder”, pero también “fastidiar” y “hacer el coito sexual”.  De ahí viene también el catalán “fotre” y el francés “foutre” con idénticas connotaciones.

Follar viene del latín “follis”, que significa fuelle; en sentido figurado aplícase a los pujos y jadeos que acompañan al cansado trajín. Follar no a través de holgar (del latín “follicare”, soplar o respirar) que, aunque con similar origen se aplica más a tareas de descanso, u “holganza”.

Refocilarse. Palabra que emplea Cervantes cuando se trata de describir lo que Maritornes hacía en las camas de sus huéspedes, viene del latín “refocillare”, dar calor o recrearse en algo que nos da calor y alegría.

Sea como sea, a nuestros días ha llegado joder, como palabra más relevante. El sonido de la “J” española añade un si es no es de contundencia, menos apreciado en tierras hispanoamericanas. Allí les resulta más interesante “follar”, para ellos arcaísmo poco empleado, y que, en la península se suele creer barbarismo  catalán. En Cataluña   “follar” es la forma más corriente de referirse al lúdico menester.

Para muchas personas el acto sexual es la culminación de un ritual sexual que empieza con unos “preliminares” y que termina con algún que otro orgasmo. Los preliminares, también llamados juegos previos, o “calentamiento” suelen consistir en caricias, besos, lamidas y otras oralidades, felaciones, cunnilinguos, uso de juguetes sexuales, etc.

Fruto de las diferencias entre el hombre y la mujer, el varón suele excitarse de forma más explosiva y rápida que su oponente femenina. Mujeres hay que dicen, quejumbrosas, que sus maridos van “por la faena” y que las penetran sin preludios, que “van a lo suyo”, que “aquí te pillo aquí te mato”, que “tris, tras, fuera” y que eyaculan antes de que ellas hayan podido intuir de qué va la cosa. Luego, los maridos se dan la vuelta y se ponen a dormir.

Tales apresuramientos son una barbaridad. Los llamados preliminares debieran empezar mucho antes de plantearse siguiera el orgasmo. En la etapa de novios, las parejas acostumbran a besarse y tocarse por todas partes aún en lugares públicos, con mayor o menor disimulo, aún cuando estén plenamente vestidos. Solamente tras acceder a la intimidad se desnudan y se lanzan a la tarea que culminará (o no) en la fornicación.

Para nosotros, la relación sexual ya empieza en el momento en que, vestidos de calle los miembros de la pareja, se besan y estrujan mientras aparcan el coche (algunos, literalmente, mientras el coche es conducido), se sube por el ascensor o se buscan las llaves de la habitación. Y ya debía de haber empezado al encontrarse, con un intercambio de miradas o de roces casuales,

Dividir la relación sexual en “preliminares” y “coito” nos parece bastante artificial. ¿Tenía razón el embaucador Clinton?  ¿Acaso es menos relación sexual la que se produce en las caricias, que pueden incluir la masturbación mutua y el pene en la boca? ¿Si llegan al orgasmo mediante la masturbación, debe terminarse irremediablemente con el coito?

Lo ideal es que la gente haga lo que quiera, según como les dicten las necesidades y las ganas de cada momento concreto. Ni siquiera el orgasmo es imprescindible. Mujeres hay que, tras una fase de meseta larga y placentera, sienten que se van relajando sin haber llegado a la pretendida culminación. Y no por eso dejan de pasárselo bien. Los hombres se centran más en las relaciones genitales y en la obtención del orgasmo. Pero las mujeres pueden sentirse más interesadas en la relación táctil y la buena comunicación. O no, que hay gente para todo.

Lo único importante es que la gente se lo pase bien en el intercambio sexual, que se transmitan sensaciones agradables, placenteras, amorosas (si esto les place) y que, al terminar, sientan que el deber está cumplido y que no quedan tareas por hacer.

El acto sexual es imprescindible para quienes quieren procrear. O no tan imprescindible si atendemos a las numerosas técnicas de inseminación artificial, in vitro, etc. que se pueden emplear. En ausencia de técnicas y modernidades, es la manera más lógica.

Pero hay muchas maneras, poco lógicas, de llegar al embarazo. Muchas veces nos preguntan (especialmente los jóvenes) si frotando el pene en la vulva es posible embarazar a una chica, a mayor abundamiento, virgen. O si una penetración, después de haber eyaculado fuera de la vagina, puede ser motivo de preñez.

La respuesta es sí. Poder ser, puede ser. Los óvulos viven entre 24 y 48 horas, una vez han librado del folículo, y los espermatozoides, entre 3 y 5 días. Hablamos de tiempos máximos, pero es mejor ser precavido porque, para evitar embarazos no deseados, es mejor ir con cuidado que con alegrías.  Otra cosa: si se ha eyaculado anteriormente, puede haber espermatozoides en el pene, de manera que, una posterior introducción, los puede colocar en zonas de riesgo.

Entre 5 días antes de la ovulación y tres días después, tenemos el periodo más fértil. Pero cada mujer es distinta y cada regla es distinta, por lo que la única forma de calcular la ovulación es detectarla (mirando la temperatura basal al despertar, que sube de manera significativa en el día de la ovulación). Pero desde los cinco días anteriores ya hay riesgo de embarazo, por lo que deben hacerse mediciones varios meses sucesivos para determinar si el ciclo es regular o no. Si el ciclo no es regular, empleen otros métodos anticonceptivos, si su religión así lo permite. Si su religión no lo permite, dedíquense a la abstinencia o a la masturbación (mutua o solitaria, según oportunidades y sentido de la amistad). O practiquen esa bella (y subvalorada) forma de perversión sexual que es la castidad.

Un caso clínico de nuestro Gabinete era el de una chica de 19 años, la cual tenía novio, economista, que pertenecía a una conspicua sociedad cristiana (la niña decía que el Opus Dei) al par que al mismo club de tenis que la familia de ella (la niña hablaba del club de tenis Barcelona). El mozo, para economizar riesgos, le advirtió que las relaciones sexuales llegarían solamente al coito anal (la niña decía dar por el culito). Las dobles ventajas según el novio eran la imposibilidad del embarazo y el hecho de que la introducción trasera era menos pecado que el solaz vaginal. No debía de ser del Opus pues para esas santas gentes el pecado empieza cuando se da la mano, aparte de que tal orfebrería casuística solamente se aprende en los jesuítas.

Otra pregunta juvenil es acerca de la posibilidad de fecundar niñas si el pipiolo, impulsivo, eyacula en sus calzoncillos y, en el faje, se manchan las femeniles braguitas por su parte delantera. ¡Mira que es difícil pasar (del onanismo)  al embarazo de tales maneras, pero no imposible!  Tengo dos casos entre mis observaciones. Uno de ellos con los hijos adolescentes de dos conspicuas familias de una  capital de provincia, y culminación en boda eclesial de postín (cada una de las familias acreditaba sacerdotes entre los hermanos de los forzados contrayentes) y posterior familia numerosa. Al parecer, la chica quedaba preñada por proximidad (a los calzoncillos) y con extrema sencillez. Tras seis retoños decidieron separarse, pues (al cabo) se dieron cuenta de su escasa compatibilidad en cuanto a carácter (que no en cuanto a desenvoltura procreativa) y los mosenes familiares (algunos de grado notorio) les apoyaron en la obtención de una adecuada nulidad matrimonial eclesiástica. Los seis hijos pervivieron (no fueron declarados nulos por la Curia) pero convertidos en fruto (mas o menos) bastardo de matrimonio nulo, ilegítimo.